Lo que necesitas saber:

Desde la primera marcha del Orgullo en México han pasado más de 40 años. Ha habido avances aunque el camino de las luchas por los derechos de las poblaciones LGBT+ aún no termina.

¿México de 2026 es más libre que el de 1979? El movimiento de las comunidades LGBT+ nos puede dar una respuesta.

Desde la primera marcha del Orgullo en nuestro país han pasado más de 40 años. Y en este periodo ha habido avances importantes aunque el camino de las luchas por los derechos de las poblaciones LGBT+ aún no termina.

Foto: Michael Balam-Cuartoscuro.

Sobre todo si pensamos en los distintos contextos que se viven en la actualidad y los discursos que ponen en riesgo los derechos reconocidos y que implican un retroceso para la igualdad en la sociedad mexicana.

Más de 40 años del movimiento LGBT+ en México

En Sopitas.com platicamos con la socióloga Teresa Incháustegui, Amir Samaria León, coordinadora del programa de Identidad Sexual de Balance AC, y Amy Salazar, oficial de Comunicación y Emancipación del programa de Identidad Sexual en Balance; para recordar la importancia de echarle un ojo a la historia del movimiento LGBT+ en México y contar con la sabiduría para mirar el presente y hacia el futuro.

Amy Salazar y Amir Samaria. Foto: Lucy Sanabria-Sopitas.com.

México a finales de los 70

“Todo eso que hemos ganado es del día a la noche en comparación con lo que había en ese momento; la sociedad capitalina era en el fondo una sociedad tremendamente conservadora”, nos dice Teresa Incháustegui para después ayudarnos a tener una imagen un poco más detallada de cómo era la década de los 70 para las personas queer en México.

“No existían muchos lugares de esparcimiento, bares, cabarets, eran contados (…) Hasta en las calles era muy notorio que personas que no entraban dentro del estereotipo heterosexual recibieran diversas formas de reprobación, agresión e insultos. Era tremendo”.

Incháustegui recuerda que por aquella época salir a marchar era todo un acto de valentía en las calles llenas de “mirones” y que en algunos aspectos “estamos a años luz de ese momento”.

Teresa Incháustegui. Foto: Lucy Sanabria-Sopitas.com.

Nuestro país venía de un shock social provocado por la represión contra estudiantes del 2 de octubre de 1968 en Tlatelolco.

Del halconazo del 10 de junio de 1971 en el gobierno de Luis Echevarría. Y se desarrollaba bajo otro más de los gobiernos del PRI con José López Portillo en la Presidencia bajo la promesa de una apertura política.

“No hay libertad política si no hay libertad sexual” 

“Venimos de una tradición histórica del movimiento LGBT+ que inició hermanándose con varias causas de justicia social”, dice Amy Salazar, quien recuerda la consigna que se escuchó en la primera marcha del Orgullo en México en junio de 1979.

“No hay libertad política si no hay libertad sexual”. Para Amy Salzar esta consigna sigue vigente y nos recuerda su enlace con otros movimientos sociales como la revolución en Cuba o el 2 de octubre de 1968.

No es extraño pensarlo si sabemos que en julio de 1978, en la marcha del 25 aniversario de la Revolución Cubana participó un grupo de hombres gays que se identificaron como integrantes del FLHM (Frente de Liberación Homosexual de México).

Estudiantes, “Jueves de Corpus”. Fotógrafo desconocido. INEHRM-Memórica.

Esta asociación en pro de los derechos de las personas LGBT+ se fundó en 1971 —heredero también de las protestas de junio de 1969 en Stonewall en Estados Unidos.

“Veníamos también por supuesto recogiendo todo el activismo muy importante que tuvo el movimiento LGBT+ en Estados Unidos después de la represión de Stonewall en la discoteca (queer) ubicada en Greenwich Village (en Nueva York)”, precisa Teresa Incháustegui.

Así, fueron surgiendo distintos grupos como el Frente Homosexual de Acción Revolucionaria (FHAR). El Grupo Lambda de Liberación Homosexual.

U Oikabeth, considerada como la primera organización de mujeres lesbianas. Y que, en general, en la experiencia de Incháustegui el surgimiento de estos grupos fue causado por los estereotipos dentro del movimiento feminista:

“Hablábamos como de una doble opresión de las mujeres lesbianas como mujeres en general y particularmente como lesbianas porque incluso como lesbianas no teníamos mucha acogida dentro del movimiento feminista de segunda ola, que se preocupaba mucho porque no las fueran a confundir con lesbianas. La estigmatización”.

Hasta llegar a la primera marcha del Orgullo de 1979 en México. En medio de la promesa del gobierno de López Portillo de un proceso democratizador.

Foto: Memórica-Archivo Fotográfico Hermanos Mayo.

“Era un momento de efervescencia, de retomar las calles masivamente (…) nuestra consigna fundamental en ese momento era que no habría realmente lugar a una libertad política en México sin libertad sexual y el reconocimiento de las identidades”, comparte Incháustegui con entusiasmo.

