Por Esteban Illades

De leer este fin de semana a quienes defienden a capa y espada al gobierno federal, parecería que México ganó el Mundial por goleada. Esto porque, tras una muy difícil semana de negociaciones, el secretario de Relaciones Exteriores, Marcelo Ebrard, llegó a un acuerdo con el gobierno estadounidense para evitar la imposición de aranceles a la importación de  productos mexicanos por parte del gobierno de Donald Trump.

La negociación fue exitosa en cuanto a que se evitó el desastre inmediato.

Si Trump y su administración le hubieran impuesto aranceles a México, cualquier negociación posterior hubiera sido en sus términos y condiciones: nuestro gobierno hubiera estado dispuesto a aceptar un trato mucho más duro con tal de que no reventara la economía nacional.

El nuevo problema viene en 45 días, plazo fijado por México y Estados Unidos para revisar el acuerdo que firmaron. En mes y medio se volverán a reunir para verificar un punto, uno solo: que México haya reducido el paso de migrantes centroamericanos hacia Estados Unidos, cifra que ha aumentado en gran manera durante 2019.

Foto: OMAR MARTÍNEZ /CUARTOSCURO.COM

México deberá hacer todo lo que pueda para contener el paso; si el número se mantiene igual o aumenta –lo cual es una posibilidad real–, entonces Estados Unidos tendrá una ventaja aún mayor en la negociación. Según lo acordado este fin de semana, y así lo dijo Marcelo Ebrard en la conferencia de prensa matutina de ayer, las amenazas de Donald Trump regresan a la mesa si no disminuye el flujo migratorio.

Estas amenazas son dos: 1) Los aranceles, que son los que ya estaban en la mesa y que sólo perjudican a ambas economías. De no cumplir México, Trump impondría un impuesto progresivo que empieza en 5% a los productos mexicanos. Y 2), el acuerdo de tercer país seguro, que implica, palabras más, palabras menos, que haya un aumento en la cantidad de migrantes que pidan asilo en México. Tercer país seguro significa que un migrante debe pedir asilo en el primer país que pisa antes de llegar a su destino final. En el caso de México, esto sucedería con los migrantes guatemaltecos, que pasarían primero por aquí antes de Estados Unidos. Para el caso de Honduras, en teoría, no sería igual, porque los hondureños pasan por Guatemala antes de pisar México.

En resumen: las solicitudes de asilo en nuestro territorio aumentarían y México tendría que lidiar con ello, cosa para la cual no está ni cerca de estar listo.

Para reducir la migración, México acordó enviar a la Guardia Nacional –que aún no existe; es el Ejército disfrazado– a la frontera sur, entre otras cosas. La idea es que rebote a quien pueda y como pueda con tal de que los números no aumenten en la frontera norte.

Esto abre el espacio para una potencial crisis humanitaria: si la orden es que baje la migración a como dé lugar, y si sabemos que el Instituto Nacional de Migración –ese mismo que entregó a los migrantes a los Zetas durante los últimos dos sexenios– está destruido, lo que suceda en los próximos 45 días deberá vigilarse con lupa. Una cosa es defenderse de Estados Unidos, otra muy distinta es hacerlo a expensas de la violación de derechos humanos de personas que lo único que buscan es una mejor vida. No es descabellado pensar que escucharemos sobre atrocidades en la frontera sur durante el próximo mes y medio.

Foto: ©ISABEL MATEOS /CUARTOSCURO.COM

Por otra parte, y esto juega en contra de México en términos de números, Guatemala y Honduras, los dos principales países que expulsan migrantes a ritmo frenético, viven crisis severas. En Guatemala el gobierno de Jimmy Morales ha destruido las pocas instituciones que funcionaban, y en Honduras la economía está deshecha por el desplome en los precios de su segundo producto de exportación más grande, el café. Las condiciones no son favorables para los habitantes de ambos países, por lo que es posible pensar que la migración continuará al ritmo que va.

Para dar una cifra de contexto: desde septiembre del año pasado el 1% de toda la población hondureña abandonó el país en busca de una mejor vida.

A esto es a lo que se enfrenta el gobierno, que el sábado tuvo un evento de “unidad nacional” en Tijuana. Como comentábamos la semana pasada, éste es sólo el inicio de una temporada que será particularmente larga para México: las campañas presidenciales de Estados Unidos. Donald Trump, que buscará la reelección, ya decidió que su plataforma se basará en migración, un tema que enoja a gran parte del electorado estadounidense. Veremos, en los próximos meses, amenaza tras amenaza. Veremos, también, un aumento en lo que se exige. Y México tendrá que ir resolviendo el problema en la marcha. Porque mucho se dice que perro que ladra no muerde, pero por lo pronto Donald Trump ya consiguió que el gobierno mexicano haga contorsiones por miedo a que su economía se destruya.

Foto: Getty Images

Van a ser 45 días complicados para la administración de López Obrador, quien tendrá que encontrar la manera de cumplir lo que prometió y lo tendrá que hacer sin recursos gracias a su austeridad autoimpuesta. La primera gran crisis se detuvo, pero sólo por unas semanas.

México deberá volver a sacar un conejo de la chistera en mes y medio para evitar la catástrofe.

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Esteban Illades

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