El trabajo de Wikileaks ha abordado temas complejos y polémicos en el ámbito internacional —que van de la Guerra en Afganistán hasta las filtraciones de los correos electrónicos de la secretaria de Estado, en la gestión de Barack Obama—, todo en pro del derecho a la información, según su fundador, Julian Assange.

Sin embargo, en esta historia sus personajes cobran una importante relevancia. ¿Por qué? En contexto de las elecciones presidenciales de 2016 y las filtraciones de los correos de Hillary Clinton, se señaló a Assange como la mejor arma de Donald Trump para hacer a un lado a la candidata del Partido Demócrata.

El desenlace electoral todos lo conocemos. Sin embargo, los demócratas acusaron a Assange de ser “el pase” de Donald Trump —y hasta Rusia— para que ganara la Presidencia de Estados Unidos.

En la historia de la defensa del derecho a la información, la vulneración de la soberanía de un país y una trama rusa que sigue causando sospechas en la comunidad estadounidense, Julian Assange se convirtió en una de las figuras más polémicas.

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Assange, Wikileaks y las filtraciones del Departamento de Estado

Si bien tras el arresto de Assange, Estados Unidos dio a conocer que busca su extradición para juzgarlo por conspiración, vale que recordar el historial del programador australiano con las autoridades norteamericanas y comprender de qué va la persecución.

En 2010, Wikileaks filtró los cables del Departamento de Estado —aunque Assange no fue acusado de manera formal por este hecho—, a sus embajadas. Esto desencadenó las preguntas de los ciudadanos hacia el gobierno estadounidense, en especial sobre el conflicto que su país había comprado en Iraq, Afganistán y su incidencia en países de América Latina. Sin embargo, uno de los golpes más fuertes al interior de Estados Unidos y en contra de Hillary Clinton fue en la antesala de las elecciones presidenciales.

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Hillary, Donald y las filtraciones

En 2015, Donald Trump levantó la mano para contender como candidato a la Presidencia de Estados Unidos. Frente al magnate estaba toda la maquinaria del Partido Demócrata que veía su oportunidad para reafirmar su poder con la candidatura de Hillary Clinton. Todo se trataba de un par de ajustes. No obstante, en esos momentos, los demócratas no contaban con la figura de Wikileaks y —posiblemente— Rusia.

Antes de la convención donde los demócratas eligieron a Clinton por encima de Bernie Sanders como su candidata, Wikileaks dio a conocer los correos del Comité Nacional de este partido para que los militantes votaran a favor de ella.

Punto menos para Hillary ante la opinión pública. Luego, se revelaron los presuntos vínculos de la Fundación Clinton con las grandes compañías de Wall Street y las presuntas ganancias de la expareja presidencial mediante el uso de poder. Otro punto menos para la entonces candidata.

Sin embargo, uno de los aspectos que hizo aún más frágil a la campaña de Hillary fue la revelación del uso de un servidor de correo electrónico privado cuando ella ocupaba el cargo como secretaria de Estado. De inmediato, fue señalada por opacidad y comenzaron los comentariosBernie hubiera sido una mejor opción“. Hasta ese momento, los debates ya estaban en marcha y Donald Trump competía de “tú a tú” con Clinton.

El triunfo de Trump

En la recta final de las elecciones, el FBI dio la última estocada —de manera indirecta— a la campaña de Clinton. ¿La razón?  La Oficina Federal de Investigación declaró que reabriría el caso del servidor de correos electrónicos privados que ella utilizó durante su gestión como secretaria de Estado.

La imagen de la candidata perdía fuerza y, finalmente, el 8 de noviembre los resultados de las elecciones declararon como ganador a Donald Trump —por increíble que pareciera—, hasta ahí quedó la incidencia de Wikileaks al servicio del derecho a la información, pero también al servicio de Trump, según los demócratas.

Finalmente, en el camino se señaló a Julian Assange por el Rusiagate, por presuntamente reunirse con Paul Manafort, quien era jefe de campaña de Trump, después de la filtración de los correos del Partido Demócrata, que precisamente Wikileaks difundió.

Hasta el momento, Estados Unidos —con Donald Trump en el poder— ha permanecido en la postura de juzgar al programador y periodista, por los movimientos contra “la soberanía” gringa, con la revelación de los cables del Departamento de Estado (2010), con el posible cargo de cinco años en prisión. Lo cierto es que la difusión de información “secreta” repercutió en el debate ciudadano en aquellas elecciones de 2016.

**Foto de portada: Reuters.