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No todo es ‘perfecto’: Japón en los tiempos del coronavirus

Por: Édgar Santiago Peláez Mazariegos

Durante las últimas semanas, en redes sociales se han visto comentarios y artículos comentando el buen trabajo que Japón ha hecho al contener la epidemia del coronavirus. La mayoría de los artículos o comentarios explican que esto se debe a que los japoneses tienen una “cultura de obediencia ancestral”, “son muy limpios”, y “están acostumbrados a usar cubrebocas”. Aunque es cierto que, en Japón, y en otros países asiáticos como China o Corea, usan los cubrebocas de forma mucho más frecuente, las razones no son siempre “una conciencia por el prójimo o la sociedad”, muchas veces simplemente lo usan para cubrir acné, para evitar maquillarse o rasurarse, o inclusive como un accesorio de moda. La realidad es que esas explicaciones son bastante simplistas, es como decir que todos los mexicanos nos vestimos o hablamos como Speedy González o nos quedamos dormidos debajo de un cactus con nuestro sarape y sombrero.

Japón, como todos los países del mundo, está luchando contra la nueva enfermedad y ha sido un camino difícil. Actualmente tiene 6,748 casos confirmados (13 de abril de 2020) y al menos en Tokio, diario se rompen récords en el número de personas infectadas.

Japón y la crisis del COVID-19

Japón fue uno de los primeros países afectados por el coronavirus. Desde principios de año los primeros casos empezaron a aparecer. No es ninguna sorpresa, no solo por la corta distancia que tiene con China, sino porque al menos un tercio de los visitantes extranjeros que recibe Japón provienen de China (en 2019 se recibieron 9.6 millones de visitantes chinos que gastaron al menos 1.8 billones JPY). Los vínculos económicos, sociales y culturales que existen entre ambos países son tan grandes que era imposible que la enfermedad no llegara a la tierra del ramen y el sushi. Sin embargo, por un largo tiempo las cifras oficiales se mantenían bastante bajas (1009 casos confirmados en marzo 20).

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Al momento en el que se cancelaron los Juegos Olímpicos, los números de contagiados han aumentado y el gobierno ha impuesto medidas más estrictas, por lo que mucha gente duda de que las cifras reportadas hasta ese momento sean reales (así como en México, existe la duda de que varios casos hayan sido clasificados como neumonía o alguna otra enfermedad similar).

Una reacción lenta

Mucha gente ha criticado al gobierno japonés porque, a pesar de las advertencias y la inminente llegada de la nueva enfermedad al país, su reacción fue muy lenta. Por ejemplo, dos personas que se encontraban en el grupo al que el gobierno japonés ayudó a regresar de Wuhan se rehusaron a hacerse los exámenes para detectar el coronavirus y se les permitió irse a su casa. Obviamente, esto provocó un gran enojo entre los japoneses, especialmente después de que se descubrieron al menos tres casos de personas contagiadas entre ellos.

El término “kensa kyohi” (rechazo a la inspección) fue Trending Topic en Twitter, en el que muchos usuarios los llamaban irresponsables.

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El primer ministro, Shinzo Abe, tuvo que dirigirse al público para calmar los ánimos, explicando que por respeto a sus derechos humanos, no hay una forma legal en que le gobierno pudiera obligarlos a hacerse el chequeo médico.

Japón enfrentó un segundo reto con la llegada del crucero Diamond Princess a la Bahía de Yokohama el 3 de febrero. Con 3 mil 700 pasajeros a los cuales no se les permitió desembarcar, el Diamond Princess se convirtió en un centro de cultivo para la enfermedad. En febrero 19 el profesor Kentaro Iwata de la Universidad de Kobe, Médico especialista en enfermedades infecciosas, publicó dos videos (uno en inglés y otro en japonés) en los que denunciaba que la situación en el barco “era un total caos”.

El Dr. Iwata, quien ha viajado alrededor del mundo ayudando en control de enfermedades como el ébola, cólera o SARS, en el Diamond Princess fue la primera vez que sintió miedo a un contagio en su vida ya que no se estaban siguiendo ninguno de los protocolos internacionales de seguridad. En su testimonio (que lamentablemente borró de su canal de YouTube tras publicar una disculpa en Twitter), el Dr. Iwata declaró que “los burócratas estaban a cargo” y no había ningún médico o especialista entre el grupo que tomaba las decisiones. Para finales del mes, al menos había 691 casos de COVID-19 confirmados abordo, y varios de los pasajeros ya se habían ido a sus casas.

Compras de Pánico

Obviamente, al no haber una acción concreta por parte del gobierno, el miedo empezó a apoderarse de la población civil e iniciaron las compras de pánico. Desde inicios de febrero a la fecha ha habido escasez de cubre bocas y otros productos sanitarios como alcohol y gel antibacterial. Hasta principios de marzo que el gobierno intervino para distribuir en Hokkaido, una de las zonas consideradas de alto riesgo, y también prohibió la reventa de cubrebocas con una multa de hasta 3 millones JPY (27,300 USD). Aunque esta medida era necesaria, las autoridades se tomaron casi en mes en implementarla, lo que no evitó que la gente lucrara revendiendo estos productos de primera necesidad, incluyendo a un político de Shizuoka que pidió disculpas por haber obtenido ganancias de 8.8 millones JPY por vender cubre bocas a precios elevados (aunque no hay notas de que haya recibido alguna multa).

