Por Roco Casillas

“No te tomes tú la vida tan en serio, de una forma o de otra forma de ella vivos nunca vamos a salir; vive, baila, canta, goza, que la vida es muy hermosa y en el mundo hay tantas cosas que te ponen muy feliz… Jamás se sientan solos, jamás se sientan tristes, que hemos venido todos al mundo a ser felices…”

El Maestro Horacio Mendoza, Director Musical del Coro Gay Ciudad de México, da la señal con la mano, y voces y música cierran el calderón final de “El Noa Noa”. Los aplausos inundan el Teatro de la Ciudad “Esperanza Iris”, que se convirtió en Dragatitlán por una noche para celebrar la libertad y la diversidad sexual. Cae el telón y los casi 50 integrantes del Coro se abrazan entre sí y felicitan al resto de los artistas involucrados en el show: drags, acróbatas, comediantes, cantantes y, sobre todo, a Roberto Cabral, quien se encargó de volver las estrellas de la noche en lentejuelas con esta sinergia artística de la Comunidad LGBTTTIQ.

Hace tan sólo cuatro años, en Junio de 2013, empezó la idea de generar este proyecto y, ahora, pocos días después de su aniversario y de su presentación en el Teatro de la Ciudad, me pude sentar a platicar con el comité organizador del grupo. Ellos son Oscar Urtusástegui, Luis Domínguez y Enrique Torralba que, cuando no están gestionando el Coro, trabajan como administrador de empresas turísticas, mercadólogo y diseñador gráfico, respectivamente.

Sobre el inicio del proyecto, Luis me explica,

L: Dos del comité ya teníamos experiencia en coros. Estábamos en un coro anterior que también era gay, pero no abiertamente. Y bueno, el coro cantaba cosas muy tradicionales […] Teníamos muchas ganas de hacer algo más moderno, más innovador. En lo personal a mí se me caía la baba con lo que veía que hacían en Estados Unidos. Era un movimiento que venía creciendo y quería hacer algo así […] Duramos un buen rato esperando a que surgiera [este movimiento] en México, y no surgía. Y empezó así: Si no lo va a hacer nadie, nosotros lo hacemos.

El movimiento que refiere Luis fue detonado el 27 de noviembre de 1978 cuando Harvey Milk, uno de los primeros oficiales de los Estados Unidos en asumir abiertamente su homosexualidad, fue asesinado junto con el Alcalde de San Francisco, George Moscone, por promover políticas en favor de los derechos de los gays.

En plena vigilia de ese fatídico día, un grupo de hombres que apenas contaban con cuatro ensayos juntos, bajo la dirección de Dick Kramer, se dirigieron al ayuntamiento a cantar para protestar dichos asesinatos. Y así, de la zozobra se alzó la música para unir a la gente y curar un poco sus almas. Ese grupo de hombres se consolidaría poco después como el San Francisco Gay Men’s Chorus, el primer coro gay de la historia

Cuatro décadas después este movimiento llegaría a México, un país cuya capital fue declarada recientemente como una de las 30 ciudades Gay Friendly del mundo y, que al mismo tiempo, es el 2do lugar mundial en crímenes por homofobia.

Pero, ¿por qué enfatizar que se trata de un Coro Gay? ¿Qué se gana con esa etiqueta?

L: Es por la cuestión de la visibilidad, simplemente porque queremos representar… a lo mejor esperanza. […] Hasta el día de hoy siguen habiendo muchos suicidios de adolescentes, bullying en las escuelas, rechazos familiares, despidos [relacionados a la preferencia sexual de una persona].
O: Otra cosa muy importante es que no queremos que únicamente tener el nombre de Coro Gay nos garantice invitaciones [a conciertos], sino que queremos hacer algo de calidad. […] Sabemos que tenemos mucho, mucho que recorrer […] Pero una de las cosas que queremos lograr es, con el tiempo, poder entrar a festivales que no sean exclusivos de la comunidad. Donde empecemos a darnos un tú por tú con coros [profesionales].

