Por Diego Castañeda

Hace un par de días Blanca Heredia publicó un magnífico texto donde hablaba de cómo las élites mexicanas son como extranjeros en el país, que no entienden la realidad que se vive y, por ello, encuentran tan difícil aceptar los cambios que se viven en México.

¿Qué cosas no estaban/están  viendo?

La imagen que mejor describe lo que no ven es es la siguiente, una imagen de la enorme diferencia que existe en México, con dos realidades muy claramente marcadas.

La gráfica muestra la evolución del ingreso promedio de cada decil de la distribución del ingreso en México por un periodo de 20 años, entre 1990 y 2010, en dólares ajustados por paridad de compra (el ajuste es por la base de datos que los estandariza). La brecha es enorme y, por ello, es casi increíble que no la vieran (o no la querían ver). El decil 1 con un ingreso anual de 790 dólares y el 10 con uno de 258 mil dólares. Una diferencia de 326 veces y una diferencia que está subestimada por usar datos en PPA, en pesos sería mayor.

Otra cosa que es muy notoria es que la diferencia en 1990 era pequeña y en los últimos 20 años explotó mientras que casi todo el resto de la distribución tuvo un crecimiento limitado. No ver esto implicaba también no ver otras cosas. Por ejemplo, 790 dólares es más o menos 2 veces el mínimo de subsistencia de una persona, pero esos 790 son datos de un hogar: eso quiere decir que un hogar que en promedio tiene 3.6 personas tiene un ingreso para sostener a 2; por eso, en buena medida los niveles de pobreza no han cambiado mucho, los ingresos en la parte baja son muy bajos y no se han beneficiado del crecimiento como sí lo hizo el decil 10 y en menor medida el 9 y el 8. (Si usáramos datos más recientes que incorporan hasta 2016, probablemente veríamos que esa brecha es más grande).

Hay 26 personas en el mundo casi tan ricas como la mitad de la humanidad

Otra cosa que podemos notar es que la distribución está muy comprimida, casi como si no existiera la clase media, o donde sólo los deciles 8 y 9 dentro del 30% más rico de la población tienen acceso a una vida que podríamos considerar de clase media. No ver esto es francamente no conocer el país donde viven.

Tan altos niveles de desigualdad se ven reflejados en México en menores estándares de vida, en tensiones políticas, en conflictos, menor cohesión social, menor crecimiento. El mundo de la élite mexicana de las últimas décadas ha puesto toda su atención en asegurar el funcionamiento de un sistema que funciona para muy pocos y donde la mayoría de las personas no tiene beneficios sustanciales.

Quizá si los esfuerzos de las élites mexicanas durante años no hubieran estado concentrados en la captura de rentas hubieran notado que la economía del país (por no decir otros temas) no está funcionando. México es un país que tiene ya casi cuatro décadas sin crecer de forma adecuada y además con un crecimiento muy mal distribuido. Mientras nuestras élites no comprendan estos problemas y la necesidad de atenderlos con urgencia, van a seguir desconectados del país y su realidad social y política. Mientras no reconozcan que abogan por un modelo de economía que no funcionó y que está más cargado de dogmas que de soluciones van a seguir sin entender los cambios que está viviendo México.

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Diego Castañeda es economista por la University of London.

Twitter: @diegocastaneda