50 años después de la primera denuncia por abuso sexual presentada contra el sacerdote Fernando Martínez, de Los Legionarios de Cristo, la congregación religiosa ha salido a confirmar que efectivamente el cura sí abusó sexualmente de seis niños en Cancún, estos entre los años 1969 y 2016, en los cuales el cura estuvo en contacto con niños y adolescentes menores de edad en México.

De acuerdo con una investigación realizada por la agencia estadounidense Praesidium, –que se dedica a la prevención y actuación contra abusos sexuales de menores– se encontró que varios niños fueron víctimas del sacerdote Fernando Martínez, quien a pesar de que ya acumulaba varias denuncias en su contra, siguió ejerciendo en México hasta que fue trasladado a Salamanca, en donde le dieron la tarea de confesar a jóvenes y estudiantes.

Foto vía: Proceso

En un comunicado de Los Legionarios de Cristo, citado por el diario El País, la congregación pide perdón a cada persona que haya sufrido un abuso por parte de Fernando Martínez Suárez. “Fue un error gravísimo asignar a un sacerdote que había cometido abusados a un puesto de trabajo pastoral con niños y jóvenes en otro lugar”, mencionaron a través del escrito.

En el mismo documento Los Legionarios de Cristo le echan la culpa de todo a su fundador Marcial Maciel, quien “como superior general tomaba las decisiones importantes sobre los sacerdotes, así se minimizaba la capacidad de actuación de los superiores a nivel territorial o local, además de que no recibieron la información relevante para el ejercicio responsable y maduro de su oficio“, dice la congregación, quien además ofrece su ayuda a las víctimas.

A pesar de las disculpas, varias víctimas del padre Fernando Martínez acusan a la congregación de encubrir a los sacerdotes pederastas durante años. Ana Lucía Salazar, la mujer que denunció la violación que sufrió por parte de Martínez en 1992 cuando estudiaba Cancún, dijo que Los Legionarios de Cristo “están omitiendo a personas importantes. Es un absurdo que no mencionen a Eloy Bedía, Jorge Bernal o Aurora Morales”, quienes sabían todo lo que ocurría con los abusos y se hicieron de la vista gorda.

Por otro lado, la investigación de Praesidium encontró que el propio Martínez pidió a la congregación que no lo mandaran al colegio en Cancún –a donde fue trasladado después de que en 1990 una niña lo denunciara por abuso en la CDMX–, pues admitió “haberse acercado indebidamente” a la víctima y fue “apartado del contacto con niños”. “Ni física, ni espiritual, ni moralmente me siento firme para aceptar el puesto con todos los antecedentes recientes”, dijo Martínez al ser asignado en el colegio de Cancún 1991, de acuerdo a un documento obtenido por la agencia.