Por Diego Castañeda

Después de 9 años de existencia, por fin terminó Game of Thrones. A los fans de A Song of Ice and Fire y de la serie en general ha sido casi una década muy buena y aunque exista bastante división en las opiniones sobre la calidad de la serie en las últimas temporadas, para todos es seguramente difícil dejar ir la saga (sobre todo continuando la espera infinita por los últimos dos libros).

Cuando George R. R. Martin comenzó a escribir la serie tenía la intención de contar una historia fantástica, pero que no cayera en los lugares comunes del género, famosamente hablando sobre El Señor de los Anillos la saga de Tolkien que admira, Martin comentaba: “¿cuál era la política fiscal de Aragorn?”, “¿qué haría en tiempos de hambruna o con la pobreza”?

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Y para todos los lectores de ASOIAF o fans de la serie al menos por unas 5 temporadas debieron notar que la economía de poniente siempre es un asunto importante en la trama. Sea el oro de los Lannister o las deudas de la corona con el Banco de Hierro en Braavos o los problemas para alimentar tropas, pagar mercenarios y tener ejércitos en condiciones de ser movilizados. De forma decepcionante este tipo de cosas, por lo que parecen prisas y malas decisiones por parte de los escritores, fueron quedando fuera las últimas temporadas, una de tantas cosas en detrimento del espíritu de la historia que cuenta Martin en ASOIAF.

Pero para subsanar el tema de la economía de Poniente, mientras esperaba a que saliera el último capítulo, decidí que sería una buena oportunidad para hablar sobre algo que tienen en común los siete reinos con las economías latinoamericanas en el siglo XX: el riesgo de crisis de balanza de pagos.

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Foto: HBO

En Poniente parece que se sigue un patrón bimetálico, es decir, la moneda circulante parece ser primordialmente oro y ocasionalmente plata. Sabemos que este tipo de arreglos monetarios son muy inestables y producen lo que se conoce como la Ley de Gresham (“el mal dinero expulsa al buen dinero”): las personas prefieren retener el metal más valioso y usar para el intercambio el menos valioso. Sabemos que las minas de oro de los Lannister se han agotado por lo que debe existir menos circulante en la economía y que el oro de los Tyrell fue usado para pagar deudas con el Banco de Hierro.

Esta serie de circunstancias, asumiendo que Poniente no tiene más reservas de oro disponibles, apuntan a que no tiene la capacidad de pago de sus obligaciones con el exterior, y como vemos en la serie y en los libros a la corona le encanta pedir prestado para pagar justas de caballeros o mercenarios o toda clase de cosas. La corona de Poniente se encuentra en la muy complicada y nada grata situación de las economías latinoamericanas en los años ochenta donde tenían grandes déficits. No conforme con eso, el no tener oro implica que también su comercio se dificulta y dado que las guerras han destruido una buena parte de su aparato productivo la capacidad de exportación de Poniente no debe ser muy buena, seguramente el que sea que se quede en el trono va heredar una situación de déficits gemelos.

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El problema con esta situación es que es insostenible en el tiempo y al menos que ocurran situaciones como depreciaciones muy fuertes de la moneda no es fácil arreglarlas. El nuevo hipotético rey o reina de Poniente enfrenta además el problema de que, a diferencia del papel moneda, los metales no permiten controlar la oferta monetaria para responder a estas crisis.

Es desafortunado que todas las posibilidades para ampliar la narrativa de la historia estas temporadas y dar contexto sobre los sucesos que pasan en la serie hayan quedado chatas. Pero, en fin, para los lectores de ASOIAF siempre podremos ver cómo las estructuras de la sociedad de Poniente importan más que las meras personalidades de sus personajes.

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Diego Castañeda es economista por la University of London.

Twitter: @diegocastaneda