Por Diego Castañeda

Los últimos días se ha suscitado un pequeño debate entre economistas que estudian la economía china respecto a su evolución en los próximos años; en especial, hacia 2025 un año en el que se espera pueda completar parte de su transición hacia un mercado interno más sólido y una menor dependencia de sus exportaciones, un plan que suele llamarse “Made in China 2025”. Esta política —sustituir gradualmente algunas de sus importaciones de alta tecnología, como partes en el sector de electrónicos y en el sector aeroespacial—, si resulta exitosa, por necesidad tendría impacto macroeconómico en China y en el mundo.

Una estrategia de subsidios para impulsar esta política industrial, al reducir las importaciones de estos sectores, tendría que reducir también sus exportaciones. Debemos recordar que, a un nivel básico, los países exportan para acumular divisas para pagar sus importaciones; por lo tanto, con menos importaciones hay menos demanda de divisas, con menos demanda de divisas, las divisas que entren por las exportaciones tienden a apreciar el tipo de cambio y disminuir las exportaciones hasta que un nuevo equilibrio se alcanza.

Teniendo en mente este mecanismo es previsible que si China tiene éxito para 2025, sus exportaciones disminuirán y, al hacerlo, se dejarían vacíos en muchos de los mercados en los que hoy son la principal fuerza comercial. Ésta es un área de oportunidad para países como México. Para explotar esa oportunidad es necesario que México acelere su proceso de modernización industrial, que desarrolle sectores de mayor tecnología y productividad. Hacer esto requiere que el país se embarque en el diseño de una política industrial que explote las industrias que existen y que genere nuevas, sobre todo en las regiones del país que tienen mayores rezagos.

2025

Imagen: Shutterstock

Los vacíos que una China que desarrolla su mercado interno deja los tratarán de llenar otros mercados asiáticos que serán los rivales directos de México. Evitar que nos pase lo que ocurrió cuando China entró a la OMC y nos desplazó requerirá que comencemos a producir mucho más valor agregado. Una parte de la estrategia tendrá que pasar de forma obligatoria por la infraestructura que hace faltar generar; otra, por una política energética que induzca cambios tecnológicos; finalmente, hará falta que la inversión privada nacional aumente: necesitamos que los empresarios mexicanos reinviertan en el país y especialmente en los sectores con mayor potencial de crecimiento.  

México quizá enfrenta su mayor reto en el hecho de que, a diferencia de China, su tasa de ahorro es muy baja y, por lo tanto, no puede invertir y reinvertir para crecer. México depende de reactivar la inversión pública y de, en algún momento, incrementar la recaudación pública para poder invertir más. Mientras tanto, la inversión privada tiene que hacer el trabajo y para hacerlo hay que eliminar algunos de los obstáculos crónicos para el crecimiento. El más evidente de estos obstáculos es el tema de competencia: fomentar una política que incentive la competencia posiblemente haría más por la inversión en el país que cualquier otra medida que hayamos tomado en décadas. Si podemos hacer esto, y al mismo tiempo el gobierno es capaz de identificar correctamente los sectores en los que es posible incrementar el valor agregado nacional y que tendrán mayor crecimiento hacia el futuro, entonces potencialmente podríamos aprovechar nuestro comercio exterior como hasta ahora no hemos sido capaces de hacerlo. Si por otro lado fallamos en esas cuestiones, entonces reviviremos lo que pasó a principios de este siglo y perderemos nuevamente un motor de crecimiento.

*****

Diego Castañeda es economista por la University of London.

Twitter: @diegocastaneda