¿Qué pasaría si los “peces pesados” de cada cártel de las drogas se reunieran en busca de la utopía criminal de crear una confederación criminal con reglas, en la que todos sus miembros pudieran traficar libremente y sin necesidad de matarse entre sí?

Éste es el hilo conductor en el que se desarrolla “La Narcocumbre”, la nueva novela de la escritora y tallerista Gilda Salinas, con la cual se sumerge de una forma muy original e inteligente en el tema del narcotráfico en México.

Por un lado, nos muestra los pormenores de esta reunión entre los principales capos de la droga, en donde se reparten territorios, se reconocen jerarquías y se ponen en claro las reglas del juego. Asistimos a estas negociaciones por medio de El Conde, maestro de ceremonias de la narcocumbre, quien en sus ponencias habla de la historia del narco mientras busca a un infiltrado entre los invitados. Este encuentro realmente sucedió en el 2008.

A su vez, Gilda nos presenta varios relatos de las víctimas del narco de manera intercalada, los cuales van desde una familia que sufre un secuestro, hasta las carencias bajo las que crece un adolescente y que lo orillan a unirse a una organización delictiva, pasando por el drama de quienes intentan cruzar hacia Estados Unidos en busca de una mejor oportunidad de vida. Pequeñas historias a las que el narco toca de alguna u otra manera, y que como el más cruel de los cánceres va descomponiendo y pudriendo los diferentes tejidos de la sociedad.

Manejando con maestría diversos recursos narrativos la autora nos sumerge en una atmosfera de muerte y abandono, donde la intranquilidad es la constante. Aunque también hay momentos luminosos en los que incluso cabe el humor, al final predomina la desesperanza, esa densa atmósfera que silenciosamente roba nuestra tranquilidad. Se leen estas páginas con una profunda aflicción y tristeza, corroborando que esas historias que nos llegan de los estados del norte del país no sólo son ciertas, sino que son aún más crueles y desgarradoras de lo que pensamos.

La Narcocumbre no sólo nos abre los ojos ante una realidad que cada vez nos asfixia más y a la que por desgracia aún hay quienes deciden ignorar, sino que nos brinda un valioso panorama histórico que nos ayuda a comprender cómo es que llegamos a la situación de violencia entre cárteles que anualmente cobra la vida de miles de mexicanos.

La Narcocumbre
Gilda Salinas
Editorial Alfaguara

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Con motivo del lanzamiento de este libro, Sopitas.com tuvo la oportunidad de platicar con Glinda Salinas sobre los motivos que la llevaron a escribir sobre el narco, las raíces de este problema y las posibilidades que como país tenemos para afrontar esta problemática. Esto fue lo que nos comentó:

Sopitas.com: Antes que nada, muchas gracias por concedernos esta entrevista Gilda, de verdad disfruté mucho la lectura de “La Narcocumbre”, aunque también la sufrí debido a lo denso de su temática. Mi primera pregunta es ¿por qué escribir sobre el narco?

Gilda Salinas: Porque el tema tiene una luz roja, osea, es un semáforo en rojo para todos los mexicanos; porque nos están tronando los cohetes muy cerquita y creo que cada quien aporta con lo que es capaz de hacer una señal de alerta, de hagamos conciencia, de tomemos lo que cada uno tenemos que tomar como responsabilidad para que esto se remedie de manera definitiva; no capturando cabezas porque surgen treinta y cinco abajo y nunca vamos a acabar, al contrario, creo que eso los poda ¡crecen mejores y más bonitos!

Sopitas.com: Como el pasto, o el cabello. Y bueno, creo que detrás de este libro hay una gran labor de investigación, se mencionan muchos nombres, muchas fechas, muchos datos que la verdad desconocíamos ¿Qué tanto es real y qué tanto es ficción dentro de todo lo que mencionas en tu libro?

Gilda Salinas: Todo lo que se escribe en literatura está basado en hechos reales pero se crea una “verdad literaria”, que es una manera de creación que subsiste por sí misma, y en la que no importa si así era o no era, si estaban o no estaban, porque se hace una verdad en sí, y porque finalmente no está sostenida por las leyes de la realidad de facto. Es como cuando vas al teatro y entras en la convención de que lo visto en el escenario -que no es más que tablas y cortinas- es una casa o es una calle, y tú como espectador lo crees. Es lo mismo cuando entras a una novela: todos los escritores nos basamos en hechos reales, porque incluso cuando escribes una cuestión autobiográfica finalmente estás haciendo una “verdad literaria” donde tienes que eliminar o potencializar algunas cosas, sacarle provecho a otras y a lo mejor inventar personajes, como el caso del hilo conductor que es El Conde y que es un personaje inventado mientras todos los demás son reales.

Sopitas.com: Ahora que mencionas a El Conde, hay capítulos en los que narras las historias sobre o detrás de las víctimas que sí eran muy densas y te dejan con un sentimiento de pesadez. En cambio, al leer los pasajes narrados por este personaje resultaban hasta cierto punto divertidos, tenían otro tono pues aunque no dejas de hablar de muertes y violencia lo haces de un modo más relajado. ¿Lo hiciste a propósito o fue casual?

