Por Diego Castañeda

Es temporada de bodas. En las últimas semanas he sido invitado a cuatro. En lo que va del año he escuchado de al menos cinco más y para cuando termine el año seguramente el número estará en dígitos dobles. Quizá los lectores pensarán que lo anterior habla más de mi rango de edad que de algún fenómeno económico que valga la pena ser comentado; sin embargo, para el ojo entrenado (o suficiente curioso) denota un fenómeno al que cada vez se le presta mayor atención: el llamado “emparejamiento selectivo” (Assortative Mating).

 

Se preguntarán, entonces, ¿qué es el emparejamiento selectivo? La idea es bastante simple, pero con implicaciones muy potentes (que exploraremos un poco más adelante). El emparejamiento selectivo es la idea de que los sujetos tienden a emparejarse (casarse, vivir en pareja, etcétera) entre individuos que se les parecen en un determinado espectro de características. Las características principales suelen ser nivel educativo, niveles de ingreso, ramas de estudio/profesiones y una gama de preferencias referentes a estilos de vida.

Hasta este punto parece algo totalmente normal, intuitivo incluso. No parece existir gran ciencia detrás de la idea de que la gente disfruta estar con la gente con la que tiene algo en común y, en general, esta observación es correcta y sin mayor relevancia; sin embargo, tiene más complejidad de la que aparenta, por una serie de efectos secundarios que están empujando la desigualdad de ingresos en el mundo y generando “guetos” o “burbujas” sociales que hacen a la sociedad más frágil, al hacerla más homogénea entre algunos grupos y más distante entre ellos.

La idea de que algo tan común e intuitivo sea una de varias causas detrás de esos fenómenos merece una buena explicación (o al menos la discusión de distintas hipótesis).  De acuerdo a un articulo publicado en 2010 por Christine R. Schwartz hasta un 30 por ciento del incremento en desigualdad de ingresos en el periodo de 1960 al presente en Estados Unidos puede explicarse por el efecto del emparejamiento selectivo.

Si bien existen otros factores que han empujado la creciente desigualdad, y que parecen tener una mayor fuerza –la disminución en impuestos para altos ingresos, el sesgo en el cambio tecnológico (que los empleos que se crean con mejores pagas están diseñados para personas con más capital humano), el estancamiento de los salarios o la pérdida de poder de los sindicatos, por poner unos ejemplos– la literatura reciente sí apunta a una relación positiva entre este tipo de emparejamiento y la trayectoria ascendiente de la desigualdad.

Pongamos todo esto en términos familiares de este espacio. Hace algunas décadas, los emparejamientos ocurrían de forma más heterogénea, entre distintos niveles de ingreso o nivel educativo, como cuando Peter Parker se casa con Mary Jane Watson (él rondando la pobreza y ella con un trabajo estable). En tiempos recientes, esta dinámica ha cambiado y existe una mayor cantidad de emparejamientos entre individuos de los mismos niveles educativos o de altos niveles de ingresos, como Bruce Wayne y Thalia al Ghul (ambos hijos de dos dinastías).

En la vida real, esta segunda dinámica (la de Batman) tiene como efecto la concentración de oportunidades entre grupos más pequeños (formación de élites futuras, en este caso el joven Demian Wayne) o lo que algunos suelen llamar “power couples”. En pocas palabras, el dinero y el talento o capital humano se concentran más y más en pequeños grupos, llevando a una serie de resultados de desigualdad en la sociedad.

Hoy en día es común que banqueros se casen con banqueros, abogados con abogados (y que sus círculos sociales consistan del mismo tipo de personas) lo cual lleva a otro fenómeno social, el de las llamadas “cámaras de resonancia” o “burbujas”. Conforme los círculos sociales se hacen más homogéneos entre sus integrantes (todos piensan igual, leen lo mismo, tienen preferencias semejantes), estos grupos suelen aislarse de la realidad social. Tienen más dificultad para entender el contexto en el que viven y los sucesos que escapan a dichos círculos, generando tensiones entre los grupos que son diferentes. Algo que suele observarse mucho en los círculos de las redes sociales. 

El costo de este tipo de fenómenos para la sociedad es en términos de fragilidad, las sociedades más homogéneas suelen estar vinculadas a dinámicas económicas y sociales más propensas al estancamiento y a la complacencia, son menos tolerantes frente a la diferencia y tienen más resistencia a ideas nuevas. Las sociedades que incorporan más heterogeneidad tienden a estar vinculadas a mayor dinamismo, después de todo, las diferencias son una buena fuente de progreso, por ejemplo. en términos de innovación o de tolerancia.

Después de todo esto, muchos se preguntarán, ¿qué se puede hacer? ¿es malo lo que sucede?

La respuesta es que no se puede hacer mucho, al menos no de forma individual. Este tipo de dinámicas parecen ser naturales; después de todo, es natural sentirse atraído por personas semejantes o más fácil convivir con personas parecidas a nosotros. No obstante, a nivel estructural (social) podemos pensar en formas de crear una sociedad más igualitaria y, por tanto, menos frágil.

La forma de hacerlo es acabar con las desigualdades estructurales que existen (étnicas,  de género, etc.) y promover una mayor igualdad de oportunidades al igualar el acceso y la calidad de la educación, el acceso y la calidad de la salud y, en general, de todos los servicios que un Estado moderno debe proveer a sus habitantes. En la medida en que logremos una mayor igualdad de oportunidades y de resultados el efecto de dinámicas como la del emparejamiento selectivo será menor. En lugar de obtener como resultado formación de pequeñas élites, tendremos de forma natural sociedades más iguales, aunque tengan individuos cada vez más preparados y con mayores ingresos.

Para aquellos entre ustedes que, como yo, estén viendo un desfile de matrimonios, si de pronto se encuentran aburridos, siempre pueden intentar imaginar cómo es que las dinámicas sociales que parecen muy simples pueden, bajo las condiciones correctas, terminar en una linda distopía.

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Diego Castañeda es economista por la University of London.

Twitter: @diegocastaneda

Fotos: YouTube y Shutterstock