Hoy es un día triste para las lengua española, en especial para las letras chilenas, y es que el escritor Pedro Lemebel murió a sus 62 años, pero ¿Quién fue Pedro Lemebel? y ¿Por qué nos causa tanta admiración?

Según el diario chileno La Tercera, la muerte le llegó después de haberse encontrado mal de salud a causa de un cáncer en la laringe, motivo por el cual se encontraba internado en la Fundación Arturo López Pérez.

En diciembre pasado escribió Lemebel en su página de Facebook:

“El maldito cáncer me robó la voz, aunque tampoco era tan afinado que digamos”

Pero ¿Quién podía callar a esta fortísima voz de la disidencia?

Lemebel nació el 21 de noviembre de 1952, era de origen humilde y contó con una vasta trayectoria literaria, pero no fue hasta el 2014 que fue nominado al Premio Nacional de Literatura del país sudamericano.

Alguna vez nuestro querido escritor Carlos Monsivais dijo acerca de él:

“Desde mi primera lectura de Pedro Lemebel lo supe sin necesidad de augures: estaba ante un escritor singular, dueño -de manera eslabonada- de la prosa que proviene de un oído literario excepcional, del don de la metáfora… y de una solidaridad narrativa con los marginales, sus semejantes, no exenta de burla o de crueldad”

Pero la crueldad de Lemebel era un espejo, el espejo de la crueldad de la sociedad, del sistema, la crueldad que uno vive desde afuera. Su escritura ácida es crítica y muestra que se puede ser, vivir y pensar de otras maneras.

Lemebel vivió en un Chile difícil y enfrentó esas dificultades con una su vida y su obra. Fue uno de los principales impulsores de la crónica urbana chilena y describió sin reparo alguna a la sociedad de su país (cuando la realidad es insoportable, describirla es un acto que nos ayuda a combatirla).

En plena dictadura chilena apareció en un encuentro de partidos opositores con tacones altos y una hoz pintada en el rostro y leyó su ya clásico Manifiesto “Hablo por la diferencia” y le mostró a los chilenos por vez primera de manera clara y bella lo que es vivir al margen:

“Hablo por mi diferencia

Defiendo lo que soy
Y no soy tan raro
Me apesta la injusticia
Y sospecho de esta cueca democrática
Pero no me hable del proletariado
Porque ser pobre y maricón es peor
Hay que ser ácido para soportarlo
Es darle un rodeo a los machitos de la esquina
Es un padre que te odia
Porque al hijo se le dobla la patita
Es tener una madre de manos tajeadas por el cloro
Envejecidas de limpieza
Acunándote de enfermo
Por malas costumbres
Por mala suerte
Como la dictadura
Peor que la dictadura
Porque la dictadura pasa
Y viene la democracia
Y detrasito el socialismo
¿Y entonces?
¿Qué harán con nosotros compañero?”

(…)

“A usted le doy este mensaje
Y no es por mí
Yo estoy viejo
Y su utopía es para las generaciones futuras
Hay tantos niños que van a nacer
Con una alita rota
Y yo quiero que vuelen compañero”

Valiente y con el coraje de decir la verdad, Lemebel todavía en el 2011 (después de varias cirugías para tratar su cáncer) atinó a decir:

“Aunque tengo la voz muerta, estoy enferma de vida”

Y tan “enferma de vida” estaba que la contagiaba con cada palabra, con cada acción. La vida, eso era lo principal, las ganas de que cada quien pudiera vivir, vivir de verdad.

Utilizó la palabra “sidoso” como una metáfora de la extrema marginación en la que arrojan a las personas y se la decía a sí mismo, a pesar de que no haber contraído nunca el virus.

Y sí, como también dijo Monsivais:

“En Lemebel la literatura y la militancia son inescindibles”

Era un profundo crítico, sobre todo de las instituciones, Lemebel no se casaba con ninguna postura si veía que ella misma acarreaba otro tipo de problemas…pero no me crean a mí, mejor lean su Manifiesto completo::