Un rumor en redes sociales que decía que, debido a la falta de materia prima importada de China, habría escasez de papel de baño disparó nuevamente las compras de pánico y las reventas a altos precios.

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Esta no es la primera vez que este fenómeno pasa en Japón, ya que durante la crisis petrolera de 1973 un rumor similar publicado en algunos medios, combinados con una inflación constante, hizo que las personas acumularan papel de baño. En un país que ha pasado por el trauma del racionamiento de los productos básicos (durante la Segunda Guerra Mundial y el periodo de reconstrucción), el temor a pagar mayores precios y falsos rumores, no es de extrañarse que esto pasara.

Para calmar a los compradores, los productores de papel higiénico hicieron anuncios denunciando la falsedad del rumor y publicando fotos de sus almacenes mostrando que había suficiente inventario y suministros. No obstante, no fue sino hasta tres semanas después, que poco a poco la gente ha reportó en redes sociales que nuevamente encuentran papel de baño en los supermercados y otros centros de distribución. Otros bienes afectados por las compras de pánico fueron las toallas sanitarias y pañuelos desechables.

¿Medidas adecuadas para enfrentar la epidemia?

Japón actualmente no ha declarado una cuarentena total como otros países. De hecho, muchos han calificado como “tibias” sus respuestas ante la epidemia, que incluyen el cancelar clases y hacer un llamado a cerrar lugares y eventos donde se aglomeren grandes cantidades de personas (museos, conciertos, eventos deportivos, etc.).

Una realidad innegable es que, debido a antes mencionada cercanía del país con China, aunque de forma lenta y mesurada, Japón empezó a tomar medidas para contener la epidemia mucho antes que los países occidentales. Sin embargo, algunas de estas medidas (como el cancelar clases prácticamente de un día a otro, sin dar muchas opciones de maniobra a los padres trabajadores) fueron tomadas de forma abrupta, lo que generó críticas. Por otra parte, algunos aspectos del distanciamiento social como evitar saludar de mano, dar abrazo o besos ha sido muy fácil de implementar ya que culturalmente en Japón la gente no está muy acostumbrada a socializar de esta forma. Las primeras dos semanas de marzo había menos gente en trenes, ya que muchos estudiantes dejaron de ir a clases y en algunas oficinas se aplicó el trabajar desde casa (es importante remarcar que no fue en todas las empresas y que muchas no tienen la infraestructura para poder aplicar esta forma de trabajo), pero no se impuso una cuarentena obligada.

De hecho, muchas empresas optaron por cambiar los horarios para evitar que sus empleados utilizaran el transporte público en horas pico… aunque no por eso dieron la opción de no ir a sus lugares de trabajo.

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Aunque se aplicó de forma parcial, no podemos decir de forma tajante que los japoneses obedecieron todas las reglas de distanciamiento social. Por ejemplo, a pesar de que se canceló la participación a 38 mil corredores al Maratón de Tokio, se estima que hubo 70 mil espectadores que decidieron atender al evento a pesar de que los organizadores les pidieron en repetidas ocasiones que no lo hicieran.

La cancelación de eventos masivos no fue obligatoria sino simplemente una sugerencia, por ejemplo, se acerca la temporada de la flor de sakura y algunos parques han invitado al público a evitar hacer “hanami” (reuniones o picnics en los parques para ver las flores) pero no lo han prohibido.

Algo que es cierto es que desde que inicio la crisis del COVID-19 se ha hecho mucho énfasis en lavarse las manos y mejorar la higiene personal. De hecho, la disponibilidad de jabón en baños públicos y alcohol o gel antibacterial en oficinas, así como en otros lugares públicos (como algunos restaurantes y negocios) ha aumentado. Comparado con años anteriores, los casos de influenza se han reducido, resultado de este aumento en la conciencia de la higiene. A esto debemos agregar que la gente está mucho más acostumbrada a usar cubrebocas cuando se enferma para evitar contagiar a otros. Durante las semanas pasadas el número de gente que usaba cubrebocas o mascara sanitarias era mucho mayor, aunque desde esta semana se puede percibir que cada vez menos gente los sigue utilizando.

El gobierno de Japón ha explicado que su estrategia ha sido enfocarse en zonas críticas con altos números de contagios en lugar de seguir los consejos de la Organización Mundial de la Salud de aumentar el número de exámenes para detectar el virus. Algunos críticos han remarcado que los bajos números de contagios reportados por el gobierno japonés se debe precisamente al bajo número de exámenes que se habían hecho (alrededor de 32,125 en un país con un poco más de 120 millones de habitantes, en comparación Corea del sur ha realizado 200,000 y cuenta con una población de 51 millones). Cabe recalcar que los exámenes solo pueden hacerse en algunos hospitales y centro de salud autorizados previa recomendación de un médico.

