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“Es complicado”: la relación que no sabías que tenemos con los arrecifes de coral

Por Mariana Castro Azpíroz

En el mar, la vida es más sabrosa… o al menos lo era antes de que los huracanes arrasaran con mayor fuerza e intensidad que nunca. Lady Coral ya había intentado explicarnos el problema, pero vamos a desglosarlo con un poco más de detalle.

“En una anemonana… anemaneme… ¡anémona!”

Los arrecifes de coral son colonias formadas por cientos de miles de animales llamados pólipos (como las anémonas). Sus larvas nadan libremente y luego se posan en rocas sumergidas o en la plataforma continental (la parte de la playa que está bajo el mar), se adhieren y secretan carbonato de calcio. Con eso se hacen una especie de armadura, adentro de la cual se pueden esconder de depredadores o protegerse del ambiente, cual tortuga en su caparazón. A lo largo de años se construye un ecosistema entero. Los arrecifes son el hogar de una cuarta parte de toda la vida marina, incluyendo 4000 especies de peces. En algunos arrecifes puede haber ¡1000 especies por metro cuadrado!

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Lamentablemente, son bastante delicados y necesitan condiciones muy específicas para sobrevivir, como una determinada concentración de sal y mucha luz. Por eso crecen en zonas costeras, donde la luz penetra a unos 70 metros de profundidad. Además, la temperatura del agua debe estar entre 23° y 29 °C (aquí escuchamos la alarma del cambio climático), por lo que suelen formarse en zonas tropicales. Esta temperatura es importante porque tienen una relación simbiótica (de intercambio mutuo) con un tipo de alga llamada zooxantela.

El coral le da un ambiente de protección al alga y le proporciona los compuestos necesarios para hacer fotosíntesis. Cuando el alga hace fotosíntesis, genera los nutrientes que el coral necesita, produce oxígeno y ayuda al coral a remover residuos. También es la zooxantela la que le da sus colores vibrantes y hermosos. Si la temperatura aumenta, o se expone a otro tipo de estrés ambiental, el coral puede expeler a las algas.

Esto eventualmente conduce a su muerte; si se destruyen, los arrecifes toman de 10 a 20 años en recuperarse. Nosotros podemos identificar el daño porque, al perder las algas, los corales pierden también su color y se blanquean. Las repercusiones del blanqueamiento alcanzan una escala enorme, porque afectan poblaciones de muchas especies directa e indirectamente. Un estudio de cierto arrecife blanqueado mostró que el 75% de las especies de peces de la zona sufrió una disminución de población, a pesar de que sólo el 10% dependía directamente del arrecife.

Del escape del auto al fondo del mar 

El mar absorbe el 26% del CO2 que emitimos los humanos anualmente a la atmósfera. Al disolverse en el agua, forma ácido carbónico, provocando la famosa “acidificación del océano”. El problema es que para formar este ácido necesita también carbono: el mismo carbono que usaban los seres marinos en su carbonato de calcio. Entonces, los pólipos se quedan sin material para construir sus exoesqueletos y lo mismo le pasa a los moluscos con sus conchas. Las ostras, almejas, estrellas de mar, algunas algas y muchas otras especies están hechas parcialmente de ese carbonato de calcio, que al no estar disponible, causa que sus poblaciones se reduzcan.

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La acidez del mar se ha incrementado en 30% desde el inicio de la Revolución Industrial. Debido a ella, los corales primero dejan de crecer y, si aumenta aún más, se disuelven. Pero no son los únicos organismos sensibles. De hecho, este tipo de cambio se ha asociado a extinciones masivas en eras geológicas pasadas. Como las redes alimenticias son muy complejas y todo está entrelazado, si disminuyen las poblaciones de unos animales, también lo hacen las de sus depredadores… y eventualmente las consecuencias llegan a los humanos. No sólo se trata de seguridad alimenticia; está el turismo, la pesquería y la protección contra desastres naturales, ya que los arrecifes forman una barrera física que los amortigua.

Eutro- ¿qué?

Pero el problema ni siquiera termina ahí, porque además de la acidificación del océano, lo estamos contaminando con exceso de fósforo y nitrógeno proveniente de detergentes, pesticidas, aguas negras y polución atmosférica (el nitrógeno es un gas de efecto invernadero que también es absorbido por el océano). Estos elementos son nutrientes para cierto tipo de algas (y cianobacterias) y cuando hay un exceso de ellos crecen más.

Seguramente te ha tocado ver alguna fuente con agua verde estancada, que huele horrible: son florecimientos de algas. Este fenómeno lleva por nombre el trabalenguas “eutrofización” y es un grave problema, porque a la vez que consumen fósforo y nitrógeno, las algas se acaban el oxígeno del ecosistema acuático. Eso no sólo conduce a muertes masivas en poblaciones de peces, sino que las algas en sí producen toxinas y puede haber crecimiento de bacterias dañinas para la salud. Tanto especies acuáticas como seres humanos (al entrar en contacto con agua o mariscos contaminados) quedan expuestos a esta toxicidad.

México en el ojo del huracán

70% de las pesquerías de México dependen de lagunas costeras, manglares, arrecifes y pastos marinos. Las actividades productivas de nuestra zona costera representan el 8.4% del PIB nacional, así que además de los servicios ambientales y la importancia en materia ecológica y de biodiversidad, tienen relevancia económica.

Por otra parte, las lluvias, vientos y mareas ocasionadas por ciclones representan para nuestro país una pérdida anual de 13 mil millones de pesos. 30% de los ciclones que han llegado a México en los últimos 20 años han alcanzado la categoría de huracán. Las zona costera nacional abarca el 21% de la superficie continental y alberga al 44% de la población (52 millones de habitantes). Esto nos coloca dentro de los 4 países con mayor exposición a ciclones tropicales a nivel mundial. Sin embargo, los arrecifes reducen sus impactos: un motivo más para preservarlos.

Acciones pequeñas, grandes repercusiones

No solemos dimensionar hasta dónde pueden llegar las consecuencias de una acción. ¿Quién iba a relacionar el (ab)uso del auto con la intensidad de los huracanes o el tipo de detergente para trastes con crecimientos de algas tóxicas? Pero no cuesta nada revisar que el jabón que compras no contenga fósforo y nitrógeno, no desperdiciar agua o ser más consciente para reducir tu huella de carbono. Pareciera algo muy lejano a nosotros, pero perder ese bello arrecife de colores brillantes nos afecta de maneras inimaginables.

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Mariana Castro Azpíroz estudió biología molecular en la UAM Cuajimalpa. Ha realizado investigaciones en colaboración con el Centro de Investigaciones Biológicas y Acuícolas de Cuemanco (CIBAC, UAM-X); además, se ha dedicado al cuidado y conservación de especies acuícolas endémicas. Desde 2019 se dedica a la divulgación científica y actualmente hace educación ambiental a través de redes sociales.