Después de casi un año de espera, llegó la cinta 50 Sombras de Grey, la adaptación de la novela homónima de E.L. James que “revolucionó” a cierto sector social con su novela “soft porn”.

La trama es sencilla, Anastasia Stelee (interpretada por una novata Dakota Johnson) es una estudiante universitaria a punto de graduarse de literatura inglesa, que por hacerle un favor a su amiga Kate, va a entrevistar para el periódico escolar al empresario Christian Grey (Jamie Dornan).

El personaje de Anastasia es una chica tímida, un poco torpe, con poca seguridad en sí misma y hasta parece tener problemas para socializar en general. Por su parte, Christian es un empresario exitoso, seguro de sí mismo, inteligente y que no titubea; y por increíble que parezca, él se siente atraído por ella.

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Así se desarrolla una “historia de amor”(con tienes adolescentes tipo Crepúsculo) entre la virginal Anastasia que cae bajo los encantos del “misterioso e impenetrable” Grey. Se enamora a pesar de que él tiene tendencias hacia el “sadomasoquismo” y él empieza a dejar de lado su hermetismo para tal vez, en algún momento, abrirse con la chica.

Ustedes se preguntarán, ¿entonces qué falla en la cinta? Tienes a una chica bonita, tienes a un protagonista bastante guapo y sexo, sexo BDSM, buenos elementos para tal vez hacer una película algo entretenida y que levante la temperatura de la sala de cine. Pues falla básicamente en todo.

Fifty Shades of Grey

El primer problema es la adaptación de la novela al guión. En el libro (más que los diálogos sexuales) lo que le da un poco de sentido a la narrativa es lo que el personaje de Anastasia piensa y reflexiona sobre la situación, en la cinta eso se pierde en su totalidad. Ella es una universitaria casi graduada que nunca ha tenido sexo, pero le parece bien acostarse con Christian “como su primera vez” sin titubear en ningún momento, a pesar de ser una chica muy insegura.

La pérdida de estas reflexiones internas de la protagonista, es lo que vuelve las conversaciones de la película un poco vacías y superficiales, así como la interpretación de Dakota Johnson que no logra matizar en su totalidad al personaje. No es su culpa, realmente es el guión, pues no le da un fondo a Anastasia Stelee y sólo justifica las acciones de la chica por el hecho de que se siente inexplicablemente atraída por Grey (¿hormonas tal vez?).

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En el caso de Jamie Dornan, su actuación se siente un poco menos acartonada o forzada, conforme avanza la película se le nota menos incómodo en el papel de “Amo” y controlador, aunque no del todo.

Los personajes secundarios:  Luke Grimes como Elliot (hermano de Christian), Victor Rasuk como José (amigo de Anastasia),  Marcia Gay Harden como la Dra. Grace Trevelyan Grey (madre adoptiva de Christian),  Rita Ora como Mia Grey y Jennifer Ehle como Carla, la madre de Anastasia; quedan en un segundo plano totalmente alejados al resto de la película, si tal vez los hubieran incluido más en el contexto de la narración, la cinta se sentiría un poco más ligera y servirían de apoyo para la trama, no sólo como un relleno de personajes en escenas al azar.

Mia Grey

Lo rescatable de la película, es el soundtrack realizado por Danny Elfman, que incluye canciones de Annie Lennox, Laura Welsh, Ellie Goulding, Beyoncé, Sia, The Rolling Stones, Danny Elfman y más, que logra musicalizar cada situación de una manera que se convierte en algo más interesante que lo que sucede en pantalla.

De los 125 minutos de duración, sólo 20 son escenas de sexo, raro en una historia que debería centrarse básicamente en eso, sexo duro y BDSM. Y al contrario de lo que uno esperaría (en un cuarto de piel rojo, con látigos y cuerdas por todos lados) proyectan una versión demasiado leve de lo que la misma autora relata en el libro y hasta en cierto sentido soso, considerando que fue clasificada R (en la Vida de Adele hay una secuencia de 8 minutos continuos de sexo, tal vez debieron hacer algo parecido).

¿Qué esperar? Un buen soundtrack, desnudo total de Dakota (aunque usó doble en algunas escenas), desnudo parcial en el caso de Jamie Dornan, un exceso en el uso de “morder los labios” como detonante sexual y una falta de química que se nota fuera y dentro de la pantalla.

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¿Qué no esperar? Escenas de sexo que te hagan querer probarlas con tu pareja, una buena fotografía, diálogos profundos o una película que te cambie la vida y te haga reflexionar sobre la sexualidad humana. 

Aún quedan dos entregas de la trilogía de 50 sombras…, esperamos, por el bien de los fans, que mejoren.

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