NHK reportó que al menos 290 solicitudes habían sido rechazadas, a pesar de contar con la recomendación médica. Aunque se pueden hacer entre 7 mil 500 a 8 mil exámenes diarios, solo se realizan alrededor de mil 200.

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Existe el rumor de que tratando de evitar la cancelación de las Olimpiadas, se impusieron restricciones de forma intencionada mantener bajas las cifras oficiales. De hecho, tan pronto se anunció la cancelación de las Olimpiadas, en una extraña coincidencia, los números de casos confirmados de corona virus en Tokio comenzaron a aumentar. Diariamente se han roto el récord de casos nuevos en la ciudad, al día de hoy alrededor de 2 mil casos de los 7 mil 411 del país, se encuentran la capital de Japón. La gobernadora de Tokio, Yuriko Koike, ha estado en una constante confrontación con el primer ministro Shinzo Abe sobre la rigidez con las que se debe regir el distanciamiento social en la ciudad. De hecho, a pesar de que la gobernadora quería declarar estado de emergencia, tenía que esperar a que el mandatario lo declarara antes.

Abe se negó por bastante tiempo a usar sus poderes especiales para lidiar con la crisis, no fue sino hasta el 7 de abril que finalmente, tras la recomendación de un panel de expertos, se decidió por anunciar el Estado de Emergencia, pero no fue en todo el país, sino sólo en algunas zonas urbanas que se consideran críticas.

Esto le permitió a los gobernadores pedirle a la gente que se quede en casa y pedir a los negocios que cierren, pero no tienen la capacidad de imponer alguna multa o algún castigo por romper la cuarentena. Como resultado, mucha gente aún se ve en la necesidad de ir a trabajar y utilizar el transporte público. A pesar de que la meta del gobierno es reducir el contacto entre personas en un 80%, la realidad es que el temor de dañar la economía ha evitado que se impongan medidas más estrictas. Encuestas recientes demuestran que el 64% de los japoneses consideran que Abe ha manejado muy mal la crisis y no ha mostrado el liderazgo necesario, mientras que Koike tiene una mejor imagen. De hecho, su postura de choque con el gobierno nacional ha inspirado a otros gobernadores a tomar medidas ya que no hay una clara intención del gobierno nacional de hacer algo al respecto, esto no es algo común y es un cambio dentro de la política japonesa.

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Durante este tiempo el hashtag “Abe Yamero” (Abe renuncia) ha sido Trending Topic al menos dos veces en el Twitter japonés. Además, existe el temor de que el sistema de salud esté colapsando. Desde el mes pasado el alcalde de Nagoya anunció públicamente que los hospitales de la ciudad se estaban saturando y pedía ayuda a las ciudades cercanas. El gobierno de Tokio está adaptando hoteles para que sean usados como suplemento a los hospitales dado el rápido incremento en los casos y las camas de terapia intensiva se encuentran cerca de la saturación.

¿Cultura de obediencia y conciencia social?

La realidad es que, al igual que el resto del mundo, Japón se encuentra en medio de una crisis y no hay una evidencia real de ese orientalismo con el que se ha hecho referencia al caso japonés. No existe evidencia de esa “cultura de obediencia”. Tan solo antes de la emergencia, fotos de gente haciendo hanami y las estaciones de tren saturadas se vieron en todas las redes sociales. Un evento de artes marciales en Saitama reunió a más de 10 mil personas a pesar de que el gobierno le pidió a los organizadores que lo cancelaran y pidió a la gente que no fueran. Una enfermera en Osaka que estaba contagiada de coronavirus fue a un concierto, mientras que un señor en Nagoya fue de bar hopping tras haber dado positivo. Residentes del hospital de la Universidad de Keio decidieron organizar una fiesta con 40 asistentes, de los cuales 18 estaban infectados.

A pesar de que muchos medios reportaron que “la cultura de obediencia” de Japón era la razón principal detrás del bajo número de contagios antes de la cancelación de las olimpiadas, no hay evidencia que respalde esta afirmación.

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Es importante que aprendamos a leer las noticias con cuidado y que, además, intentemos conocer a otros países y culturas por quiénes realmente son más allá de los romanticismos e imágenes idealizadas que tenemos. Todos somos seres humanos con las mismas capacidades de cometer errores y, sobre todo, no existe una sociedad perfecta. Piénsenlo dos veces antes de compartir un meme o una noticia sobre Japón o algún otro país sólo porque presenta una imagen idealizada, porque muy probablemente no corresponde a la realidad. Lo más importante ante la pandemia es no compartir fake news, exigir transparencia a las autoridades y, sobre todo, cuidarnos (distanciamiento social, lavarse las manos y no tocarse la cara).

No caigamos en clichés en definir a toda una sociedad con unas simples características, ni en Japón todos son samurai ni en México todos somos mariachis.

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Édgar Santiago Peláez Mazariegos es especialista en Cultura Popular Japonesa y candidato a doctor en Estudios Internacionales por la Facultad de Estudios de Asia-Pacífico en la Universidad de Waseda. Lo puedes seguir en Twitter en @Edo_Granpa.