México es un país de oportunidades, es un país de reformas, de movimiento, en cuya capital viven 1 958 multimillonarios (según un estudio del año pasado de la Wealthinsight y The Guardian). Pero ¿cómo podemos tener tanta gente rica y tener al mismo tiempo a tantos millones de pobres? La respuesta es sencilla mis queridos sopicuates, una sistema que nos ha regido desde hace décadas: el crony capitalism.

¿Qué es el crony capitalism? Generalmente lo traducen como «capitalismo clientelista», pero también podríamos llamarlo como lo llama mi tía Toñita: «el capitalismo de piquete de ombligo con pellizquito». ¿Y de qué va?

En su columna de opinión del día de hoy, Denise Dresser dijo que cada vez que vemos el nombre de un mexicano en la lista de millonarios de Forbes, el país debería ponerse a pensar en cuestiones como: ¿cómo ha acumulado tanta riqueza esta persona?¿es por que es un dotado de los negocios o solo tiene los contactos adecuados? ¿es tan rico debido a lo innovadoras que han sido sus empresas o más bien se han aprovechado de ciertos lazos e intereses con ciertos círculos de poder?¿es rico gracias a los excelentes servicios que da y maravillosos productos que ofrece a los consumidores o ha ascendido a la cima exprimiendo las necesidades de estos?

La respuesta podría tenerla The Economist, y es que en un artículo titulado «The new age of crony capitalism» investiga por qué tantas economías emergentes muestran esta división entre millonarios y un gran porcentaje de población pobre.

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 ¿México es macroeconómicamente estable? Lo es ¿Es un país en el que podría tener un Índice de Desarrollo Humano elevado? Probablemente ¿por qué no lo hace? Para empezar, en México no existe la competencia leal entre empresas, por ejemplo, existe una práctica llamada «rent-seeking» (rentismo) que es hacer dinero gracias a las conexiones políticas.

Las conexiones políticas son utilizadas para que las empresas cobren más por aquello que debería costar menos. Una forma en que los empresarios mexicanos abusan de los consumidores es mantener un mercado imperfecto, poco regulado, monopolizado y con poca o nula competencia (recordemos, además, los escándalos de especulación o de empresas que se ponen de acuerdo para elevar el precio de ciertos productos).

¿Cómo logran envenenar de esta manera el mercado mexicano? Bueno, pues tienen conexiones con los legisladores («practican el cabildeo» como dirían por ahí), lo cual es una forma de procurar que se hagan leyes que protejan al empresario en detrimento de los intereses de los consumidores ( quienes, además, en este país, tienen uno de los salarios mínimos bajos de toda América Latina).

Muchas veces hemos oído hablar de que somos de los países que más paga por servicios o productos (desde contenidos televisivos hasta velocidad de Internet). Bueno, lo somos, pero es que nuestros políticos permiten que se abuse de nosotros. Pero no sólo ahí se da este fenómeno, se da también cuando el gobierno mexicano regala concesiones, otorga licencias, privatiza bienes públicos y los entrega sin imponer reglas que regulen su aprovechamiento y así se conviertan esas industrias en algo beneficioso para el país (un caso paradigmático es el de las mineras y lo poco que pagan en impuestos o las pésimas condiciones en las que tienen a sus trabajadores y lo mal que les va a las comunidades en las que están establecidas).

La economía mexicana, así, funciona con base en conexiones políticas más que en estrategias económicas que hagan más competitivas a las empresas. Ustedes podrían decirnos «¿Me están intentado decir que los millonarios mexicanos no son unos genios de los negocios sino solo son personas con los conocidos adecuados?»

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Lamentablemente tenemos que decir que nosotros tampoco lo creíamos (¿cómo va a ser posible, si es obvio que las prácticas monopólicas en este país no existen?) pero nos tuvimos que rendir ante los hechos, por ejemplo, la empresas a las que se les da las licitaciones de las obras públicas en el país entero (como ejemplo está la Autopista del Sol, la más cara del mundo y la que tiene más desperfectos).

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El fenómeno no es ajeno a los estadounidenses, en el siglo XIX sufrieron de estas prácticas y legislaron para quitar (en parte) la posibilidad de abusar de su posición de los ricos, aunque en ese país sigue habiendo grupos con ciertas agendas que financian las campañas de los principales políticos estadounidenses.

Otro caso en el que vemos cómo funciona el crony capitalism en México es el escándalo de los «moches» que piden los diputados panistas a los alcaldes, una parte de los moches consiste en que el alcalde haga sus obras públicas por medio de las empresas que los diputados «recomiendan». Así, la empresa no necesariamente es la mejor para hacer el trabajo, sino que logró el contrato gracias a la influencia política.

La manera en que funciona la economía mexicana hace que el niño Dios llore sangre ¿legisladores, permitirán que esto siga pasando?

Jesús

¿Por qué debería preocuparnos esto?

The Economist nos advierte que el capitalismo basado en el rentismo no solo es injusto, sino que también es malo para el crecimiento de los países a largo plazo: los recursos son mal distribuidos y la competencia es reprimida (dan como ejemplo los excesivos precios que todavía pagamos los mexicanos por el servicio telefónico, aunque esto podría cambiar con la reforma en telecomunicaciones). Los sectores más involucrados son el de minería, el petróleo, el gas y la banca.

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Esto ni quiere decir que los políticos mexicanos sean especialmente corruptos (aunque tampoco lo descarta).

Al final del día podríamos estarnos enfrentando a uno de las posibles etapas en las que termina ciertas prácticas «malintencionadas» capitalistas: la plutocracia. La plutocracia o el poder de los ricos se refiere a un tipo de gobierno distópico en el que los que ejercen el poder y dirigen el gobierno son los ricos. Y si esta no fuera nuestra situación ¿por qué el Estado no garantiza la competencia? ¿Por qué no tenemos a miles de personas moderadamente adineradas en vez de un pequeño porcentaje de la población excesivamente rico y otro porcentaje mayúsculo excesivamente pobre?

¿Y qué se puede hacer?

Para empezar el Estado debe ser un regulador competente y para hacerlo debe fortalecer las instituciones que regulan cada uno de los sectores (como el de telecomunicaciones) que eviten el empoderamiento y la mala praxis económica de las empresas (tanto mineras, como de energéticos, de cemento, de alimentos, de telecomunicaciones, etcétera). Sólo así podríamos comenzar a sacudirnos este sistema que tiene como uno de sus tantos efectos el empobrecimiento de la mayoría de la población y la mala calidad de los servicios y los productos en el país.

Pero bueno aquí hay algunos consejos que da el señor Burns para se exitoso en los negocios.



***Vía The Economist, Reforma