Con peras y manzanas: cae el presidente en las encuestas

Por Esteban Illades

En los últimos días tres encuestas confiables han coincidido: la aprobación presidencial cae de forma constante desde el inicio del gobierno el 1 de diciembre de 2018. Es natural. Difícil sería que un presidente se mantuviera por tanto tiempo en índices tan altos como los que vimos durante su primer año de gobierno.

De hecho, si se miran los números, la aprobación presidencial sigue siendo significativa; tanto así que Oraculus, sitio que agrega resultados de encuestas y los pondera, tiene al presidente en un 62% de aprobación y un 33% de desaprobación.

aprobación presidente

FOTO: JUAN PABLO ZAMORA /CUARTOSCURO.COM

Sin embargo, y por el hecho de que el presidente inició su mandato con números no vistos en mucho tiempo, es importante analizar la caída que ha tenido en las encuestas durante los primeros 15 meses al frente del país. Y es importante ver los motivos por los cuales ha perdido tanta popularidad.

Los datos

Donde más duro ha sido golpeada la imagen del presidente es en seguridad, y eso se ve en los tres documentos. Él llegó diciendo que todas las opciones estaban en la mesa y que él haría las cosas de manera distinta a sus antecesores. Pero los resultados no son visibles y la gente está perdiendo la paciencia: según Reforma, el 56% de la población reprueba cómo se enfrenta al crimen organizado, y el 50% reprueba su estrategia de seguridad en general. En ningún rubro, sea educación, combate a la corrupción, combate a la pobreza, o salud, por nombrar algunos cuantos, sale aprobado. Sólo tiene calificaciones positivas en dos ámbitos: como persona, a la gente le parece simpático y justo. Como presidente está reprobado.

La encuesta de Demotecnia muestra otros datos interesantes. Ahí los encuestados todavía tienen esperanza y piensan, en su mayoría, que las cosas van a mejorar un poco pero no mucho. También piensan que el combate a la corrupción ha mejorado mucho –aunque también hay que recordar contra qué lo están comparando, contra el sexenio donde se robaron hasta lo que no se podían robar– y que lo mejor que ha hecho es dar pensión universal a adultos mayores.

presidente López Obrador

FOTO: VICTORIA VALTIERRA /CUARTOSCURO.COM

Los números que comienzan a llamar la atención son los referentes a la imagen del presidente: ha ido empeorando de manera importante conforme han avanzado los primeros 15 meses de gobierno. El 13% tenía peor idea de él cuando asumió el cargo que antes; ahora es el 37%. Quienes tenían mejor idea de él en diciembre de 2018 pasaron de 80% a 54% ahora. De mantenerse la tendencia los números convergerán para finales de año.

Donde también hay preocupación es en la pregunta “Si pudiera darle su opinión sobre cómo está gobernando hasta ahora, ¿qué le diría?”. Ahí baja el número de gente que piensa que las cosas deben seguir igual y aumenta el que dice “muy mal”, todavía más que el que dice “medio mal”.

Cosa que deberían pero no tomarán en cuenta en Palacio Nacional.

Por último está la encuesta de Buendía y Laredo, que dice cosas similares a la de Demotecnia. Ahí cada vez son más quienes piensan que las cosas van por mal rumbo (40%). Esta encuesta tiene un dato que no tienen las otras dos y que es de llamar la atención: la aprobación presidencial por nivel escolar. El apoyo al presidente ha caído de manera estrepitosa entre aquellos que tienen nivel de universidad para arriba.

Pero seguro vendrá tu tío el que dice que las encuestas no reflejan el sentir del pueblo y que hay que salir a la calle para ver la realidad. Pues bien, vayamos a la calle.

Tabasco

Por segunda vez desde diciembre de 2018, el presidente se llevó una rechifla importante en un evento público. La primera fue a principios del año pasado, cuando inauguró el nuevo estadio de los Diablos Rojos del México, donde fue recibido con sonoros abucheos y mentadas. No lo esperaba, pero era obvio que iba a suceder: en un evento deportivo, donde lo que menos se busca es la politización del juego, el presidente decidió entrar de lleno a un discurso político sobre su movimiento. Visiblemente enojado tuvo que cortar sus palabras.

Lo ocurrido este fin de semana fue de una naturaleza distinta. En un mitin en Macuspana, Tabasco, su tierra originaria, los gritos y rechiflas dirigidos al alcalde y al gobernador –ambos de su partido– hicieron que el presidente perdiera la paciencia una vez más. Aquí, frente a su gente, frente a quienes votaron por él, y junto a miembros de su partido, el presidente tuvo que aguantar el descontento que para él era inexistente hasta hace poco. Porque el pueblo sabio se le volteó y eso es un foco rojo: que se la armen de tos los fifís de la capital es de esperarse. Que lo hagan quienes viven en “su agua”, como le dice a su lugar de origen, ésa es otra historia, como decía la Nana Goya.

Y se entiende el descontento: cuando les preguntó que si les estaba llegando el dinero de las becas –uno de sus programas estrella– y le dijeron que no, chocó con la realidad. Él pensaba que sí, y menuda sorpresa. Sería sensato de su parte, en vez de enojarse como hizo, reflexionar sobre la respuesta que le dio el pueblo que dice representar.

Ya para terminar

Los números lo dicen. La gente que va a los mítines del presidente, que es la que lo apoya, también. Las cosas no funcionan. La inseguridad aumenta, la economía no sale a flote. Las tres grandes obras sexenales no terminan de arrancar. Y por si fuera poco el entorno exterior se complica. El coronavirus, como comentábamos la semana pasada, no es el Apocalipsis; no obstante, ha detenido la economía china y tiene bastante preocupadas a las economías de otros países. Eso garantiza –tengan razón o no las bolsas– que la economía mundial sufrirá un golpe este año. Y para nosotros, que nos da gripa cuando Estados Unidos estornuda, el panorama no es alentador.

Por ello el presidente haría bien, como lo hemos dicho en incontables ocasiones, en hablar un poco menos y escuchar un poco más. Tal vez así no perdería tanta popularidad como en sus primeros 15 meses, y vería que cada vez son menos quienes están felices, felices, felices.

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Esteban Illades

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