Después de cinco años de la presidencia de Peña Nieto, parece difícil imaginar que un mandatario lo haga peor que él frente a la prensa. Sin embargo, Donald Trump parece querer demostrar que sí se puede.

Los últimos días en Estados Unidos han sido complicados, por decir lo menos. El pasado sábado 12 de agosto se registró una manifestación de supremacistas blancos, neonazis y ultranacionalistas en Charlottesville, Virginia, que acabó no mal, pésimo (acá pueden leer todo lo que hay que saber al respecto). No obstante lo terrible de los hechos en Charlottesville, las cosas se pusieron peor cuando Trump, en sus primeras declaraciones sobre el ataque en Charlottesville, condenó débilmente las expresiones extremistas de los ultranacionalistas.

Fue hasta el lunes 14 de agosto que el presidente estadounidense salió a condenar, por fin, a los grupos radicales responsables de la tragedia de Charlottesville.“El racismo es el mal y aquellos que causan violencia en su nombre son criminales y matones, incluyendo el KKK, los neonazis, los supremacistas blancos y otros grupos de odio que son repugnantes para todo lo que apreciamos como estadounidenses”.

Hasta ahí, las cosas iban más o menos mejorando.

Pero un día después, este martes 15 de agosto, en una conferencia de prensa improvisada (en la que Trump planeaba informar sobre reformas de infraestructura), el presidente se desató a la hora de las preguntas y respuestas para insistir, en repetidas ocasiones, que la culpa no sólo es de los grupos supremacistas, sino de la izquierda que los provoca.

Trump sobre infraestructura

Antes de que se saliera de control, Donald Trump planeaba informar a la prensa sobre un decreto para acelerar los procesos de creación y construcción de infraestructura en Estados Unidos. Sin profundizar demasiado, ni entrar en detalles, explicó que antes un edificio se podía construir en dos o tres años y que ahora, por culpa de los permisos (sobre todo de corte medioambientales), se retrasan las obras hasta 15 o 20 años. No explicó realmente cómo se pretende ejecutar esto (se puede interpretar que se van a romper los requisitos de cuidado al ambiente); sin embargo, aseguró que incluso los demócratas estarán de acuerdo y apoyarán esta reforma.

Trump sobre la estatua de Robert E. Lee

En gran medida, las protestas en Charlottesville del sábado fueron porque distintas organizaciones de la llamada alt-right estaban en contra de la propuesta para retirar la estatua del General Robert E. Lee del pueblo, quien luchó en la guerra civil estadounidense del lado de los confederados —aquellos que, entre otras cosas, estaban a favor de la esclavitud—.

Sobre quitar la estatua de un general a favor de la esclavitud y que peleó por el derecho a perpetuarla, Trump sugirió que lo que está sucediendo ahorita sólo es una forma de reescribir la historia. “Esta semana es Robert E. Lee. Noto que la de Stonewall Jackson también va a ser derribada. Me pregunto, ¿toca la de George Washington la siguiente semana? ¿Y la de Thomas Jefferson la que sigue? Entonces, hay que preguntarse, ¿dónde va a terminar?”.

Las preguntas sobre si una estatua de Robert E. Lee debería permanecer erigida continuaron, a lo que Donald Trump sólo siguió contestando que las personas están en su derecho de protestar sobre la propuesta de quitar una estatua en su pueblo, argumentando que no todos ellos eran neonazis ni supremacistas.

La culpa es de todos

Al ser cuestionado sobre lo que sucedió y sobre la tibieza frente a estos grupos ultraconservadores, Trump respondió cuestionando si no tenían culpa, también, los grupos de ultra izquierda que los atacaron. “¿A ellos no les corresponde ningún tipo de culpa?”, preguntó el presidente.

Reacciones

Las reacciones no tardaron en darse. La más común, tanto entre periodistas como intelectuales/académicos y políticos estadounidenses, es la preocupación frente a la normalización y aceptación de grupos supremacistas blancos y neonazis (que, entre otras linduras, cantaron Hail Trump! durante las protestas).

El senador independiente Bernie Sanders fue uno de los primeros en condenar la postura de Trump en Twitter y una buena parte de la opinión pública va por el mismo lado.

¿Problemas en la Casa Blanca?

A lo largo de estos primeros siete meses de Donald Trump en la Casa Blanca se ha vuelto común escuchar de los problemas internos y las consecuencias de ellos en políticas públicas y el gobierno mismo. En esa veta, recién terminada la conferencia de prensa de Trump, CNN publicó que un oficial de la Casa Blanca les comentó que John Kelly (jefe de gabinete) y otros asesores de Trump esperaban que esta conferencia de prensa fuera una manera de suavizar todo lo que ha pasado, para nada más concentrarse en infraestructura. “Ése no fue el plan. Todo fue él [Trump]”, dijo el oficial. Al parecer, el presidente no pudo contenerse y se soltó a hablar de manera poco acertada sobre un evento tremendo.

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