Foto: Cuartoscuro

Con peras y manzanas: en México no hay política

Lo que no hay es política. Hay gritos de unos, quejas de otros, protestas que no cuajan, pero no política.

Por Esteban Illades

Ayer a mediodía reapareció Ricardo Anaya, el panista que destruyó a su partido para ser candidato y después terminar humillado en la elección presidencial dos años más tarde. Dijo que iba a regresar “de lleno” a la política nacional. ¿Con qué propuesta? Probablemente con la misma. A juzgar por el mensaje no parece haber entendido el porqué de la tunda en 2018.

Antier los protofascistas de FRENAAA fueron a intentar acampar al Zócalo para pedirle al presidente que renuncie. No pudieron y en lugar de eso dejaron tiendas de campaña vacías en una de las calles aledañas al Zócalo. (Unas tiendas muy bonitas, dicho sea de paso.) De paso gritaron un montón de cosas que ni ciertas son, y que están muy, pero muy alejadas de la realidad.

Desde hace ya varias semanas, los candidatos a dirigir Morena se han dado con todo: uno de ellos dijo que expulsaría a los otros del partido en caso de ganar, otro fue señalado en medios por acusaciones de presunta corrupción, y el Tribunal Electoral le tuvo que enmendar la plana al partido porque ninguno de sus funcionarios tuvo a bien pensar cuando se establecieron las bases del proceso electoral que había que integrar equidad de género al asunto.

política morena

Foto: Cuartoscuro.

A Gerardo Fernández Noroña, que se hacía presidente de la Cámara de Diputados hace medio mes, le aventaron huevos y jitomates en su evento público más reciente.

Y así nos podemos seguir. En todos los partidos, sean los de la coalición en el gobierno, sean los de oposición, no hay absolutamente nada que ofrecer. Ni se diga en los remedos de partido que intentaron sumarse a la lista de posibilidades para 2021. Ni se diga, tampoco, en la presidencia misma, donde lo único que hay es un hombre que todos los días se para frente a un estrado y repite lo mismo hasta cansar a todos menos a él –porque vaya que le gusta escucharse hablar.

Lo que no hay es política. Hay gritos de unos, quejas de otros, protestas que no cuajan, pero no política. Menos ideas, o al menos ideas sensatas: desde presidencia se sigue diciendo que todo va bien, que la crisis no nos pegó, y que lo importante es todo lo que se hacía antes y que cruz, cruz con los gobiernos anteriores. Ah, y que la refinería que no se termina de construir –y que no se construirá–, que se inundó este fin de semana, ahí es a donde tienen que ir los recursos.

Del otro lado lo único que se alcanza a medio enunciar es un “así no”. No una propuesta –tal vez la del ingreso básico universal, pero ni ganitas le echó la oposición para hacer que esa idea volara–, nada. El chiste es decir que no son el presidente, como si eso fuera motivo suficiente para votar por ellos, más después del registro de inutilidad y corrupción que dejaron en los años que gobernaron el país.

En suma: lo que hay es un desierto. Nadie tiene una dirección clara, y nadie va siquiera a discutir en público lo que el país necesita. Quienes siguen ciegamente al presidente dirán que él tiene todas las respuestas, y jamás estarán abiertos a escuchar algo que contraste con las ideas del amado líder porque no pueden abrir su mente un poco más. Quienes lo odian tampoco estarán dispuestos a escuchar siquiera por qué el movimiento del presidente piensa como piensa, o qué motiva su manera de actuar. Todo está mal y punto.

Pero un contraste, ya no digamos un intercambio, eso está fuera de cualquier alcance. Mientras tanto puros sombrerazos, puras burlas, y puro odio, cada vez más fuerte, cada vez más abrumador. Twitter dista de ser el país, pero métanse unos minutos para ver la putrefacción que se hace pasar por discusión política en esa red. Lo mismo en los grupos de Facebook: sólo noticias falsas, sólo idioteces. Nada que nos haga pensar que hay algo en el horizonte.

Y el país, bien gracias. La violencia igual –aunque digan que no–, la economía en picada, y la pandemia envolviéndonos. A ningún bando le interesa hacer algo. Sólo asignar culpas.

Porque “así no, AMLO, así no”. O, “conservadores que sólo quieren saquear a la nación pero no los vamos a dejar”. 

Entre ambos un abismo. Ningún campo común. Y nada, nada, nada, de política para intentar resolver aunque sea uno de los diversos problemas llamados México.

******

Esteban Illades

Facebook: /illadesesteban

Twitter: @esteban_is




Top Relacionadas
:)