La colonia Juárez aspira a ser como la Condesa y La Roma. Tiene con qué. Sus calles históricas, las fachadas señoriales de Havre; su proximidad con todo, con el centro, la “zonaja” y los corredores culturales Roma-Condesa, la hacen un sitio afin a la cultura post-hipsteriana. Se llena de olores a corrientes modernas y tendencias.

Hace poco, aquí se instalaron dos restaurantes que ya cuentan su historia e inspiran una visita a la zona, sin olvidar la

Panadería Rosetta, que tiene en Havre una réplica de su matriz de la calle de Colima, en la Roma.

La Fonda San Diego: Comida corrida muy hip
Havre 69, Juárez

El lugar tiene una facha maravillosa. Es fonda, gastro pub en el día, y bar y antro de noche. Descansa sobre la calle de Havre en una casa que está protegida como patrimonio, dice el mesero.

La cocina juega con un concepto que no puede sostener. Muy hipsteriano, o pandrosón wannabe: “as you wish”. Ofrece un menú de cuatro tiempos por poco más de 200 pesos que puede tener una sazón interesante pero no le alcanza como para enamorar al paladar. Ha cambiado tres chefs en nueve meses, quizá esto lo explique todo. Aunque se defiende con platillos como las croquetas de marlín por las que podría matar y un ceviche de hongos que no canta mal las rancheras. De ahí en “delante”, la cocina queda a deber.

Por las noches es otra escena, el lugar invita a “pernoctar” en esas mesas de taberna, “comunales”, les dicen, y a disfrutar de buena música y tragos que se saben con clase, interpretando el espacio al calor de montaditos y tapitas de menos expresión pero igual, más sabor. Habría que ver. Buen servicio. La lista de vinos tiene caldos a buen precio y dan ganas de invadir el sitio de noche, con otras perspectivas menos gastronómicas.

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Paprika: intensidades y sutilezas
Marsella 61, Juárez.

Abrió en la Juárez hace un mes y ha alborotado al mundillo de los “yummies” y la prensa especializada. El nombre de la chef Josefina Santacruz es un atractivo por “default”, sobre todo después de los resultados en boca de Sesame, en la Roma.

Paprika no compite con otros sitios. Su oferta, como Sesame, una fusión de cocinas de países árabes, con acento en Marruecos, es una propuesta sin par. El asunto escénico es totalmente cálido y lo que recibes en la mesa, o resulta interesante o francamente suculento. No hay merma en la oferta y para juzgar el comensal tiene pocos instrumentos.

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La recta a seguir es poner todo en la mesa y compartir. Pero inicien con una “vírgen”, un trago muy en línea con las modas cocteleras y que supone mezclas con elementos más sanos, especias, té, etcétera, y sin alcohol (aunque los hay con él).

Pide pan tipo tostada con uno de sus untables (mahammara) que suelen ser groseramente deliciosos y ataca algunos platos como éstos que mostramos, aunque la salchicha al curry es fenomenal y la berenjena te cambia el concepto de cómo degustar esta verdura. El menú no te lo acabas en una sola visita. El sitio te invita a regresar.

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Por: César Calderón
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