Por Olympia Ramírez Olivárez

María y Antonia son las mejores amigas, ambas lesbinas. Juntas han tenido que enfrentarse a las adversidades que la vida les ha puesto en sus caminos. A pesar de que el tiempo, la distancia y sus respectivas pasiones las han mantenido en diferentes lugares del mundo, siempre van a contar la una con la otra. Un día, María recibe la noticia de que Antonia entró en coma debido a un accidente inofensivo y misterioso. A partir de dicho suceso María regresa a su hogar —el lugar que tantas dichas y desgracias le causó o, como ella prefiere llamarlo, LaRepúblicaDeSusCicatrices— para descubrir la manera en la que puede despertar a su mejor amiga antes de que sea muy tarde.

Ana Francis Mor crea una novela juvenil en la que la amistad incondicional no tiene límites. Dentro de Lo que soñé mientras dormías (Planeta) podemos encontrar una relación “sorpresa” en su máxima expresión. Antonia y María, si bien no se muestran como personajes feministas, demuestran que el lazo de la amistad es más fuerte que cualquier otra cosa en el mundo, así sean las fuerzas naturales y biológicas. Esta historia toca varios temas relacionados con la sexualidad, la familia, la toma de decisiones, el amor, entre otras cosas, siempre sin tabú ni morbo, pero sí con pretensiones morales, estéticas y filosóficas: frescas, contemporáneas y profundas.

Mientras Antonia yace cual vegetal en una cama de hospital, María recuerda todas las peripecias que ambas afrontaron y que, muy seguramente, no habrían podido superar sin la compañía y la ayuda de la otra. A partir de flashbacks anacrónicos, Mor configura un tejido entre historias del presente y del pasado para crear un ambiente nostálgico y esperanzador que sin duda alguna llegará a lo más profundo de los corazones jóvenes. Estos recuerdos revelarán el ser de cada uno de los personajes al igual que proporcionarán las claves para resolver las preguntas ¿Realmente María queda en coma por un accidente? ¿Cuál será la manera de regresarla a la vida?

“(R)ecordar no es volver a vivir, recordar es constatar lo que se murió. Lo que ya no es”. A pesar de que María se dedica a salvar a su alma gemela, pareciera que el mundo entero ya la considera un cuerpo sin vida; María no sólo tendrá que enfrentarse al tiempo y a la estorbosa familia de Antonia, también a los recuerdos más dolorosos de ambas, aquellos que yacían enterrados en la memoria, para poder rescatar aquello que más aprecia en la vida, además de su bicicleta. El recuerdo, como es de esperarse, es el arma que Ana Francis Mor utiliza para apelar a empatía de los lectores; las trágicas y turbulentas vidas de ambos personajes, tan desafiantes como maravillosamente extra-ordinarias, obliga a los consumidores a pasar de la lástima a la compasión y de ésta a la admiración en cuestión de páginas.

Las identidades de Antonia y María son completamente opuestas: mientras que la primera es lo que parece ser una fuckgirl, una transgresora del sistema, amante de la vida y de los orgasmos, la segunda se limita a seguir lo que sus pasiones mandan. Con personalidades opuestas y complementarias entre sí, Francis Mor presenta la definición de una amistad prototípica que no conoce los límites y en la que ambas partes están dispuestas a hacerlo todo por la otra. La química entre Antonia y María funciona por completo para la historia presentada en Lo que soñé mientras dormías: las buenas amistades son así: siempre te apoyarán sin importar qué. Los retos a los que se enfrentan estas dos mujeres —desde la exploración y la aceptación de su sexualidad, los fracasos amorosos, hasta el salvarse la vida— no sólo ponen a prueba su amistad, sino que también funcionan para reforzarla.

Si bien el tema principal de esta novela es la amistad incondicional, tal como se ha señalado anteriormente, un tópico que destaca es el de la diversidad sexual. Ana Francis Mor, activista por la diversidad sexual, plasma parte de su ideología en las páginas de esta obra. A pesar de las pretensiones literarias que encontramos en Lo que soñé mientras dormías, el tratamiento de este tema se presenta sin estigmas, morbos ni prejuicios, lo cual funciona para que las mentes tiernas disfruten de estas historias sin inundarse en prejuicios, supersticiones, y, sobre todo, sin ser esto una carnada temática.

Ana Francis Mor