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“El que contamina, paga”: el principio de responsabilidades compartidas pero diferenciadas

Por Aranxa Sánchez

En un mundo con alrededor de 7,800 millones de personas y con millones de años de historia, es evidente que no tenemos el mismo nivel de responsabilidad (entre pares) de lo que sucede actualmente, en cualquier sentido. El cambio climático no es la excepción.

El principio de responsabilidades compartidas pero diferenciadas (CBDR), fue formalizado en la Convención de Río de Janeiro en 1992, por la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (UNFCC). En breve, indica que la cooperación internacional es vital, pero cada país debe asumir responsabilidades con base en sus condiciones sociales y económicas, así como sus capacidades.

¿Esto qué implica?

En un nivel internacional, que países desarrollados y países en desarrollo tienen compromisos diferenciados para la mitigación del cambio climático (reducir el impacto); así pues, los países desarrollados han contribuido más a la degradación ambiental, siguiendo el principio de “el que contamina, paga”. Sin embargo, el rol de los países de ingresos medios o países en desarrollo con un aumento poblacional, causaron una discusión internacional sobre los acuerdos y la división de responsabilidades internacionales en el Protocolo de Kioto en 1997, para reducir la emisión de Gases de Efecto Invernadero (GEI).

¿Cómo lo solucionaron?

Después de la disputa sobre qué ha tenido mayores repercusiones; si las históricas emisiones de GEI por parte de los países desarrollados (debido a su modelo económico y el uso de recursos fósiles) o el súbito ascenso de las emisiones de GEI de economías emergentes. En el año 2011, en la Conferencia de Durban, los países acordaron que ya no habría una lista inflexible sino que cada país autodeterminaría su contribución para reducir las emisiones de GEI.

Finalmente, en el año 2014, en la Conferencia en Lima, se cambió el término a responsabilidades compartidas pero diferenciadas y respectivas capacidades (CBDR-RC).

¿A qué se comprometió México?

México al ser un país en desarrollo, en la firma del Protocolo de Kioto en 1988, se encontraba entre los países más vulnerables ante los impactos del cambio climático. Sin embargo, como parte de lo anteriormente mencionado, a partir de la firma del Acuerdo de París en el año 2015 es que fueron posicionadas las contribuciones nacionalmente determinadas (NDC). Actualmente, los compromisos internacionales son una reducción del 22% de las emisiones de GEI y del 51% de carbono negro para  el año 2030.

¿Cómo lograrlo?

No existe un consenso dentro de la gama de líderes en las emisiones de los causantes del cambio climático. Sin embargo, junto con los GEI, se encuentran varios factores como el consumo, el crecimiento poblacional, el crecimiento económico, la preponderancia del sector servicios y el consumo de energía. En este espacio, nos concentraremos primordialmente en el último.

Por qué el consumo de energía es un determinante de las emisiones de GEI funciona bajo una lógica muy sencilla: cualquier actividad económica (desde prender la computadora hasta moverse en transporte público) requiere el uso de recursos energéticos para llevarse a cabo; independientemente de si éstos provienen de fuentes renovables (rayos del sol, viento, movimiento del agua) o no renovables (madera, carbón, petróleo, gas natural). Para México, el aumento del consumo energético final ha coincidido con un incremento tanto del Producto Interno Bruto (PIB) como de la población total.

En este sentido, relacionando los sectores que más consumen energía con la matriz energética (combinación de fuentes de energía) es que se encuentra una oportunidad. Debemos alcanzar una economía baja en carbono. Sobre este tema escribiré la próxima semana en este espacio.

En conclusión, construir una sociedad diferente, sustentable, dependerá de las preguntas que nos hagamos hoy y las respuestas que elaboremos en el futuro. Esto hará posible que cumplamos con los compromisos internacionales; sobre todo, que hagamos nuestra parte como población mexicana en un mundo globalizado.

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Aranxa Sánchez es economista por la UNAM.

Twitter: @AranxaSanz