Por Diego Castañeda

En el nuevo episodio de la guerra comercial China-USA llegamos a un nuevo punto álgido: el enfrentamiento tecnológico, reflejado en las sanciones a la empresa china Huawei para que las firmas estadounidenses no hagan negocio con ella. Para entender el asunto debemos tener en cuenta que en China existe una línea muy tenue entre las empresas y el gobierno. En la mayoría de los casos, las empresas chinas son en algún porcentaje socias del Estado.

¿Por qué esto es relevante?

En el caso de la creciente competencia por influencia en el mundo entre China y Estados Unidos, el escenario principal es tecnológico, una disputa por quién es el líder del mundo, en especial en temas como inteligencia artificial. En este campo las grandes empresas tecnológicas como Huawei y como Apple, Google o Facebook, están a la cabeza.

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La economía china lleva décadas creciendo a tasas aceleradas sin precedente en la historia y ha recortado la distancia con Estados Unidos. Si la tendencia continúa, en las próximas décadas la economía China será de forma conservadora 20 o 30 por ciento más grande que la de Estados Unidos y quizá mucho más, quizá tendrá el doble de tamaño. En ese contexto Estados Unidos se encuentra frente a una situación muy delicada: ¿cómo manejar el ascenso de un poder que no entiende del todo? Y que, de hecho, casi nadie en el mundo dimensiona. Dentro de todas las opciones a su alcance, parece que Estados Unidos ha decidido lidiar con esa pregunta impidiendo que le superen en el ramo tecnológico. Haciendo la guerra comercial, de fondo, un enfrentamiento entre Shenzhen y Sillicon Valley.

Guerra Comercial Estados Unidos

Imagen: Shutterstock

Ahora bien, esto nos lleva a un segundo nivel del problema: los efectos de este enfrentamiento para los consumidores en el mundo. El problema de que se creen obstrucciones a las grandes empresas tecnológicas de los dos lados, de forma natural eleva los costos para todos; cambiar las cadenas de suministro en el corto plazo es caro. Pero el problema más preocupante es la existencia de estas grandes empresas tecnológicas. En un mundo donde empresas como Google o Amazon o Facebook tienen tal poder de mercado, al grado de ser estructuras oligopólicas en el sector tecnológico, un enfrentamiento así sólo genera perdedores.

¿Qué podemos aprender de esto?

El resto del mundo deberíamos tomar una lección de este conflicto: no deberemos permitir que sigan existiendo empresas de ese tamaño, que ponen bajo amenaza a consumidores de todas partes por el control que existe en estas industrias. No es gratuito que hoy en el mundo se discuta de forma muy extendida si debería o no dividirse en empresas más pequeñas este tipo de compañías.

El enfrentamiento comercial entre China y Estados Unidos, de continuar, va tener muchas repercusiones en la economía mundial, muchas de ellas que nos van a hacer repensar el funcionamiento de la economía en las décadas que vienen. En un futuro en el que existirán dos o tres economías gigantes y un montón de economías pequeñas y medianas se va necesitar mucha coordinación entre estas últimas para poder influir en el nuevo orden económico mundial.

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Diego Castañeda es economista por la University of London.

Twitter: @diegocastaneda