Foto: Cuartoscuro

Con peras y manzanas: el coronavirus y la corrupción

Por Esteban Illades

Este fin de semana, Mexicanos Contra la Corrupción y la Impunidad (MCCI) reveló que el hijo de Manuel Bartlett, llamado igual que su padre, es quien más caro ha vendido ventiladores al gobierno federal. Según el reportaje, la delegación del IMSS en Hidalgo le compró 20 respiradores a Bartlett Jr. por 31 millones de pesos, o millón y medio por cada aparato.

Al responder, el empresario, dueño de Cyber Robotics Solutions, dijo que si bien el contrato y sus montos –disponibles en Compranet, el sitio de transparencia de contratos del gobierno federal– eran ciertos, el gobierno de la Ciudad de México había comprado ventiladores aún más caros. Es decir, sí, había alzado el precio, pero otros lo estaban alzando más. Mal de muchos, pues.

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Foto: Presidencia.

Horas más tarde, el periodista Carlos Loret se puso a hurgar en el sitio de Compranet, y descubrió que la empresa del hijo del titular de la Comisión Federal de Electricidad había obtenido contratos por 162 millones de pesos en lo que va del sexenio. No sólo eso, apenas la semana pasada obtuvo un contrato por adjudicación directa –o sea, sin competidores– por 94.9 millones de pesos cortesía del ISSSTE.

Por segunda ocasión en menos de un año, la familia Bartlett se encuentra en el ojo del huracán por acusaciones de conflicto de interés.

Pero, como ya es costumbre, el presidente desestimó lo publicado en contra del miembro de su gabinete ampliado, y dijo que sería la Secretaría de la Función Pública, que ya exoneró a Bartlett con la mano en la cintura una vez, quien volvería a investigar las denuncias vertidas en los reportajes periodísticos. 

La pasada, los resultados se dieron a conocer en pleno período vacacional, el 19 de diciembre, aunque el veredicto se sabía desde antes: Bartlett no hizo nada malo en los ojos de su jefe, quien en repetidas ocasiones ha metido las manos al fuego por él. En ese entonces la acusación era el enriquecimiento inexplicable del funcionario, parte de gobiernos federales y estatales, así como del Congreso federal toda su vida, y con un patrimonio –dividido entre él, pareja e hijos– de al menos 25 casas con valor mayor a los 800 millones de pesos.

A pesar de los documentos y de la evidencia, si algo ha dejado claro el presidente actual es que su famoso concepto de barrer la corrupción como se barren las escaleras es selectivo. Se hace de la vista gorda cuando se trata de un personaje cercano a él; en cambio, acusa a quienes alzan la voz de querer atacar, sin fundamentos, a su gobierno. 

A esto hay que agregar que el descubrimiento de MCCI no es menor: si bien los Bartlett parecen haber lucrado a lo largo de su vida con sus puestos –o eso deja entender el hecho de que los sueldos de Bartlett Sr. no empaten con el valor de sus propiedades–, aquí se les acusa de aprovecharse de una pandemia, así como de quienes más necesitan ayuda en estos momentos.

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Foto: Cuartoscuro.

Porque todos sabemos al menos lo siguiente: para evitar que el sistema de salud se desborde no sólo es necesario que los mexicanos se queden en casa; también es necesario que los hospitales y los servicios médicos tengan todos los insumos disponibles para enfrentar la pandemia. Eso significa comprar material que no se tenía previsto –y que de hecho se debió haber comprado el sexenio pasado, pero ya sabemos que en ese período de robadera monumental lo que no estaba atornillado a las paredes desaparecía– a precios de mercado. Y en estos momentos ningún objeto es más codiciado que un ventilador mecánico. Pero, como se ve en los números, los ventiladores han salido todavía más caros.

De ser cierto que infló los precios la compañía, entonces estaríamos viendo el ejemplo claro de alguien que lucra con la salud de sus compatriotas y con las condiciones de emergencia de un gobierno urgido de ayuda. Así de grave la implicación de lo que acusa MCCI.

Pero la cercanía le nubla los ojos al presidente.

Si alguien ha estado a su lado durante los últimos años es Bartlett, quien comparte su creencia más básica: que la soberanía energética es lo más importante para el país. Por eso, a pesar de que él mismo señaló como corrupto a Bartlett hace varios años en un libro, ahora ya no dice nada. Porque para el presidente son más importantes la ideología y el apoyo de Bartlett que toda la cola que tenga para ser pisada. Y que todo negocio que pueda seguir haciendo, aparentemente.

Así las cosas, el gobierno que prometió acabar con la corrupción, y que de hecho presume que ya lo hizo y en tiempo récord, se vuelve a encontrar con un lastre que no se quiere quitar de encima. Al contrario, lo abraza más fuerte como si fuera un salvavidas y no aquello capaz de hundir su proyecto entero.

Pero no le digan nada a los fanáticos más recalcitrantes del presidente. Ellos están más ocupados que nunca peleándose con el pasado para no hacer caso del presente. Porque siempre es más fácil ver la paja en el ojo ajeno, que la viga en el propio. Y porque no quieren admitir que el candidato que les dijo que terminaría con la corrupción es ahora el presidente que la tolera, tal y como lo hicieron sus predecesores. 

Nada peor que darse cuenta que la transformación prometida es en realidad un cambio que deja todo igualito a como estaba antes.

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Esteban Illades

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