accion climatica AMG Aquí nos tocó vivir
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Entre nuevos diagnósticos locales y viejas creencias sobre la acción climática

La relevancia de PACMetro radica en que se trata de un diagnóstico y una amplia ruta para orientar la acción climática del AMG.

Por Estefanía Ayala

Con menos notoriedad mediática de la que podríamos estimar pertinente, el lunes 14 de diciembre se presentó el Plan de Acción Climática del Área Metropolitana de Guadalajara (PACMetro). La relevancia del documento radica en que se trata de un diagnóstico y una amplia ruta para orientar la acción climática del Área Metropolitana de Guadalajara (AMG).

El informe fue realizado bajo la colaboración de los nueve municipios que integran el AMG, el gobierno de Jalisco, C40 Cities y el Instituto Metropolitano de Planeación y Gestión del Desarrollo del Área Metropolitana de Guadalajara (IMEPLAN).

Para comprender el contexto dentro del cual se realizó este trabajo conjunto, hay que recordar que en 2018 Guadalajara suscribió al Grupo de Liderazgo Climático C40, así como al Pacto Global de Alcaldes por el Clima. La capital del estado de Jalisco se comprometió con C40, una red de ciudades del mundo que buscan potenciar las acciones para encarar la emergencia climática. En ese momento, se asumió oficialmente el compromiso de completar un Plan de Acción Climática a más tardar en el año 2020. El PACMetro es el resultado concreto que el gobierno local —representado por las nueve alcaldías del AMG y el gobierno de Jalisco— presenta antes de finalizar el año.


Como aspectos favorables de esta ardua empresa, se puede destacar que el documento fue coordinado por especialistas del Grupo C40 que dispusieron investigadores especializados en temas de medio ambiente y brindaron un diagnóstico general, presentación de los problemas, los programas, las estrategias, los proyectos y las acciones concretas a realizar en diferentes fases: planeación, desarrollo e implementación para el AMG. Por su parte, se encomendó que IMEPLAN vele por la coordinación de las intervenciones que se realizarán de modo intermunicipal de aquí al 2050

El objetivo que persigue el PACMetro consiste en hacer frente a la emergencia climática que está amenazando el bienestar de la ciudadanía jalisciense. Para ello, el instrumento establece la ruta, los criterios y los momentos en los que debería dividirse la estrategia de políticas públicas dentro del AMG. En este sentido, el documento es pionero, puesto que se trata del primer plan de acción planteado no con perspectiva municipal, sino metropolitana. La apuesta central será convertir al AMG en una metrópoli de carbono neutral para 2050. Este objetivo se alinea con el Acuerdo de París de limitar el calentamiento global a 1.5°.

Ahora bien, el PACMetro señala que la mayor parte del problema de aumento de temperaturas en la AMG está ligada a los gases de efecto invernadero (GEI) que producimos con las actividades humanas. Por lo tanto, las estrategias para mitigar el cambio climático pretenden, en gran medida, disminuir el impacto nocivo de los sectores que más GEI producen. Tras hacer un inventario y reporte de producción de GEI en el AMG, se encuentra que hay tres sectores que producen 16.1 millones de toneladas de dióxido de carbono: 1) sector energético (uso de combustibles y producción de energía eléctrica o calorífica); 2) transporte (público, privado, aéreo y vehicular); 3) disposición de residuos (fundamentalmente residuos sólidos y aguas residuales). Así, el resto del amplio documento —compuesto por un total de 836 páginas— se dedica a detallar las estrategias e intervenciones para mitigar la emisión de GEI de aquí a 2050, así como aludir a los aliados para el proceso: gobiernos en sus tres niveles, empresas y sector privado, organizaciones no gubernamentales y sociedad civil.

Un límite que, no obstante, puede vislumbrarse en el PACMetro es la visión utilitaria, mediatizadora y antropocéntrica con la que se orienta la acción de protección ambiental. Todas las iniciativas de acción tienen por cometido evitar las catástrofes naturales que hacen daño a la ciudadanía y, en cambio, promover prácticas más eficientes y con menor impacto ambiental. Haciendo una traducción de lenguaje, se disponen medidas casi empresariales para abordar la situación: buscaremos menor costo —social, económico y ambiental— para obtener más beneficios. ¿Y qué rol ocupa la naturaleza aquí? Simplemente se le trata como el centro de abastecimiento de la materia prima que los seres humanos necesitamos para vivir. Se le cuida, entonces, solamente para evitar la escasez de recursos para la producción. Nada vemos en el PACMetro que nos lleve a partir del supuesto de que la naturaleza, por sí misma, merecería cuidado, aprecio y protección

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Arne Naess, filósofo noruego del siglo XX, habría etiquetado estas políticas como parte de la ecología superficial donde la preocupación central es mitigar la contaminación y frenar el agotamiento de recursos naturales para dejar casi intacto el estilo de vida de nuestra especie. Desde las creencias de protección ambiental más superfluas, protegeremos a la Tierra sólo para poder seguir disponiendo de lo que hay en ella como si fueran objetos a nuestro servicio, en lugar de seres con valor e importancia por sí mismos

En cambio, un posicionamiento más radical y a la talla de la inminente catástrofe ambiental que estamos atravesando requeriría que documentos como el PACMetro partieran de un planteamiento de ecología profunda. Desde esta perspectiva, no pretenderíamos únicamente reducir los GEI —y seguir infringiendo un nivel más sosegado de daño ambiental—, sino transformar de raíz la cosmovisión que ha justificado la devastación de ecosistemas, la liquidación de especies animales y vegetales y la ruptura del equilibrio ecológico con el egoísta fin de cumplir con caprichos de unos cuantos miembros de la especie humana. 

El PACMetro es un punto de partida, pero como cualquier guía o conjunto de criterios, puede modificarse y es susceptible a críticas, revisiones y replanteamientos. Si la intención es auténtica, el conjunto de investigadores, académicos, gobernantes locales y miembros del sector privado deberán escuchar cuanto antes la voz de los promotores de la ecología profunda. Estos últimos se encuentran representados fundamentalmente por comunidades originarias, grupos de activistas, organizaciones no gubernamentales y ciudadanos que han reconocido que, para salvar la naturaleza, tendremos que dejar de concebirnos como administradores que pueden reducir daños y aumentar ganancias. En cambio, necesitamos comprendernos como criaturas que forman parte de una red de relaciones vitales con un delicado equilibrio que salvaguardamos porque nos parece que la naturaleza, por sí misma, es relevante y debe ser protegida a toda costa para preservar las diferentes expresiones de vida, no solo humanas, sino también no humanas. 

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Estefanía Ayala es licenciada en Filosofía, Maestra en Investigación Educativa, defensora de la naturaleza y depositaria de esperanza en el poder de la palabra y la educación. Militante en Futuro Jalisco.

Referencias

  • Arne Naess, “Los movimientos de la ecología superficial y la ecología profunda: un resumen”, en Revista Ambiente y Desarrollo, Santiago de Chile vol. 23, núm. 1, 2007, pp. 98-101.
  • Gobierno de Guadalajara, C40 Cities, IMEPLAN y Gobierno de Jalisco, Plan de Acción Climática del Área Metropolitana de Guadalajara, Coordinación de Comunicación Metropolitana, Guadalajara, diciembre 2020.

 





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