Sí, su cuerpo eran piezas de metal. Sí, su mente solo eran unos y ceros. Sí, era en realidad el trabajo de cientos de ingenieros e ingenieras y décadas de trabajo. Sin embargo, es difícil no afligirse personalmente al escuchar sobre la ‘muerte’ oficial de Opportunity, un pequeño vehículo robot de la NASA que durante casi 15 años de servicio nos hizo soñar con la posibilidad cercana de —algún día— llegar a Marte.

En un sentimental comunicado de prensa, la Administración Nacional de la Aeronáutica y del Espacio (NASA) explicó lo que la comunidad científica ya se temía desde hace varios meses: la misión Opportunity queda oficialmente terminada.

La pérdida de uno de nuestros más fieles mensajeros desde el planeta rojo es casi una crónica de una muerte anunciada. A mediados de 2018, después de enfrentarse a una de las tormentas marcianas tamaño industrial, perdió todo contacto con sus controladores en la Tierra. Meses de intentar conectarlo o recargar su pila de celdas solares no rindieron frutos. La última comunicación del Opportunity llegó el pasado 10 de junio.

“Es gracias a misiones como esta que llegará el día en que nuestros valientes astronautas caminen en la superficie de Marte”, decía Jim Bridenstine, titular de la NASA.“Y cuando ese día llegue, la primera huella será de los hombres y mujeres del Opportunity, y de un pequeño robot que desafió todas las probabilidades en el nombre de la exploración. 

Cuando llegó a Marte el 24 de enero del 2004, el Opportunity planeaba durar 90 días marcianos y recorrer solamente un kilómetro de nuestro vecino interplanetario.

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El Opportunity y su gemelo preparándose para las primeras pruebas en 2003 // Foto: GettyImages

Después de casi 15 años después de haber aterrizado —más de 60 veces su expectativa original de vida— y 45 kilómetros de terreno recorrido y estudiado, el aguerrido robot llegó a su final en el lugar más apropiado: una gigantesca planicie llamada El Valle de la Perseverancia. 

El Opportunity nos ayudó a conocer un poco más sobre Marte y sobre su ancestral pasado acuático, su potencial de ser habitable. “Cualquier pérdida que sentimos en estos momentos será superada con la seguridad de que su legado seguirá gracias al conocimiento aprendido”, escribía uno de los jefes de la misión.