Por Mariana Hernández y Carlos Riggen

Éste es un testimonio de la fuerza del diálogo que nos lleva a concluir que, sí o sí, los jóvenes tenemos que formar parte de la construcción del país que queremos. Un texto escrito por dos jóvenes de 19 y 23 años que pasamos de los pasillos de la escuela a formar parte de la actividad política en Jalisco. Nuestra vida ha cambiado en el proceso, pero también nuestra visión acerca de cómo hacerlo posible.

Problemas de participación

Hoy en día existe una noción de que los jóvenes somos personas que no participamos, que buscamos cosas fáciles, que tenemos apego a un modo de vida basado en redes sociales y no trabajamos “de verdad”. ¿Cuántas veces se nos ha negado un trabajo o una posición importante porque somos “inexpertos” o demasiado jóvenes? Nos han hecho creer que no podemos participar porque los espacios de toma de decisión están reservados exclusivamente para personas adultas “maduras” y por eso nosotros no cabemos ahí. Y una muestra clara en las instituciones es la Cámara de Diputados o el Senado donde los grupos mayoritarios son la generación X (nacidos entre 1965 y 1980) y baby boomers (nacidos entre 1954-1972), sólo una mínima parte de las cámaras están conformadas por millennials (nacidos entre 1981 y 1996).

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Ante esta alienación que sufrimos, somos una generación que tiene índices de participación por debajo del promedio, a pesar de que los jóvenes de entre 18 y 29 años representamos casi una tercera parte del padrón electoral, las tendencias históricas muestran que somos el sector que menos participa, alcanzando cifras de 64% de abstención en elecciones federales.  

Son datos alarmantes, pero mientras nos quieren alejar de la política, vemos a las mismas caras ocupando los espacios de representación. Toman decisiones sin tomarnos en cuenta; ésta no debería ser la forma de hacer política en el país.

Hagamos política

Creemos que si no participamos y abandonamos las decisiones públicas, estamos dejando que los de siempre decidan y al mismo tiempo les estamos cediendo nuestra posibilidad de futuro. Para cambiar el país y corregir el rumbo debemos integrarnos, participar, crear y buscar nuevas formas de incidir en lo público.

Nos gustaría ver cómo viejas prácticas como la compra de votos o elecciones a modo que han hecho daño a las instituciones se vean forzadas a salir por nuevos rostros e ideas. Se fue el PRI, pero se quedan las redes clientelares, los programas sociales con fines electorales, asignaciones de dinero público sin licitación, cuotas y cuates en la función pública, entre muchas otras cosas. Soñamos al igual que nuestros padres y abuelos con tener una vida digna, pero en nuestras manos existe una responsabilidad histórica de sacar estas formas y pensar en nuevos fondos. Estamos al inicio de una nueva era tecnológica, donde las redes sociales se han convertido en una herramienta política y a través de éstas podemos posicionar y abanderar el reconocimiento de más derechos para más personas o de la apertura de nuevos capítulos de discusiones pendientes; aprovechemos estas nuevas herramientas para encauzar estas oportunidades en la vida pública.

Estamos bajo un escenario de incertidumbre política. Desde campaña, el gobierno de Andrés Manuel ya pintaba como una relación amor y odio que hemos tenido con los hombres fuertes y con los dictadores. Rastros de un pasado que no termina por irse. Las agendas políticas del país de los nuevos gobiernos no tienen una visión sustentable. Los proyectos de infraestructura y las políticas que están siendo implementadas a nivel nacional, como la construcción de la refinería y el Tren Maya, no nos garantizan que tendremos un medio ambiente sano dentro de algunos años. Es decir, a ninguna de las fuerzas políticas que están en el poder hasta ahora les ha preocupado las consecuencias que nos tocará vivir a nosotros, los jóvenes.

No sin nosotros

Existen cifras desalentadoras, pero el objetivo es invitarnos a participar, a abrazar lo diversos e imprescindibles que somos en la esfera pública. Desde un llamado hacia nuestro futuro compartido, ¡participa! Desde los espacios que desees, como la sociedad organizada, los movimientos estudiantiles, sociedades de alumnos o cualquier espacio que te provoque ganas de ocuparlo.

La clase política no nos ha tomado a los jóvenes en cuenta para el futuro, pero las calles nos piden que salgamos a recuperarlas. Abstenernos de participar es delegarle la política a personas que no les preocupa o les preocupará lo que viene; hay que salir, encontrarnos y ocupar los espacios que siempre han sido nuestros porque, para los jóvenes, hay futuro.

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Mariana Hernández es una comunicóloga de 23 años, parte del equipo de comunicación en Futuro Jalisco, Consejera editorial de Mural, Integrante de Periplo Desarrollo y Cultura AC. ex coordinadora de medios de comunicación en Vamos a Reemplazarles.

Carlos Riggen es un tapatío de 19 años, estudiante de derecho en el Instituto Tecnológico de Estudios Superiores de Occidente y parte del equipo de comunicación de Futuro Jalisco, así como del equipo legal en Vamos a Reemplazarles.

Twitter: @marianahdz_hdz @carlosriggen | @FuturoJal