Más de 40 años después

“A pesar de que socialmente sí se ha ampliado más en el discurso y trato, la aceptación y la idea de igualdad, de todos modos sigue permeando como esta idea de que al ser diferentes hay un trato distinto; no hay una apertura total ni un trato completamente respetuoso”.

Para Amy Salazar ese contraste se encuentra en espacios cotidianos como las familias, el trabajo, las escuelas.

Al menos, eso es lo que han podido identificar desde su labor en Balance AC —organización dedicada a la promoción y defensa de los derechos reproductivos y sexuales, además de la autonomía de las mujeres y juventudes.

“Hay muchas exigencias que seguimos teniendo la comunidad LGBTQ+ en nuestra amplitud porque es algo muy común que pasa que, al ser un acrónimo con varias letras que representan cada una una identidad distinta, nos quieran homologar y eso que decimos de ‘meter a todes en una misma bolsa”, agrega Amir Samaría.

“Marcha lencha 2022”. Foto: Lucy Sanabria-Sopitas.com.

Amir nos explica que las comunidades LGBT+ (Lésbica, Gay, Bisexual, Trans y más) han encontrado entre ellas el respaldo que ha faltado por parte de las mismas familias o el Estado.

“Algo de lo que no se habla tanto es cómo los cuidados, principalmente, ocurren desde redes de apoyo como amistades, vecinas, vecinos y personas que están en nuestro entorno cercano pero que no necesariamente es nuestra familia nuclear”. Espacios libres de discriminación y violencia.

Discriminación en 2026

A finales de mayo de 2026, el gobernador de Querétaro Mauricio Kuri anunció que vetaría la llamada Ley de Identidad de Género aprobada por el Congreso del estado.

Organizaciones civiles, especialistas y diputados del Congreso de Querétaro cuestionaron esta decisión, al explicar que el gobernador argumentó con información imprecisa el anuncio de su veto.

Católicas por el Derecho a decidir recordó que la identidad no se debateno se condiciona ni tampoco se veta y, de hecho, los derechos no deben condicionarse por discursos de odio ni desinformación.

Foto: Cuartoscuro

Sin embargo, lo que sucedió con el gobernador de Querétaro es un ejemplo de los peligros y riesgos que enfrentan los derechos reconocidos por las comunidades LGBT+ —en este caso, el derecho a la identidad de personas trans y no binarias que ha sido reconocido por la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN).

La fobias alrededor de las comunidades LGBT+. Los crímenes en razón de género, orientación e identidad —en los que la población trans ha sido identificada como una de las más vulnerables en México

En CDMX, por ejemplo, la protesta de personas trans y no binarias se llevó a las instalaciones de la Secretaría de Gobernación (Segob) para el reconocimiento legal de las identidades, la creación de mecanismos de protección para estas poblaciones y un acceso real a sus derechos (laborales, humanos, sin discriminación).

“El prejuicio está arraigado. Está encapsulada esa innovación, esa transformación no es abierta a recibirla en las escuelas o no en todas las escuelas, es algo que todavía está ahí, un botón que no ha acabado de abrir y tiene todas las de perder en un giro de cambio político, ideológico”, advierte Incháustegui.

¿Cómo erradicarla?

“El primer mecanismo es dejar de legitimizar estas narrativas no sólo transodiantes sino lgbtqfóbicas en su amplitud desde las instituciones”, explica Amir Samaria.

“Estas situaciones las vemos con mucha gravedad porque son personas que ocupan espacios públicos en instituciones que están desinformando a la población que están representando”.

Y a nivel sociedad, Samaria señala la importancia de la empatía: “Sé que es difícil bajarlo a acciones concretas en la vida real, pero con un simple respaldo a tu compañero, compañera de escuela o trabajo, el poder cuestionarnos desde dónde decimos las cosas que decimos o lo que estamos repitiendo”.

“Si el día de mañana”

“Si no conocemos nuestro pasado, parece cliché esta frase, estamos condenadxs a repetirlo y lo traduzco a la actualidad en el sentido de si no conocemos lo que ha costado (estar) hasta acá y luchar por estos derechos que ya tenemos el día de hoy, no vamos a tener esa concientización política de decir: ‘Esto no puede ser permitido”.

Al final, Amir Samaria señala que mirar los orígenes del movimiento LGBT+ en México —desde los 70 hacia adelante— es una manera de:

“Reivindicar nuestras identidades y también celebrarlas, justo las personas que vinieron antes de nosotres que lucharon muchísimo para que tuviéramos derechos.

Para que al día de hoy pudiéramos ser tan visibles que estamos aquí en entrevista con Sopitas y que se pueda hacer esta visibilización de las identidades, de nuestras historias, lo que ha sido la lucha LGBTQ+ y poder disfrutar de ello en el sentido que considero lo que es el placer, el gozo, la fiesta también es resistencia y voltear hacia el pasado y decir ‘Todo esto ha pasado’ es lindo de mirar y decir vamos por más”.

Hola, soy Lucy Sanabria. Desde 2018 redacto y reporteo para Sopitas.com, con especial entusiasmo en temas de derechos humanos y LGBT+. En 2021 fui parte de la generación de la beca de Periodismo Incluyente...

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