Por Esteban Illades

Al momento de escribir estas líneas una cosa acaba de suceder y otra está por ocurrir. La que ya sucedió es el discurso que dio Greta Thunberg ante la Organización de las Naciones Unidas para denunciar que las generaciones previas a la suya le han robado el futuro. La contaminación desmedida y la búsqueda desenfrenada del crecimiento económico han hecho añicos a la Tierra.

A las generaciones futuras, si bien les va, les tocará un planeta dañado en el que especies enteras desaparecerán, con ciudades enteras que deberán ser abandonadas a causa del deshielo masivo que se prevé en los múltiples modelos climáticos. En el peor de los casos, ni habrá planeta que cuidar, pues los humanos mismos nos habremos extinguido junto con el resto de las especies. Todo por nuestra propia y única culpa.

En México vamos por el carril contrario, como en gran parte del mundo.

En días recientes, varios especialistas han concluido que no cumpliremos con las metas a las que nos comprometimos en el Acuerdo de Paris hace unos añosAquí desde hace tiempo hemos ignorado nuestro impacto en el medio ambiente, y desde el gobierno se han empujado políticas que atentan contra su estabilidad, incluso a corto y mediano plazo. 

Contrario a lo que uno esperaría, en este sexenio se ha regresado aún más a la idea de que la salud del país, y por lo tanto del planeta, existe en un segundo plano frente a la economía nacional. Sólo así, y hasta cierto punto, se explica por qué hay tanta obstinación en construir una refinería cuyo daño será mucho mayor que su beneficio. Sólo así se explica la creación de un tren que atravesará una reserva de la biosfera, cuyo daño a un frágil ecosistema es incalculable. Y sólo así se explica la drástica reducción de fondos destinados al medio ambiente en el próximo presupuesto, mientras que a la producción petrolera se le avienta dinero como si los combustibles fósiles fueran el futuro, cuando en realidad son el pasado.

Y ahora, funcionario de Pemex vinculado con el caso Odebrecht 'trabaja' en la refinería Dos Bocas

Foto: Reuters.

Hablábamos al principio de algo que está por ocurrir. Pues bien, en estas horas el senado discute –es un decir– la aprobación de las leyes secundarias en materia educativa, que pasarán sin problema alguno.

Estas leyes, parte del paquete de “contrarreforma” propuesto por el gobierno actual, buscan regresar el control de la educación a los sindicatos y no al Estado. Mucho se escuchará en estos días que eso no es cierto y que la reforma anterior –muy lejana de la perfección, sin duda– sólo castigaba a los profesores de educación básica. Quien haya leído las leyes previas, y haya echado un ojo a lo aprobado en la Cámara de Diputados al vapor en estos días, verá cómo el nuevo modelo es un regreso al viejo. Más allá de las consignas, queda claro que lo que interesa es el beneficio de pocos por sobre el beneficio de las juventudes mexicanas.

Al igual que con temas ambientales, se piensa que las cosas no deben cambiar, que la civilización no evoluciona y que lo que en algún momento se imaginó como bueno sigue siendo útil o alguna vez lo fue (cosa que ni cierta es).

La pregunta que debemos hacer es: ¿útil para quién?

Porque el auge petrolero, en su momento, se nos dijo que iba a ser para que México prosperara como país; para que se emparejara con el resto del mundo avanzado. Se nos prometió una Wakanda que nunca llegó. Los cientos de millones de pesos que se obtuvieron en ese entonces fueron malgastados a más no poder.

Y esa bonanza nunca volverá. Ahora se promete algo similar, pero los números no dan. México no tiene las reservas que tenía antes y el petróleo se relega cada vez más frente a otras tecnologías que poco a poco lo vuelven cada vez más obsoleto. Por ahí no es el camino. Lo dicen los especialistas, lo dicen los países que ya hacen la transición a otras energías. Pero no escuchamos.

Y es que los datos no parecen importar, sólo las ilusiones que no se basan en la realidad, sino son puros castillos en el aire.

Así luce Wakanda, ficticio país africano de Black Panther.

Lo mismo se piensa de la nueva reforma educativa, que para los niños no sólo es inútil sino hasta dañina. Si los sindicatos controlan quiénes dan clases y deciden quiénes son los aptos para hacerlo, lo harán pensando en todo menos en la educación primaria. Así ha sido históricamente y no hay motivo para creer que eso cambiará

A riesgo de sonar como Helena Alegría, nadie está pensando en los niños. Los maestros están pensando en sus derechos laborales, como debe pensar un sindicato. Y el gobierno está pensando en tenerlo contento porque así le conviene.

Pero si se privilegia al sindicato en lugar de a los menores, las consecuencias son irreversibles: aula es destino, y en una sociedad global cada vez nos rezagaremos más.

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Greta Thunberg // Foto: Instagram

Así las cosas, le estamos dejando un futuro sumamente negro a las siguientes generaciones. Con toda razón Greta Thunberg regañó al mundo entero ayer: no hemos sabido cuidar ni el planeta ni el futuro. Y lo que heredamos parece ser con actitud de qué más da si ya estaremos muertos cuando colapse todo; mejor, hagámonos ricos rápido porque en la tumba todos estamos en igualdad de condiciones.

El problema, claro está, es que nos estamos llevando entre las patas a las generaciones futuras, que ninguna culpa tienen de que hayamos destruido el mundo porque se nos hizo fácil y conveniente. Les estamos dejando un mundo inservible y no les estamos dando herramientas para siquiera intentar arreglarlo.

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Esteban Illades

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