A inicios del siglo XXI, a pesar de los primeros pero notables cambios en el consumo de música entre la población con acceso a internet, la industria musical se aferraba a su modelo del siglo pasado, respaldando al disco compacto como lo opción más viable y rentable en el mercado. Cierto, la gran mayoría del público consumidor aun no estaba al tanto de la existencia de plataformas de P2P como Napster, pero era evidente que el número de usuarios que compartía y descargaba gratis sus archivos de MP3 iba a la alza.

¿Para qué pagar de 10 a 15 dólares por un CD cuando lo podías descargar de la red y quemar las canciones que gustes en cuestión de HORAS?

Detrás de su gesto arrogante y despreocupado, las grandes disqueras empezaban a mostrar las primeras señales de desesperación, incapaces de controlar las tendencias a su favor ante la velocidad de los nuevos jugadores, como Napster y Kazaa. Aunque los viejos dinosaurios empezaron a interponer demandas legales a diestra y siniestra, era obvio que necesitaban un salvador, alguien que los rescatara de su predicamento con un producto que obtuviera la misma aceptación global como el Walkman de Sony lo tuvo en su momento.

Entra en la escena Steve Jobs y su diminuto pero elegante dispositivo móvil.

Fue en una semana como esta, pero hace 14 años, cuando Apple lanzó a la venta el iPod, un reproductor de archivos digitales que en realidad no era muy diferente a otros reproductores de MP3; sin embargo, Jobs tenía un as bajo la manga. Lo que Apple supo hacer mejor que nadie se vio reflejado en su estrategia de marketing. La Gran Manzana conocía a su demográfico mejor que ellos mismos, y claro, aprovechó las herramientas que ya tenía a su disposición para resaltar las características exclusivas del iPod.

La revolución del iPod no se dio de la noche a la mañana, pero en cuestión de unos años, apoyada por la plataforma de iTunes, la marca había logrado posicionarse con éxito en el imaginario colectivo de una generación de jóvenes, cuyo entusiasmo al poco tiempo contagió al resto de la población. Apple arrasó con su competencia digital, las ventas de discos compactos no volvieron a reportar un crecimiento a partir de la década anterior, y nuestra manera de consumir música cambió para siempre. Las disqueras pronto descubrieron que Steve Jobs no había llegado para salvar su industria, sino para cambiarla a su manera.

14 años después de aquel lanzamiento que dejó huella, la mayoría de la gente ya no compra iPods, ahora que todas sus modalidades vienen integradas en cualquier smartphone. Su impulsor falleció hace cuatro años, y así como el iTunes introdujo un modelo innovador en su momento, las descargas digitales han cedido su terreno a las plataformas de streaming, el siguiente paso en la evolución de la era digital.

El iPod fue uno de los jugadores clave que plantaron la semilla cultural que hoy dicta a la sociedad las reglas en el consumo de entretenimiento, no solo en música, también películas, series de televisión, y hasta libros. Más que otro capítulo entre las innovaciones tecnológicas del milenio, su influencia todavía se mide tanto en el diseño como en la interfaz de los dispositivos y las plataformas del presente.

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