Por Diego Castañeda

Hace unos días tuvimos la noticia de la aprobación de la nueva reforma laboral en México. Es una noticia muy buena, pero además es una que tiene implicaciones de enorme importancia para el país, sobre todo cuando pensamos en sus efectos sobre desigualdad, productividad laboral y la democratización de la vida sindical. Además es una reforma de importancia histórica porque nos remonta al único periodo en los últimos cien años en el que hemos observado una disminución continua de la desigualdad en el país.

Iniciemos por esto último, tras la Revolución Mexicana y la promulgación de la Constitución de 1917 los trabajadores en México tuvieron una inusitada capacidad para organizarse y luchar para obtener concesiones por parte de sus patrones. La constitución del diecisiete trajo conquistas importantes como la disminución de la jornada laboral a 8 horas, el derecho al descanso, la introducción del salario mínimo y el derecho a huelga, por mencionar los más importantes. Usando estas conquistas entre la década de 1920 y 1940 ocurrieron cientos y cientos de huelgas donde participaron cientos de miles de trabajadores y en un porcentaje importante, casi siempre arriba del 50 por ciento de las veces, lograron obtener ganancias (Esto se puede revisar en el Anuario Estadístico de México de 1946). Estas ganancias lograron disminuir la desigualdad de ingresos en México al darle un lugar en la mesa de negociación a los trabajadores.

Conforme el movimiento obrero perdió poder y los sindicatos fueron cooptados por empresas o intereses políticos esta capacidad fue disminuyendo, los salarios se fueron estancando y la desigualdad repuntó.

Regresando al presente, la nueva reforma laboral da un paso importante en producir una nueva época “dorada” para los trabajadores. La reforma tiene el objetivo de permitir que los trabajadores puedan elegir de forma democrática a sus líderes sindicales, para que éstos representen sus intereses y no los de terceros. Potencialmente, los efectos de esta reforma deberán reflejarse en mayor capacidad de negociación de los sindicatos conforme los llamados “sindicatos blancos” o aquellos dominados por los intereses empresariales dejan de existir.

Mayores derechos laborales, la capacidad para presionar para tener mejores sueldos y prestaciones debe tener un efecto que comprima la distribución del ingreso en México, al menos para la parte formal de los trabajadores. Mayores sueldos que deberían esperarse con el paso de tiempo, también de forma potencial, pueden reflejarse en mayor productividad, en un mercado interno un tanto más dinámico y con ello contribuir un poco vía consumo al crecimiento del país.

Aunque la reforma sea un pequeño paso en la procuración de derechos laborales en México, es un paso en la dirección correcta y un paso que no debería tardar mucho tiempo en verse reflejado en mayores conquistas. Con este tipo de acciones, así como con cambios como la recuperación del salario mínimo y esperemos en un futuro una mejora radical en la calidad y acceso a servicios de salud y seguridad social, el país podría estar por experimentar uno de sus mejores periodos para su fuerza laboral, particularmente la que labora en grandes industrias y grandes empresas, que tiene mayor capacidad de organización.

Esta agenda de derechos laborales es una deuda histórica que el país tiene con los trabajadores del país, el paso más importante que sigue es que estas ganancias se puedan expandir a la mayor cantidad de trabajadores, que los sindicatos sean capaces de  organizarse para representar a todos los trabajadores y no sólo a sus agremiados.

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Diego Castañeda es economista por la University of London.

Twitter: @diegocastaneda