Por Susana Ochoa

En Jalisco, el gobernador Enrique Alfaro está confundido. Ve enemigos donde no los hay y ve disputas personales donde hay genuinos cuestionamientos sobre sus políticas de gobierno. En sus primeros 100 días ya había declarado la guerra a las feministas llamándolas mentirosas en medio del debate sobre la desaparición del Instituto Jalisciense de las mujeres.

La personalidad política de Enrique Alfaro es muy clara. Dice que le gusta dar la cara, pero pocas son las veces que ha dado ruedas de prensa sobre temas importantes en el estado: la eliminación del instituto de las mujeres de Jalisco, el incremento a la tarifa del transporte público, la crisis de desapariciones o, como vemos ahora, la emergencia de dengue.

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Foto: @EnriqueAlfaroR

En su lugar, Enrique Alfaro realiza videos que sólo publica en redes sociales y que los medios retoman para publicar al día siguiente. La fórmula de sus declaraciones se repite: comienza diciendo que está para dar la cara, que no hay crisis, que sus adversarios son mezquinos e inventan problemas donde no los hay. Pero… ¿mezquinas son las personas que pagarán 30% más de transporte público? ¿Las mujeres que tienen años luchando para que el Estado responda? ¿Las familias de las y los desaparecidos que van todos los días al instituto Jalisciense de Ciencias Forenses a pedir información?. 

Es conocida también su política de dar pocas entrevistas. Periodistas de Jalisco han mostrado molestia de la poca facilidad que tienen de encontrar espacios para entrevistar a funcionarios de su administración. Las personas que toman decisiones sobre el estado no pueden cerrar las puertas al interés público. 

Un Gobierno Estatal que le apuesta tanto a la participación ciudadana y a la refundación, contrasta con las actitudes autoritarias y opacas en las cuales opera.

Como cuando decidió que vendería como proyecto de vivienda las Villas Panamericanas a una empresa con menos de 4 meses de creación, cuando pudo existir un proceso amplio, social y participativo para solucionar la inversión que los trabajadores del estado pusieron en ese proyecto que no debió existir en primer lugar.

A Enrique Alfaro le tiene que quedar claro que no se trata de él ni de su sueño de ser presidente. Que cuando exigimos respuestas y acciones es porque la responsabilidad es de quien tiene el poder. Las personas piden que se cumpla el mandato de gobernar para que en Jalisco avancen todas las personas y no nos hace ningún favor. Los reclamos de las mujeres en Jalisco son reales y no son un berrinche porque tenemos claro que no hay manera de que se refunde nuestro estado ni el Estado sin las mujeres al frente y los derechos humanos al centro de la discusión. No cabe duda que la política hecha desde los liderazgos patriarcales y autoritarios serán insuficientes para los tiempos que vivimos.

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Susana Ochoa es vocera de Futuro, fue candidata independiente a una diputación en Jalisco y coordinadora de comunicación de Pedro Kumamoto en el Congreso.

Twitter: @Susanaochoach