No soy Pasolini pidiendo explicaciones
No soy Ginsberg expulsado de Cuba
No soy un marica disfrazado de poeta
No necesito disfraz
Aquí está mi cara
Hablo por mi diferencia
Defiendo lo que soy
Y no soy tan raro
Me apesta la injusticia
Y sospecho de esta cueca democrática
Pero no me hable del proletariado
Porque ser pobre y maricón es peor
Hay que ser ácido para soportarlo
Es darle un rodeo a los machitos de la esquina
Es un padre que te odia
Porque al hijo se le dobla la patita
Es tener una madre de manos tajeadas por el cloro
Envejecidas de limpieza
Acunándote de enfermo
Por malas costumbres
Por mala suerte
Como la dictadura
Peor que la dictadura
Porque la dictadura pasa
Y viene la democracia
Y detrasito el socialismo
¿Y entonces?
¿Qué harán con nosotros compañero?
¿Nos amarrarán de las trenzas en fardos
con destino a un sidario cubano?
Nos meterán en algún tren de ninguna parte
Como en el barco del general Ibáñez
Donde aprendimos a nadar
Pero ninguno llegó a la costa
Por eso Valparaíso apagó sus luces rojas
Por eso las casas de caramba
Le brindaron una lágrima negra
A los colizas comidos por las jaibas
Ese año que la Comisión de Derechos Humanos
no recuerda
Por eso compañero le pregunto
¿Existe aún el tren siberiano
de la propaganda reaccionaria?
Ese tren que pasa por sus pupilas
Cuando mi voz se pone demasiado dulce
¿Y usted?
¿Qué hará con ese recuerdo de niños
Pajeándonos y otras cosas
En las vacaciones de Cartagena?
¿El futuro será en blanco y negro?
¿El tiempo en noche y día laboral
sin ambigüedades?
¿No habrá un maricón en alguna esquina
desequilibrando el futuro de su hombre nuevo?
¿Van a dejarnos bordar de pájaros
las banderas de la patria libre?
El fusil se lo dejo a usted
Que tiene la sangre fría
Y no es miedo
El miedo se me fue pasando
De atajar cuchillos
En los sótanos sexuales donde anduve
Y no se sienta agredido
Si le hablo de estas cosas
Y le miro el bulto
No soy hipócrita
¿Acaso las tetas de una mujer
no lo hacen bajar la vista?
¿No cree usted

“En Lemebel la literatura y la militancia son inescindibles”
que solos en la sierra
algo se nos iba a ocurrir?
Aunque después me odie
Por corromper su moral revolucionaria
¿Tiene miedo que se homosexualice la vida?
Y no hablo de meterlo y sacarlo
Y sacarlo y meterlo solamente
Hablo de ternura compañero
Usted no sabe
Cómo cuesta encontrar el amor
En estas condiciones
Usted no sabe
Qué es cargar con esta lepra
La gente guarda las distancias
La gente comprende y dice:
Es marica pero escribe bien
Es marica pero es buen amigo
Súper-buena-onda
Yo no soy buena onda
Yo acepto al mundo
Sin pedirle esa buena onda
Pero igual se ríen
Tengo cicatrices de risas en la espalda
Usted cree que pienso con el poto
Y que al primer parrillazo de la CNI
Lo iba a soltar todo
No sabe que la hombría
Nunca la aprendí en los cuarteles
Mi hombría me la enseñó la noche
Detrás de un poste
Esa hombría de la que usted se jacta
Se la metieron en el regimiento
Un milico asesino
De esos que aún están en el poder
Mi hombría no la recibí del partido
Porque me rechazaron con risitas
Muchas veces
Mi hombría la aprendí participando
En la dura de esos años
Y se rieron de mi voz amariconada
Gritando: Y va a caer, y va a caer
Y aunque usted grita como hombre
No ha conseguido que se vaya
Mi hombría fue la mordaza
No fue ir al estadio
Y agarrarme a combos por el Colo Colo
El fútbol es otra homosexualidad tapada
Como el box, la política y el vino
Mi hombría fue morderme las burlas
Comer rabia para no matar a todo el mundo
Mi hombría es aceptarme diferente
Ser cobarde es mucho más duro
Yo no pongo la otra mejilla
Pongo el culo compañero
Y ésa es mi venganza
Mi hombría espera paciente
Que los machos se hagan viejos
Porque a esta altura del partido
La izquierda tranza su culo lacio
En el parlamento
Mi hombría fue difícil
Por eso a este tren no me subo
Sin saber dónde vade
Yo no voy a cambiar por el marxismo
Que me rechazó tantas veces
No necesito cambiar
Soy más subversivo que usted
No voy a cambiar solamente
Porque los pobres y los ricos
A otro perro con ese hueso
Tampoco porque el capitalismo es injusto
En Nueva York los maricas se besan en la calle
Pero esa parte se la dejo a usted
Que tanto le interesa
Que la revolución no se pudra del todo
A usted le doy este mensaje
Y no es por mí
Yo estoy viejo
Y su utopía es para las generaciones futuras
Hay tantos niños que van a nacer
Con una alíta rota
Y yo quiero que vuelen compañero
Que su revolución
Les dé un pedazo de cielo rojo
Para que puedan volar.

Entre sus libros tenemos “La esquina de mi corazón”, “Loco afán: crónicas del sidario”, “De perlas y cicatrices” y su primera novela “Tengo miedo torero”.

También publicó “Zajón de la aguada”, “Adiós mariquita linda”, “Serenata Cariola”, “Háblame de amores” y “Poco hombre” entre otros libros.

Tal vez la crítica en lengua hispana haya perdido una voz, pero ésta, afortunadamente, se ha multiplicado.

@Filosofastrillo

Aquí pueden leer el texto completo de Monsivais.