#Geekonomía: Desigualdad en México y voluntarismo de derecha

Por Diego Castañeda

En tiempos recientes, en redes sociales y en parte de la comentocracia mexicana, se ha venido desarrollando una discusión un tanto extraña, una discusión sobre desigualdad, pobreza y esfuerzo; entendiendo por esfuerzo a “las ganas que las personas le echan para lograr cierto objetivo” lo que algunos llaman “echaganismo”. ¿De qué trata esta discusión? Un sector de la comentocracia a la derecha en el espectro político cuestiona el trabajo de investigadores y académicos mexicanos y de otras partes del mundo respecto a las barreras que existen para la movilidad social en el país. ¿Su crítica? Que es propaganda. 

En la realidad. lejos de ser propaganda lo que las investigaciones hacen es mostrar la realidad de la enorme desigualdad del país.

México es uno de los países más desiguales del mundo, donde origen para la mayoría de las personas es destino.

¿Qué quiere decir esto en términos de esfuerzo? Que debido a la siempre presente desigualdad de oportunidades (acceso a educación, salud, discriminación por origen étnico, lugar de nacimiento, género, etcétera). la misma cantidad de esfuerzo no produce los mismos resultados. Para alcanzar la misma posición en la distribución del ingreso o el mismo nivel educativo que una persona que nace en el privilegio, una persona dentro de la mayoría de habitantes del país necesita hacer muchas veces más esfuerzo y aún así gran parte de sus resultados escapan su control. La mayoría de sus opciones de desarrollo y del éxito con el que podrá explotar sus capacidades ya fue determinado por condiciones estructurales de la sociedad donde le tocó nacer.

poverty

Foto: Shutterstock

 Es una situación terrible. La mayoría de personas tienen poca agencia sobre como mejorar sus condiciones de vida. Es por esto lamentable que se busque negar esta realidad bajo la falsa premisa del “esfuerzo” como condición suficiente para ascender en la escalera social. Este tipo de posiciones caen en lo que yo llamo “voluntarismo de derecha”, como si la mera voluntad individual pudiera cambiar las estructuras de la sociedad y por lo tanto no fuera necesaria la intervención del Estado en igualar oportunidades; como si las políticas públicas que buscan producir una sociedad más igualitaria no tuvieran un lugar preponderante en determinar si las capacidades potenciales de las personas pueden o no realizarse. 

En estas discusiones con frecuencias aparecen como ejemplos el valor del individualismo y el esfuerzo a los parangones de la igualdad entre los países, los países nórdicos, bajo la falsa premisa que lo que los hace ser tan igualitarios es su individualismo y su “cultura del esfuerzo”. Este tipo de argumentos constituyen un total mal entendimiento de estas sociedades. Cualquiera que conozca un poco sobre el modelo nórdico sabe que sí son sociedades muy individualistas; sin embargo, uno que parte de un sentido muy fuerte de comunidad. Las sociedades nórdicas parten del principio de que para que cada uno de ellos pueda ser libre e individualista necesita una sociedad que funcione para todos.

Donde todos puedan prosperar.

Entienden que el bienestar individual está en gran medida determinado por el bienestar de todos los miembros de la sociedad.

Por esta razón, son sociedades en las que el Estado tiene un rol central, donde se pagan muchos impuestos para que todos tengan acceso gratuito a educación de calidad desde kinder hasta el posgrado, donde se busca de forma permanente acabar con desigualdades estructurales. Es entonces en una sociedad de igualdad de oportunidades donde ese individualismo puede desarrollarse y donde las personas son realmente libres

Economías escandinavas

Estocolmo, Suecia
Foto: Getty Images

Para la derecha voluntarista en México este tipo de ideas parecen demasiado radicales: una sociedad donde todos tengan acceso a lo que necesitan para poder ser tan libres que, sin importar qué hagan, una vida digna está siempre al alcance. La igualdad de oportunidades en efecto es una idea verdaderamente radical. Significa limitar el rol que la suerte tiene en determinar la calidad de nuestra vida de manera que realmente sean sólo nuestras decisiones las que la determinen

Justo porque los que estudiamos desigualdad en sus distintas formas y contextos deseamos ver un día una sociedad de este tipo es que la comunidad de investigadores es muy vocal en lo brutalmente dispareja que la cancha es para la mayoría de las personas de este país. Creemos que hacen falta políticas públicas para construir ese tipo de sociedad y creemos que un gobierno que en principio es cercano a las causas sociales debería tomar esta agenda.

Foto: Pop News RD

Las enormes desigualdades en el país nos deben obligar a tomar en serio este problema; uno de los más importantes de nuestro tiempo. Debemos discutir de forma seria cómo construir un país más igualitario donde los que ganen no sean siempre los mismos y donde el echaganismo quiera evitar la movilidad social porque son los que se benefician de su inexistencia.

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Diego Castañeda es economista por la University of London.

Twitter: @diegocastaneda