Gilda Salinas: En la literatura quien escribe debe cuidar que el ritmo sea el correcto, que tenga crestas y valles, que es lo mismo que un electrocardiograma donde los picos son las partes dramáticas y luego tienes que bajar a la fuerza porque de otra manera la lectura te sabe a un “pellizco sostenido” e instintivamente el lector se quita. Entonces, si no le hubiera dado un balance a la narración ni yo misma lo hubiera aguantado. Por eso a mí El Conde me cae muy bien, lo hice así a propósito, necesitaba ser un hombre joven, alivianado, poco consciente de su realidad pues él quería ser profesional en su chamba y aunque tiene una historia terrible atrás, no se le siente, no le pesa.

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Sopitas.com: Hablando de la misma pesadez, leí el libro en un par de días, avanzaba unas páginas y me distraía yendo por algo a la tienda, leí otro fragmento y sacaba a pasear al perro. Aun en esos intervalos traía en la cabeza lo que acababa de leer sobre el narco y pensar que eso realmente estaba ocurriendo no muy lejos de mi realidad resultaba inquietante. Si como lector te tardas en levantarte de este golpe emocional, como escritor ¿qué tan duro es cargar con este tema a cuestas?

Gilda Salinas: Sí, tarda uno en bajar. Es como los actores cuando terminan una obra que maneja emociones y sentimientos: el personaje no se les baja rápido ni se lo pueden quitar, es mentira que al llegar a los camerinos se quitan el personaje con la ropa. A mí me tocó vivenciarlo con Silvia Pasquel cuando estuvimos haciendo “Nahui Olin: Virgen Perversa”, ella tardaba tres o cuatro horas en retomarse, en volver a ser Silvia Pasquel. Lo mismo me pasó después de terminar los pasajes fuertes en la novela: tardaba en poder volver a sentarme porque no había acabado ni de limpiar todo mi ser de esta historia, ni tampoco mi cabeza de rearmar otra. Esto no me sucedió con El Conde, con quién me fue bastante más fácil, en cambio, las historias que caminan en paralelo sí me requirieron mucho y pasé por todos los procesos, desde el que te da ternura, como el muchachito de Ciudad Juárez que empieza a vivir cosas horribles y no tiene ya ninguna conciencia, ni límites, ni humanidad, que ya tiene todo perdido y su escala de valores es un juego electrónico y una pistola, y que te da pesar porque vive una realidad terrible pero que es la que tenemos ahorita y la que tendríamos que ver cómo remediar.

Admiro mucho a la ciudad de Tijuana y el estado de Baja California porque logró erradicar la violencia y la situación terrible que vivieron del 2007 al 2009, a grado tal que ahora andas por las calles y la gente es respetuosa, no hay riesgos, nadie se tiene que andar escondiendo ni corre para su casa pues las cosas volvieron a la normalidad. Hoy la Avenida Revolución vuelve a florecer después de haber estado en quiebra, cerrada y decaída.

Sopitas.com: Supongo que para hacer este libro tuviste que entrevistarte con varias víctimas e investigaste mucho sobre el tema del narco. Desde tu punto de vista ¿la realidad supera a la ficción?

Gilda Salinas: Sí, quizá por el hecho de que cuando haces literatura, al menos en mi caso, la realidad lleva algunos elementos poéticos que la suavizan y que desde luego no es algo visual. Ver a una persona con un recadito o a una persona amputada o degollada, o el puro cuerpo con un mensaje escrito con faltas de ortografía es un impacto que prefieres no ver. Eso ha pasado un poco, la prensa es tan visual que uno ya no quiere leer de eso y entonces te desconectas de la realidad en lugar de ver cómo vamos a superar el problema.

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Sopitas.com: Lo que originalmente se proponía con la narcocumbre era un “pongámonos de acuerdo los cárteles y vayamos por un fin común para que se termine la violencia”. Desde tu punto de vista, ¿algo así es posible?

Gilda Salinas: Sí se hizo, eso fue real.

Sopitas.com: Claro, pero en estos momentos.

Gilda Salinas: Tendrían que hacer nuevas ligas. Ya había alianzas ente los aztecas, cuando el Señor de Tacuba se aliaba con el de Azcapotzalco y los demás empezaban a pagarles tributo, o cuando llegó Cortés e hizo alianza con los Tlaxcaltecas y después con algunos de Michoacán, y ellos eran los favorecidos. Ahora es lo mismo, esto siempre ha existido, si no es a través de alianzas es con estrategias de mercado y de negocios que en todos lados y en todos los niveles se dan. El narco es un negocio, entonces ellos tendrían que encontrar la manera de no calentar las plazas, como dice la novela. Esto no lo menciono porque yo lo opine, sino porque lo dicen los mismos narcos. Si se calienta la plaza entonces no hay negocio y además la policía tiene que intervenir pues trabaja para la gente. Si ellos (los narcos) fueran un poco más inteligentes y si encontraran una manera de trabajar en paz sin estar matándose, yo creo que podrían hacer su negocio dejándonos también vivir en paz; por desgracia no todos tienen la capacidad de hacerlo, entre ellos los Zetas, que en mi personal punto de vista son una porquería, y por desgracia también el Cártel de Juárez, que son lo que han asolado tanto la región.

