¿Se han dado cuenta de lo fastidiosos que resultan los malditos intercambios navideños?

Desde las clásicas historias de regalar algo “super cabrón” para que el destino nos haya hecho “tocarle” a la persona más coda, o con el peor gusto del mundo; pasando por los famosos “intercambios” en los que cada quien pone sus opciones de “lo que le gustaria recibir? ¿?

Por ejemplo, este año “me ensartaron” en tres intercambios, y digo que “me ensartaron” porque ni me preguntaron si le queria entrar —simplemente me dijeron: “Saca tu papelito”— uno es de libros; donde me toco regalarle a una chava que unicamente he visto dos veces en mi vida !y ni siquiera platiqué con ella!

El otro es de discos, y uno más es de esos “abiertos” con “limite” de $350, donde me toco regalarle a una de esas morras prepotentes del changarro; ya saben, de las que gritan hace berrinches, etc.

Así que…¿porqué debemos de dar regalos a quien no queremos? Haciendo un ligero cálculo, ¡se me van ir como “1000 varos” en puro intercambio!

En fin, espero que los “dioses del intercambio” recompensen mi paciencia y me toquen cosas macizas. ¡Un par de boletos pa’ ver a Coldplay no estarian nada mal!

Para el intercambio de libros, de una vez pido el de U2 o el de Diego Rivera que recientemente edito Taschen.

¿Ustedes, como van? ¿No odian los intercambios de oficinas? ¿Qué es lo más pinche que les ha tocado? ¿Han regalado algo pinche a proposito? ¡Puede ser buena manera de manifestar nuestra poca simpatia…¡Ja!