Ian Curtis, a 35 años del comienzo de la leyenda

Han pasado 35 años desde que Ian Curtis, un atormentado cantante que le diera voz a sus pensamientos más oscuros y profundos con Joy Division, decidiera poner fin a su existencia, convirtiéndose así en una figura inmortal en el Olimpo de los Dioses del Rock.

La influencia de la música de la banda y las letras de Curtis se sigue sintiendo hasta nuestros días. Tan sólo hace un par de días durante el concierto de Steven Wilson en México, las proyecciones que traía este británico tenían como protagonista a una chica que lucía playeras de Joy Division. Interpol, Editors, Radiohead, Franz Ferdinand, White Lies, Arcade Fire, The Smashing Pumpkins, Nine Inch Nails, decenas de bandas han sentido el poder del legado que Curtis cortó de tajo un día como hoy con sólo 23 años de edad.

Peter Hook el bajista de Joy Division, es criticado severamente por los fans, pues consideran que se aprovecha “del árbol caído” tocando álbumes completos de la banda en sus más recientes giras para hacerse rico a sus costillas. Otros consideran que al menos Hook se está encargando de mantener vivo el legado del grupo (ya que Stephen Morris y Bernard Sumner no quieren participar en nada con Peter) y dándole la oportunidad a las nuevas generaciones de escuchar su música en concierto, validándose por ser un miembro de la banda original. Peter dice vivir con el remordimiento de no haber tenido la experiencia o la sabiduría para poder lidiar con las situaciones por las que estaba pasando su compañero.

El último recuerdo que Hook tiene de haber estado con Ian fue haber estado ensayando un viernes y llevarlo a su casa en auto. Ambos iban muy contentos y emocionados de que pronto estarían en Estados Unidos para lo que sería la primera gira americana de Joy Division. Golpeaban el tablero y gritaban. Al día siguiente la esposa de Ian, Deborah, lo encontró colgado en la cocina.

Su vida, teniendo que luchar contra la depresión y los ataques epilépticos, despierta cierto atractivo por esta noción romántica del cantante atormentado, poético que siempre está tentando o quiere rozarse con la muerte, de la misma forma que sucede con Jim Morrison o Kurt Cobain, a quienes se ve como “genios malditos” del Rock.

Sólo dos álbumes fueron suficientes para convertir a Curtis en leyenda y hacerlo objeto de incontables documentales, películas, libros y bandas tributo. Sin saberlo, su muerte fue el catalizador de New Order, la banda que formaran los miembros restantes de Joy Division, cuyo sonido electrónico sentaría las bases del Acid House a mediados de los 80, mismo que sería un pilar fundamental de la escena del Madchester de los 90, en donde emergerían los Stone Roses y el britpop con Oasis y Blur.

No podemos imaginar lo que habría sido de Ian Curtis si viviera hasta nuestros días. Su esposa Deborah considera que seguramente se habría fastidiado de los conciertos y las giras, se habría retirado y habría escrito al menos un gran libro de poesía. No lo sabremos jamás. Lo único que nos queda es seguir admirando y escudriñando la escasa pero enriquecedora obra que Curtis dejó para la posteridad.

(Por si se lo perdieron lean la reseña del último concierto de Joy Division)