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“La oportunidad de reencontrarnos es la Marcha a que están convocando sindicatos, organizaciones sociales y ciudadanos para el próximo viernes 31 de enero”, escribió en una carta Cuauhtémoc Cárdenas a Andrés Manuel López Obrador en torno a la marcha que la izquierda ha convocado a modo de protesta por la reforma energética impulsada y promulgada por Enrique Peña Nieto.

La carta está firmada también por Ifigenia Martínez y Porfirio Muñoz Ledo. El texto sirve como invitación al otro gran líder de la izquierda mexicana para unirse a una marcha que, según dicen, denota “una voluntad y un espíritu de unidad con todos los mexicanos dispuestos a defender los recursos que son de la nación”.

“Vamos a sumarnos más allá de nuestras diferencias, guiándonos con lo que decía Vicente Guerrero: La Patria es primero”, escriben en un tono casi dramático al exjefe de Gobierno del Distrito Federal, quien, por su parte, avanza en los preparativos para promover el Movimiento de Regeneración Nacional a partido político.

En efecto, el presidente del Consejo Ejecutivo Nacional de Morena, Martí Batres Guadarrama, ya entregó la papelería adecuada ante los consejeros del IFE, organismo que ahora cuenta con 120 días para analizar y evaluar si cumplen todos los requisitos para convertirse en el nuevo partido de izquierda.

Las dirigencias nacionales de los otros tres (PT, PRD y MC) lograron coincidir en un movimiento unificado en contra de la reforma energética y sus posibles efectos en la economía nacional. Así mismo, múltiples organizaciones civiles se han unido a la protesta y a la convocatoria de la marcha de mañana. Entre ellos se cuenta el colectivo “El grito más fuerte” conformado por actores y otros miembros del medio cultural que, en esfuerzos conjuntos con otros movimientos, reunieron más de 2 millones de firmas para llevar a consulta ciudadana la revocación de la ley. A ellos solo falta unirse Andrés Manuel López Obrador.

El PRI pasa por un periodo de unidad que lo mantiene alto en popularidad. El PAN se encuentra pagando los costos políticos de una división que parece cada día más irreconciliable entre los simpatizantes de Gustavo Madero y los de Felipe Calderón. El PRD ceja entre proyectar una imagen de unión o externar las diferencias que se viven al interior del partido. Los encuentros entre las posiciones de Ebrard y Mancera en torno a políticas públicas y legalización de la marihuana ya dejan sentir sus efectos en la Asamblea Legislativa del Distrito Federal y en otros espacios.

Ante el peligro que representa un resquebrajamiento de la oposición, la izquierda busca adelantarse a la derecha en la carrera por la reunificación y en consecuencia, en la lucha por la credibilidad. Es “necesario darle al pueblo un mensaje de unidad”, afirma Cárdenas en la misiva dirigida a López Obrador.

Por su parte, el PRI se pavonea ante los desunidos y afirma que buscará consenso en las leyes secundarias de la reforma, aunque ya cuenten con la mayoría necesaria en el Congreso para aprobarlas, según las declaraciones de César Camacho Quiroz, dirigente nacional del partido.

“Vamos a trabajar, a convencer a los otro partidos, a Acción Nacional, al PRD, al PT, de que salgan por consenso las leyes secundarias, de que es lo que más le conviene al país”, remata en un tono que oscila entre la ironía y la condescendencia.

A la izquierda le convendría hacer a un lado sus diferencias por un momento ante un escenario de semejante seriedad. De hecho, el no aprovechar su descontento común para impulsar una campaña de protesta confirmaría la imagen de inmadurez que tanto por sus acciones, como por la campaña de sus oponentes, ha ido ganando terreno en el electorado.

Si las izquierdas no pueden unirse para argumentar en contra de un proyecto político que desde distintas trincheras han criticado, entonces realmente no están dispuestas a pagar el mínimo precio político exigido para la convivencia en el poder: la cooperación en la diferencia.

Vía: CNN, La Jornada, Milenio

Marcha contra la reforma energética: la unidad de la izquierda puesta a prueba