Pero lo gay no se lleva sólo en el nombre. El mensaje que manda este coro con su repertorio es directo y confronta a su auditorio con canciones Pop que han podido atravesar los filtros mediáticos y morales de una sociedad conservadora como la mexicana. En sus conciertos suena la Trevi, Flans, Kabah, y por supuesto, Juanga, quien en 1990 puso a jotear a un país de machos en el máximo recinto de la música en México: Bellas Artes.

 

Sin embargo, queda la duda, ¿en qué momento el discurso de una comunidad puede caer en el cliché, sobre todo con selecciones musicales como éstas o “Dancing Queen” de ABBA?

L: Lo primero es que nos divirtamos nosotros, que nos guste, y que sea algo que no se haya hecho. Si nosotros no cantáramos Juan Gabriel sería estar dejando de lado algo que se tiene que hacer.
O: Nuestra visión definitivamente ha ido cambiando, principalmente con el contacto con los Coros de los Estados Unidos, como el de San Francisco o Nueva York. A ellos les preguntamos “¿En qué momento deciden permitirse salir en drag? ¿En que momento deciden maquillarse, literalmente jotear?” [Y nos respondieron] “Ustedes tienen que ser los primeros en aprender a quererse, a reírse de sí mismos y a respetarse. En ese momento pueden hacer lo que quieran en el escenario.”

Quererse, reírse, respetarse. Y además aceptarse. Los efectos del coro en sus integrantes son visibles en sus presentaciones. La primera vez que los vi cantar fue en una función navideña en 2015, su primer gran concierto, en el foro de un hotel en la Zona Rosa. De esa noche recuerdo el impacto que me causó ver a algunos de los cantantes llorando, no de tristeza, si no de felicidad. Se encontraban radiantes por poder mostrar quiénes eran y ser apreciados por ello.

O: Una cosa muy especial dentro de este grupo ha sido como el Coro les ha cambiado la vida [a las personas que han entrado en él]. Muchos de ellos, muchos, han salido del closet invitando a sus familiares a los conciertos. […] Por ejemplo, uno de los chicos nos dijo que había traído a su abuelita y su abuelito, y que se encontraba aterrado antes del concierto. Pero al final su abuelita le dijo que estaba muy orgullosa de él y que lo amaba con toda su alma. Que le encantaba que estuviera haciendo esto y que siguiera adelante.

Además de aceptarse y presentarse al mundo como quieren ser queridos, los integrantes de este Coro han establecido una relación nueva con la música, pues la inmensa mayoría del grupo no había tenido estudios musicales más allá de los recibidos en primaria y secundaria. No es extraño que la gente tienda a alejarse de la práctica musical en un país que tiene su plan de estudios girando alrededor de una maldita flauta dulce. Comparado con ese infame instrumento, cualquier otro parece reservado para un grupo de virtuosos en el misterioso arte del sonido que baila. La riqueza de este coro, y lo que lo vuelve una experiencia entrañable, no es sólo que busca visibilizar una comunidad y establecer lazos de apoyo entre sus integrantes, sino que permite que gente sin una educación musical formal pueda desarrollarse emocional, espiritual y socialmente a través del canto de manera recreativa.

Así como una comunidad se unió para reclamar sus derechos y sanar sus almas bajo el cobijo reconfortante de la música en la noche de los asesinatos de Milk y Marcone, en los conciertos del Coro Gay Ciudad de México encontramos cómo las voces y las historias de sus integrantes se unen para promover uno de los tantos discursos de una comunidad omitida y violentada por la sociedad en la que habita, un discurso construido a partir de la música Pop, no utilizada sólo para sacar dinero, sino que apropiada y adaptada para llevar un mensaje de aceptación hacia sí mismo y hacia los otros tal y como son.

El Coro Gay Ciudad de México tiene audiciones abiertas permanentemente. 

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Roco Casillas estudió literatura inglesa en la UNAM. Es músico y estudia una maestría en gestión cultural.

Twitter: @rocorcholata