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Nada de verde. ¿Bosques en alerta roja?

Por Mariana Castro Azpíroz

En México el mes de julio fue declarado, por decreto presidencial desde 1959, como “Fiesta del Bosque” y el segundo jueves del mes se conmemora el “Día del Árbol”. La situación actual no nos permite salir a reforestar, pero sí hacer conciencia acerca del papel vital que tienen los árboles y los bosques en muchos aspectos de nuestras vidas y su impacto en las demás especies y en el planeta.

Maestro de los cuatro elementos

Agua: a través de sus raíces, los árboles captan y filtran agua, mejorando su calidad. La retienen y contribuyen a la humedad en los ecosistemas. En el Amazonas, más de la mitad del agua se encuentra dentro de plantas. Sin ellas, el clima sería más árido, además de que se generarían muchos más deslaves e inundaciones. Un árbol maduro intercepta más de 15,000 litros al año

Tierra: los árboles protegen al suelo de la erosión, lo enriquecen generando nutrientes para otros seres vivos que habitan en él (plantas, hongos, microorganismos) y mantienen altos sus niveles de materia orgánica.

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Fuego: mitigan el calentamiento global, ya que pueden reducir las temperaturas máximas de verano hasta 5°C. Esto se debe a que además de influir en los patrones de lluvia, modifican la manera en que se reflejan los rayos del sol sobre la tierra, ya que absorben parte importante de la luz y el calor.

Aire: no sólo producen el oxígeno que respiramos, sino que retienen contaminantes. Un árbol maduro remueve 22kg de CO2 al año. Se calcula que la destrucción de selvas tropicales causa entre el 15 y el 20% de las emisiones de gases de efecto invernadero. 

El árbol de la vida

Los árboles han sido un símbolo relacionado a la vida misma desde los inicios de la historia de la humanidad. No es coincidencia que “El árbol de la vida” sea un arquetipo que ha estado presente en culturas a través del tiempo y en todo el mundo; desde las tradiciones antiguas china, hindú, eslava, árabe y mesoamericana, hasta las artesanías que hoy en día se venden en México.

Los árboles mantienen un balance en los ecosistemas y protegen a todas las formas de vida. Desde los hongos que crecen entre sus raíces en una relación simbiótica (de intercambio y beneficio mutuo), pasando por los musgos sobre su tronco, los cientos de insectos, pequeños mamíferos y aves que se alimentan y refugian en algún hueco o entre sus ramas, e incluso otras plantas, que prosperan gracias a su sombra, un mismo árbol es crucial para la vida de sinnúmero de seres vivos.

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A nosotros, los árboles nos protegen del ruido y de los rayos UV del sol y caminar entre ellos nos ayuda a reducir la ansiedad y el estrés. Nos proporcionan productos tales como papel, madera (que no sólo sirve para hacer objetos, sino para servicios tan básicos como la construcción de viviendas y calefacción), frutos y hojas para consumo tanto humano como animal y los ingredientes para diversos medicamentos. 

Desapareciendo a un ritmo alarmante

Los bosques cubren el 31% de la superficie de la Tierra y el 70% del territorio nacional. El 58% de las especies de árboles son endémicas a un solo país y México se encuentra en el top 10 de países con mayor biodiversidad de árboles. Los bosques son fuente de empleo directa de 86 millones de personas y repercuten en las vidas de muchas más. De acuerdo a la FAO, El 90% de la población que vive en condiciones de pobreza extrema depende de los bosques. La SEMARNAT calcula que entre las regiones de bosques y selvas mexicanos habitan entre 12 y 13 millones de personas, la mayoría indígenas. Esto es importante porque, incluso a nivel mundial, las zonas administradas por indígenas incluyen algunos de los bosques mejor conservados y que albergan mayor biodiversidad.

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80% de los seres vivos terrestres viven en bosques, pero se predice que se extinguirán 28,000 especies en los próximos 25 años debido a la deforestación. Ésta ocurre a causa de incendios, cambio de uso de suelo (destinarlo par agricultura, ganadería o urbanización), tala no sostenible para obtener madera y degradación del ecosistema por cambio climático. A la fecha se conocen 60,082 especies de árboles, de las cuales 20,334 están amenazadas. ¿A qué ritmo vamos ahora? Se pierden 18.7 millones de hectáreas de bosques al año. Esto equivale a 27 estadios de futbol por minuto. 

Plantar una semilla

“El mejor momento para plantar un árbol era hace 20 años. El segundo mejor momento es ahora”, dice un proverbio chino. 

En 2011, el gobierno alemán y la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza lanzaron el Bonn Challenge, con la meta de restaurar 150 millones de hectáreas de tierra deforestada y degradada alrededor del mundo para el 2020 y 350 millones para el 2030.  Hasta ahora, el progreso ha sido insuficiente, pero de alcanzar el segundo objetivo, los beneficios incluirían protección de cuencas de agua, rendimiento aumentado de cosechas y productos forestales y la captura de hasta 1.7 gigatoneladas de dióxido de carbono al año. Recuperar los bosques contribuye a la seguridad alimentaria y del agua, el desarrollo rural y a alcanzar acuerdos internacionales para combatir el cambio climático y proteger la biodiversidad.

Por su parte, el Foro Económico Mundial lanzó en enero de este año una plataforma (1t.org) para reunir diferentes iniciativas de plantar 1 billón de árboles.

Además de la importancia ecológica, remarca que es una gran inversión para la recuperación económica en el contexto de la pandemia, sobre todo para comunidades rurales. De acuerdo a un estudio realizado por el Instituto de Investigación de Economía Política de la Universidad de Massachusetts, cada millón de dólares invertido en reforestación crea casi 40 empleos.

Pero no sólo se trata de plantar árboles. Como individuos, podemos contribuir con acciones como adoptar dietas más saludables y consumir productos locales y alimentos de temporada. Como sociedad, debemos reducir nuestro consumo de agua y generación de residuos. Las políticas públicas deben fomentar un enfoque sostenible; es urgente adoptar prácticas agroecológicas y agroforestales, sanear el suelo para devolverle su productividad y fertilidad en zonas degradadas y no modificar el uso de suelo. 

Los árboles dan vida. Ya es hora de devolverles el favor.

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Mariana Castro Azpíroz estudió biología molecular en la UAM Cuajimalpa. Ha realizado investigaciones en colaboración con el Centro de Investigaciones Biológicas y Acuícolas de Cuemanco (CIBAC, UAM-X), dedicado al cuidado y conservación de especies acuícolas endémicas. Desde 2019 se dedica a la divulgación científica y actualmente hace educación ambiental a través de redes sociales.