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Con peras y manzanas: ¿de dónde viene la migración?

Por Esteban Illades

En las últimas dos semanas hemos hablado en este espacio sobre el acuerdo migratorio entre México y Estados Unidos: a cambio de que nuestro país reduzca el número de migrantes que llegan a la frontera norte y piden asilo en EEUU, EEUU promete no aplicar aranceles a los productos mexicanos que importe y promete no obligarnos a negociar para convertirnos en lo que se conoce como tercer país seguro.

Un trato bastante desigual. Turquía, que negoció de manera similar con la Unión Europea, obtuvo miles de millones de euros en asistencia de la UE por aceptar algo parecido a México. México, no obstante, sólo está evitando sanciones y nada más.

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Foto: Presidencia.

La postura de nuestro gobierno cambió radicalmente desde el acuerdo. Antes la secretaría de Gobernación aplicaba la política de brazos abiertos: migrante centroamericano que viniera, migrante centroamericano que tenía permiso de pasar, que recibía comida y que incluso podía obtener un permiso temporal de trabajo en el país si así lo deseaba.

Ya no más. El jueves pasado, Marcelo Ebrard, secretario de Relaciones exteriores, dijo lo siguiente:Lo que decidió el gobierno de México es empezar un proceso donde te tienes que registrar, tienes que decir a qué vienes, por qué vienes y si quieres cruzar nuestro territorio para llegar a otro país, pues probablemente lo que te vas a encontrar es que te vamos a decir no queremos que atravieses nuestro territorio si tu objetivo es llegar a otro país. ¿Por qué? Porque le vas a crear un problema a nuestro país”. Se cerró la puerta de la noche a la mañana. No hay paso.

Y, lamentablemente, la mayoría de los mexicanos concuerdan con este punto de vista. Según una encuesta levantada por El Financiero, alrededor del 56% de los mexicanos apoya cerrar la frontera sur. Un contraste muy marcado con lo que se opinaba el año pasado, cuando teníamos política de puertas abiertas, instaurada por el presidente mismo.

En ese entonces el 59% de los mexicanos estaba a favor de permitir el paso.

Sin embargo, algo que no nos hemos preguntado durante esta crisis –y que seguramente muchos dirán “y eso qué me importa”– es el motivo por el cual los migrantes están llegando en cantidades tan cuantiosas a nuestro país. Vale la pena analizar esto, si queremos intentar comprender el fenómeno.

Lo primero que hay que señalar es que no todos los migrantes vienen del mismo lado. Hay algunos que vienen de Asia –en particular Bangladesh–, otros que vienen del África subsahariana, y otros –la mayoría– que parten de dos países centroamericanos en particular: Guatemala y Honduras.

migrantes guatemaltecos

Foto: Cuartoscuro

Los migrantes asiáticos y africanos escapan condiciones de pobreza pero también condiciones creadas por el calentamiento global: las sequías y los cambios de temperatura, entre otras cosas, han alterado la situación. Asimismo, dado el endurecimiento de la política migratoria en Europa –con campos de detención en zonas remotas– y el aumento del racismo en ese continente, han decidido buscar suerte en Estados Unidos. Para hacerlo tienen que enfrentarse a problemas que no podemos ni imaginar, empezando por cómo llegar a nuestro país. La mayoría hace el viaje en lancha desde Cabo Verde, y atraviesa el Atlántico para llegar a dos puntos distintos. Algunos han conseguido arribar en Panamá, y han hecho camino desde ahí hasta Tapachula. Otros han pisado tierra americana aún más lejos: en Brasil y Ecuador. Para cruzar desde allá se necesita tener contacto con polleros que ayuden a atravesar la peligrosa selva conocida como El tapón del Darién, que separa a Colombia de Panamá.

Es decir, sólo llegar a México es una odisea.

Por su parte, los migrantes centroamericanos huyen de tres cosas. Una, la violencia de sus países. Centroamérica, al igual que México, tiene una crisis de violencia exacerbada por el narcotráfico y el crimen organizado. La segunda, por el calentamiento global. Este año en particular ha sido malo en términos de sequía en Guatemala. Si no hay agua no hay cosechas, si no hay cosechas no hay dinero. Y si no hay dinero hay muerte.

La tercera se vincula a la segunda: se trata de migración económica. Guatemala, al igual que Honduras, depende en gran parte de sus exportaciones de café para sostener la economía. En Honduras el café es la segunda exportación más importante sólo después de la maquila de ropa.

Si revisas la etiqueta de tu camiseta, es probable que diga “Fabricada en Honduras”.

El asunto es que los precios del café han caído brutalmente. Si antes un kilo se vendía en un par de dólares, ahora se vende en menos de uno. Esto se debe a que, como bien apunta The Washington Post, el proceso de producción de café se ha automatizado en Brasil, el principal exportador mundial. Centroamérica, con menos recursos, no ha podido adaptarse a este método de producción, por lo que ha quedado rezagada en la competencia. El resultado es un éxodo: desde septiembre del año pasado el 1% de la población de Honduras ha salido del país.

Dirás, querido sopilector, “y a mí qué”. Y pues sí, será entendible dado que aquí tenemos nuestros propios problemas. Pero entender por qué huyen de su país los migrantes, por qué están dispuestos a hacer lo que están haciendo, y por qué ese número no disminuirá pronto, nos podrá generar un poco de empatía hacia ellos, que vaya que la necesitan.

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Esteban Illades

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