Nueve años después de aquel concierto ínfimo, de apenas 30 minutos fungiendo como abridores de Pearl Jam en el Palacio de los Deportes, Mudhoney, banda progenitora y padrinos involuntarios del Grunge, pisarían suelo mexicano de nueva cuenta en un concierto lleno de nostalgia por los buenos viejos tiempos.

Los encargados de calentar el ambiente para esta noche fueron los veteranos Mustang 66

que ya tienen sus buenas décadas dedicándose al Garage, aunque con una alineación en constante rotación que no ha logrado cimentarse del todo. Para algunos esto le da un sentimiento de frescura, de banda nueva, para otros es un obstaculo a la solidez en búsqueda de un sonido propio. Lo cierto es que el grupo hizo lo suyo bajo el comando de Tere Farfisa y sus teclados tenebrosos, Bibian Blue en el bajo y voz, el Chato Calambres en la batería y Zergio S. en la lira con mucho fuzz. Así mismo apuntaron la osadía de los organizadores para traer bandas como Mudhoney, pues nadie quiere arriesgar con bandas de propuestas más interesantes aunque no representen un negocio millonario. Apenas media hora de un set garagero tradicional para esta banda capitalina.

Les siguieron la dupla de los hermanos Tranquilino, Arturo y Antonio, quienes bajo el apelativo de Yokozuna continuaron con la distorsión y alto volumen, aunque desafortunadamente el audio del local no fue su aliado esta noche. La voz se perdía por momentos y de repente todo se escuchaba como una plasta amorfa. Aun así este dúo, ya con buenas tablas en todo tipo de escenario, se rifó como siempre lo sabe hacer y a cambio se llevaron buenos vítores de la audiencia.

Después de algunos minutos en los que desde el escenario se hizo reconocimiento a las personas que ayudaron a que el show fuera posible, Mudhoney tomaba el escenario sin mayores aspavientos. No hubo una intro, no se apagaron las luces, nada pomposo. El cuarteto simplemente salió al escenario, tomaron sus instrumentos y luego del primer caliz para ver que todo sonaba, comenzaron a tocar. En un principio la gente no parecía conectar mucho con lo que salía de las bocinas. De nueva cuenta el sonido estaba bastante saturado, pero al transcurrir de la velada, fue mejorando lo suficiente para dejar apreciar a las leyendas de Seattle.

Un público compuesto en su mayoría por mayores de 30 y varios veinteañeros que habían ido a postrarse ante los papás de Nirvana. Muchos lucían camisas de franela , aquel viejo “uniforme” noventero tan socorrido durante toda la locura del Grunge. El ambiente estaba cargado de nostalgia y pronto comenzó a formarse esa especie de slam “brincador” que fue la pesadilla de los metaleros en aquellas épocas. Muchos otros intentaban nadar entre las cabezas de la gente, y otros más subían al escenario tratando de arrojarse a la gente pero la distancia era demasiada y hubo varios intentos fallidos que arrancaron risas.

El ambiente se fue calentando más y más, los empujones estaban a la orden del día. De igual manera el grupo parecía haber entrado en calor y una tras otra nos recetaron sus canciones sin descanso. Mark Arm gritando y empuñando su Gretsch plateada, complementaba los estupendos riffs y melodías que armaba el Steve Turner con su Gibson ES-335 roja, a la izquierda del escenario don Guy Maddison hacía un grandioso trabajo con las notas graves de su bajo Fender Precission, imprimiendo muy chidos licks que hicieron olvidar la ausencia del fundador Matt Lukin. Detrás de ellos Dan Peters aporreaba los tambores con una precisión casi robótica; baterista excepcional que mostró una solidez que pocas veces se encuentra hoy en día, pues la mayoría de los bateristas están demasiado ocupados haciendo piruetas como para dedicarse a ser el ancla rítmica de la banda y hacia el final de la velada nos sorprendió con un solo chingonsísimo.

Mudhoney daba cátedra de cómo una banda sin aspiraciones a la fama banal puede mantenerse íntegra, no convertir a la música en una máquina de hacer dinero para solventar las vanidades, sino respetarla y hacer que tuviera ese lugar especial al que pertenece. Si tus motivaciones para escribir canciones están basadas en hacerte rico, lo más probable es que tu creatividad se muera y te limites a ser complaciente. Mudhoney hizo todo lo contrario. No son millonarios, todos tienen empleos como nosotros, pero gracias a eso han logrado establecer una reputación y un respeto que se vio reflejado con todo el público que había llenado el lobby del Circo Volador esta noche. La conexión entre la banda y la audiencia era electrizante, a cada ataque de guitarra había una respuesta del otro lado del escenario, todo mundo estaba feliz. Mark y Steven esbozaban sonrisas, como incrédulas, casi tímidas sobre lo que estaban atestiguando. Sonaron varios rolones como “You Got It (Keep It Out of My Face)”, “Touch Me I’m Sick” con la que se desató una verdadera batalla campal entre todo el público; “I Like It Small”, “Broken Hands”, “Slipping Away”. Mark se disculpó por el mal estado de su voz (cosa que a nadie pareció importarle) y dijo que su esposa lo había contagiado (aunque no estaba seguro de dónde se habría contagiado ella).

El grupo se despidió del escenario dejando detrás una noche inolvidable en la que muchos volvimos a ser jóvenes otra vez y lo mejor, de nuevo nos volvimos a emocionar con una banda.

SETLIST:

Sonic Infusion
I Like It Small
You Got It (Keep It Out of My Face)
Who You Drivin’ Now
Fearless Doctor Killers
Broken Hands
Slipping Away
Flat Out Fucked
J.R.R.T.
Sweet Young Thing
Touch Me I’m Sick
What To Do With the Neutral
I’m Now
The Final Course
The Open Mind
Chardonnay
The Only Son of the Widow Nain

FB: IvanNieblas

Fotos: Diego Figueroa