¡La cuenta por favor! Yubán y Escondite recitan una “oda al cerdo” en seis turnos

En el capítulo anterior de nuestras aventuras en el Corredor Roma-Condesa acudimos a una cata de chocolates en Dolcenero. Descubrimos que el chocolate se lleva bien con casi todo: mezcal, pimiento rosa, aceite de oliva, te verde y ¿por qué no? chicharrón. Al día siguiente fuimos a una cata de cervezas en el Biergarten del Mercado Roma. Ahí nos sirvieron cuatro tipos de cerveza: La Legendaria Witbier, la Cucapa Honey, una Tempus Dorada y una Tempus Doble Malta. Y qué bueno que no nos sirvieron una quinta copa o de lo contrario, nuestro redactor no se hubiera acordado de nada.

Entre estas dos degustaciones, fuimos invitados al Yubán para disfrutar de un menú de seis tiempos. Este lugar está ubicado sobre la calle Colima 268, casi esquina con avenida Insurgentes. Se trata de un restaurante de comida casera de origen zapoteco, aunque sólo por esta ocasión, el Yubán se vistió de otros colores para servir de anfitrión a la cocina itinerante de Escondite. Este proyecto culinario al mando de la chef Alejandra Coppel, se lleva a cabo en “un espacio y tiempo determinado, donde nada se volverá a repetir otra vez”. Con motivo del Corredor Cultural, Escondite nos presentó un menú especial que bautizó como “la oda el cerdo”, o sea, “una alabanza a este preciado animal, cocinando -con el debido respeto que merece- las diferentes partes que lo componen”.

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Al llegar nos dieron la bienvenida con una Bohemia Clara, porque nada te puede poner de mejor humor que una cerveza fría antes de siquiera pedirla. Incluso una mixóloga de Bohemia vino a nuestra mesa para platicar un poco sobre las propiedades características de cada cerveza que nos sirvieron a lo largo de la noche y el maridaje recomendado. De inmediato llegó el primer turno con un durazno enrollado con jamón serrano, un carpaccio de queso de puerco, orejas fritas, y todo esto acompañado por un mojito. Voy a tener que robarme la idea del durazno con jamón serrano porque nunca se me hubiera ocurrido algo tan sencillo y tan delicioso a la vez.

El siguiente platillo en el menú fue un pho de pork belly y filete rostizado, maridado con un Beefeater & Tonic exquisito. Seguido por un ravioli de chamorro confitado (platillo que aparece en la foto de arriba, acompañado por una Bohemia Bull, la cual es una cerveza con fuerte sabor a miel. No teníamos prisa, cabe decir, pero todo era tan exquisito que la conversación se tornaba a segundo plano. El pho, por cierto, es una pasta de fideos vietnamita, también conocida como noodles. El pork belly le da un sabor distinto al que ya estamos acostumbrados.

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En la imagen de abajo puedes ver un sandwhich abierto (literalmente) sobre una tabla de madera: de un lado, una papada con tomate y berros, y del otro la pancetta con huevo estrellado. Por si fuera poco (¿y cómo podría ser?) un cocktail de mezcal 570. El cocktail estaba preparado con pepino, jarabe y limón. El último plato fuerte de la noche era un taquito aparentemente inofensivo de cochinillo horneado, pero que al probarlo, la salsa de Jamaica le daba un sabor de esos que te obligan a saltar los ojos. Realmente es una oda, en todos los sentidos de la palabra. También nos sirvieron un Jameson Old Fashioned, lo cual ya era suficiente para tumbar a cualquiera, aunque el maridaje con la comida le restaba su potencia a los efectos del alcohol.

Como cualquier cosa que se disfruta con mucho gusto, el festín tuvo que marcar su punto final para la decepción de los presentes. Así que para el postre nos pusieron sobre la mesa un Butter Scotch con caramelo salado y tocino, acompañado por una Bohemia Weizen, la cual es una cerveza de trigo. En fin, hasta el ateo más empedernido tiene que juntar las manos y decir gracias por estos alimentos y muchas gracias a nuestros amigos de dondecomere.net por la invitación. Amén.

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T y F: @ShyTurista