Como dijimos “los podas y surgen otros”. Del 2008 para acá están surgiendo otros grupos que dicen ¿por qué voy a seguir aquí? Así tenemos ahora a Los Caballeros Templarios y La Mano y la no sé qué. Empieza a emerger un montón de gente que no tiene una ideología ni tampoco tiene muy claro su negocio y no se miden en sus pretensiones, porque el poder corrompe y además nubla la razón, y los vuelve capaces de acabar con un estado como Michoacán ¿en aras de qué?, ¿de hacer qué?, ¿Qué pasa con la gente sí trabaja, la gente que se levanta a hacer sus guitarras por la mañana en Paracho para vender y que ya nadie irá a comprarles? ¿Qué va a pasar con los que hacen los sombreros en Sahuayo? En fin, qué va a pasar con todos los que te pueda decir, hasta con los hoteles ¿qué va a pasar con todos? ¿No hay manera de rescatar Michoacán, tanto tiempo olvidado y ahora asolado?

Sopitas.com: ¿Crees que esta situación se resuelva algún día?

Gilda Salinas: Nadie tiene intención de resolverlo porque dejan de recibir dinero. Tú sabes, porque yo lo sé y tú también debes saberlo, que hay narcotiendas en muchos lados de la Ciudad de México. El típico policía que se hace pato porque le dan una lana y no diga nada. Yo viví en la Roma y en algún momento recibí un planito de dónde se vendían drogas, por supuesto que yo no me había dado cuenta. Bueno, se hace pato a través de lana el que sabe que ahí la venden, se hace pato el que se pone para cazar a los que van a comprar, se hace pato el que ve quién la entrega, osea, todos reciben dinero por esto ¿por qué van a remediarlo?

Sopitas.com: ¿Y cómo ves la legalización de la marihuana?

Gilda Salinas: No sólo debería de ser la marihuana, sino todo. Es decisión tuya cómo te quieres morir o qué quieres hacer en la vida ¡qué se legalice todo! Se abarata la droga, le quita el tabú, se mueren los que se tengan que morir y nos dejan trabajar a los que tenemos que hacer cosas en la vida.

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Sopitas.com: Por último, Sopitas.com es leída en su mayoría por gente joven. No vamos a pedirte un consejo para no consumir drogas porque eso ya es decisión de cada quien, como dices, quien quiera caerá y quien no se mantendrá alejado tal y como ocurre con el cigarro o el alcohol. Más bien, ¿qué puede hacer uno para estar protegido del mundo del narco? y segundo, desde nuestra trinchera ¿cómo evitar que esto siga creciendo?

Gilda Salinas: Para evitar que siga creciendo es exigir que los servidores públicos sean servidores públicos, osea que atiendan el problema de raíz. ¿Y qué es lo que está pasando? que son los ve-y-lleva-y-trae de los gringos y hacemos lo que ellos dicen. A quién menos le conviene que se legalice cualquier tipo de droga es a Estados Unidos, y sin embargo California ya legalizó la marihuana, que es originaria de México. En cambio a nosotros nos ponen trabas para que siga pasando la marihuana ¿¡cómo, cómo, cómo, explícame esto: tú me dices que acaban de detener a quién sabe cuántos, y les pones el dedo y son extraditables estos treinta y cinco porque están vendiendo marihuana, cuando tú ya la legalizaste, entonces qué alegas?! Seguimos en la misma, acá encuentran soluciones pero siguen dándonos órdenes y nosotros seguimos cuadrándonos.

Ahora, todo lo que te hace perder el control de ti mismo es un riesgo. ¿Hasta dónde quieres experimentar? Por supuesto que en algún momento de mi vida yo probé marihuana, no otra cosa porque me da miedo perder el control de mí. Pero nadie puede decidir cuál es tu punto de equilibrio, ¡ni tú mismo!, ¿cuántas veces una copa de más fue la que ya no te debiste haber tomado? no tanto por el riesgo que corriste porque a lo mejor le pegaste al carro o porque te agarró el alcoholímetro y te llevaron al Torito a dormir, sino también porque al otro día te levantaste con una cruda del carajo, te dolía la cabeza y además tenías que estar a las nueve de la mañana en una entrevista y llegas espantosamente mal; bueno, esa última copa ¿dónde está el límite? ¡nadie lo sabe!, entonces, más vale tenerle un poco de respeto a todo lo que te puede hacer perder el control, y eso es todo, no te digo ‘miedo’, nada más respeto, porque a veces el organismo funciona de una forma y a veces de otra, pero los límites, esos cada quien se los tiene que poner.

Sopitas.com: Muchas gracias Gilda.

Por @gabrielrevelo