Ahora que hemos tenido el tiempo de digerir el primer sencillo, “Believe”, y ya no estamos tan sacados de onda por ese nuevo look con las chaquetas negras, es posible que logremos encontrar un gusto por esta nueva imagen y dirección artística que nos presenta Mumford & Sons, pero es evidente que han dejado atrás el encanto de sus primeros dos discos en favor de un sonido más… mainstream

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Aunque es fácil comprender la tendencia que tiene cualquier banda de “crecer”, “madurar” o “evolucionar” con el fin de explorar otros sonidos, ésta ha sido una apuesta riesgosa de parte de la banda británica. Estos días, Mumford & Sons es headliner en los festivales más grandes del mundo gracias al éxito internacional de Babel y Wilder Mind. No es de todos los días que un grupo británico logre conectar tan profundamente con una audiencia norteamericana, fuera de los círculos indie de Nueva York, Chicago, Austin, San Francisco, etc. y es probable que eso se deba a una identidad que iba a contracorriente del esteorotipo británico. Imagínate la sorpresa de los fans gabachos cuando se enteraron que su grupo favorito de rednecks era de Londres.

Los banjos, los tirantes, y las barbas le dieron motivo de risa a sus detractores, pero eran parte de la imagen que proyectaba Mumford & Sons alrededor del mundo. Marcus Mumford y sus no-hijos lograron capitalizar con éxito sobre esta nueva ola de bandas que surgió hace algunos años y que mezclaban el indie rock con el folk y el baroque pop. Mientras actos como Edward Sharpe, The Lumineers, y Of Monsters and Men le sacaron provecho a esta moda de música “Hey ho!”, Mumford & Sons le agregaron un toque particularmente británico a la fórmula, evidente por un entusiasmo que contagia al público.

La intensidad por la cual se hicieron famosos sigue presente en canciones como “The Wolf”, aunque ahora se canaliza a través de guitarras eléctricas. La canción es muy buena, de eso no hay duda, pero no es Mumford & Sons. Es más bien Mumford & Sons imitando a Kings of Leon. También hay un poco de Foo Fighters por ahí… The Strokes igual cruzan por la mente– ¿Pero Mumford? Nop, nada. “Believe” había recogido comparaciones a Coldplay, aunque The National parece un punto más cercano de referencia. Tenemos que confesar que esta nueva identidad que ofrece una de nuestras bandas consentidas todavía nos causa conflicto. Es como si uno de tus amigos llegara a tu casa, no con un nuevo corte de cabello o siquiera un arete, sino con un cambio de sexo, silicón incluido.

Pues a ver qué pasa…