Cultura

Gracias por venir-te

Por Mariana Pedroza

Las estadísticas varían, pero se calcula que el porcentaje de mujeres que alcanzan el orgasmo durante el coito oscila entre el 30 y el 60%, un porcentaje escandalosamente bajo comparado con el del varón, que es de alrededor del 95%. De acuerdo a una encuesta que realizó la revista Cosmopolitan, a mujeres de entre 18 y 40 años de edad, el 67% de las participantes había fingido un orgasmo aunque fuera una vez en su vida y el 39% sólo podía alcanzarlo por medio de la masturbación y de ninguna otra manera.

En los últimos años el tema ha tomado relevancia, impulsado sobre todo por el feminismo, cuya agenda política incluye el derecho al placer y a la libertad sexual de las mujeres. Sin embargo, el conocimiento que tenemos sobre el tema sigue siendo limitado: se mantiene la creencia, por ejemplo, de que la eyaculación femenina es orina y se sigue discutiendo sobre si el orgasmo clitorídeo y el vaginal son de dos tipos distintos o deberían considerarse como dos expresiones del mismo.

Entre tanta literatura sobre el tema, el libro Gracias por venir-te de Mara Altman destaca por su estilo, una mezcla de investigación periodística y diario confesional, que invita a la lectura desde las primeras líneas. La autora inicia su investigación por una cuestión netamente personal: a sus veintiséis años, nunca ha tenido un orgasmo y quiere entender por qué. “Lo mas parecido al orgasmo que conozco –confiesa– es el pequeño cosquilleo seguido por un estremecimiento que siento en la nuca cuando me limpio los oídos con un cotonete“.

Mara Altman no tiene reparo en hacer una crónica pormenorizada de su vida amorosa y su relación con el sexo, los amantes que ha tenido y la forma en la que se han dado sus distintos encuentros, pero más allá de eso, en su condición de periodista, Altman aprovecha esa inquietud para iniciar una investigación que la llevará a adentrarse en distintas subculturas del sexo y conocer a toda clase de personajes, desde practicantes del BDSM o comunidades poliamorosas que consideran al sexo una práctica sagrada, hasta mujeres que la invitan a explorar su cuerpo y empoderarse por medio de la masturbación.

Gracias por venir-te cuestiona, asimismo, los condicionamientos sociales, culturales, psicológicos y políticos que determinan a la sexualidad femenina. ¿Hay sólo una forma de disfrutar? Más aún, ¿estamos obligadas a hacerlo? Parece que con la nueva ola de liberación sexual surgió también una especie de obligación por ampliar nuestros horizontes sexuales y disfrutar al máximo, obligación que, lejos de liberar, provoca ansiedad y confusión.

En ese sentido, quizá lo más revelador es el final del recorrido de Altman: no hay una solución determinante o conclusiva para su problema, pues, en última instancia, su relación con su sexualidad está codificada, como la de todos, en un lenguaje íntimo al que sólo puede tener acceso aprendiendo a comunicarse consigo misma, con su propio cuerpo y sus propios deseos. La obsesión con alcanzar el orgasmo de cierta forma distrae, pues desvirtúa el sentido del resto de la experiencia y genera una expectativa que le quita naturalidad al encuentro, dificultando el clímax.

Por último, hay un factor que no puede ser replicado ni con la más sofisticada de las técnicas: es importante recordar, como lo sugiere el final del libro, que las relaciones sexuales ocurren entre personas, más que entre cuerpos y, en ese sentido, el placer sexual no puede reducirse a un mero fenómeno fisiológico, pues incluso el más torpe de los encuentros, cuando es un genuino, puede ser sumamente satisfactorio.

***

Mariana Pedroza es filósofa y psicoanalista.

Twitter: @nereisima

   

Comentarios