Recordando el sonido de México: a 66 años del nacimiento de Rockdrigo González

Y continuamos recordando a los artistas mexicanos que gracias a su legado, han dejado una huella inigualable en nuestra identidad cultural, misma que a lo largo de los años nos ha ido formando y que nos caracteriza a nivel internacional. Hoy en día la monstruosa industria musical parece tener como objetivo dominarnos, haciendo que poco a poco vayamos olvidando cómo nos hemos expresado a lo largo de los años. Esto se puede mediar tan sólo siendo consciente de quiénes fueron los artistas encargados en formarnos, 

y recordando el sonido de México.

Porque hay que entender que la música es un lenguaje mucho más complejo de lo que podemos imaginar a primer escucha, a través de las notas podemos conocer aspectos mucho más profundo de una época en concreto como económicos, políticos, sociales y culturales.

La historia nos ayuda a entender nuestro presente y nuestras ambiciones a futuro, conocer nuestra identidad cultural nos recuerda cómo era México hace unos años, qué aspiraban nuestros padres y/o abuelos, qué los conmovía y de qué hablaban.

 

 

Es hora de celebrar el natalicio de uno de los personajes más importantes en la historia del rock mexicano Rodrigo Eduardo González Guzmán, mejor conocido como Rockdrigo Gonzalez, que este domingo 25 de diciembre estaría celebrando su cumpleaños 66. Aunque probablemente todavía puedas encontrártelo en los pasillos del Metro Balderas de vez en cuando, donde hay una estatua que le rinde homenaje. “Fue en la estación del metro Balderas, donde quedó la huella de nuestro amor, allá en la estación del metro Balderas, ahí quedó embarrado mi corazón…” 

Nacido en Tampico, Rockrigo formó varios grupos de rock en su ciudad natal bajo las influencias de la música huasteca de la región, y géneros como rock y blues en inglés, en cuanto acabó el bachillerato. Tiempo después decidió abandonar la carrera de psicología para viajar hasta la “lejana” Ciudad de México y poder comenzar con sus actividades musicales en el año de 1976. Progresó rápidamente hasta que a principios de los ochenta comenzó a presentarse en público cantando canciones de su autoría, únicamente con una guitarra acústica.

 

 

Fue uno de los fundadores del famoso Colectivo Rupestre, que buscaba darle una identidad musical al país, tratando de desprenderse de esa idea de retomar canciones extranjeras y hacerles covers como sucedía con The Rolling Stones, Buddy Holly, etc, para crear piezas propias que contaran historias locales. Además de fomentar la creatividad en otras formas de arte como la fotografía y pintura. Esto dio pie a la llegada del rock nacional con la identidad que conocemos hoy en día logrando ser una de las principales influencias para músicos como Alex Lora, ¡Y que viva el rock and raaaall!.

Al ser un artista muy local en el centro del país, la primera reseña acerca de su talento apareció en el diario Unomásuno, escrita por Javier Bátiz, a quien conoció en un bar de la Glorieta Insurgentes. Comparando su estilo de composición con grandes nombres como José Alfredo Jiménez o Chava Flores, dando a conocer la nueva etapa de la música nacional para la que tal vez ya estábamos listos desde hace muchísimo tiempo atrás, pero nadie se había atrevido a explorar este terreno.

El único casete que Rockdrigo grabó fue Hurbanistorias, para darse a conocer entre la gente. Era vendido personalmente al final de cada una de sus presentaciones, él mismo diseño la portada y fue producido de forma independiente con ayuda de Jorge Rosell. Incluye las canciones “Vieja ciudad de hierro”, “Estación del Metro Balderas”, “Perro en el periférico” y “No tengo tiempo de cambiar mi vida”.

 

 

Su vida tiene una triste conclusión, el día 19 de septiembre de 1985, cuando ocurrió el gran terremoto que marcó la historia de nuestro país. En donde murió a causa del desastre natural, en compañía de su pareja Françoise Bardinet, con quien vivía en un edificio de la calle Bruselas, colonia Juarez. Dejando inconclusa la elaboración de su primer disco para el sello WEA, junto al productor José Xavier Návar.

Las regalías de sus ventas de discos fueron utilizadas en un fideicomiso para poder mantener a la única hija, que tuvo con su anterior pareja Mireya Escalante, llamada Amanda Lalena, y años más tarde conocida en el mundo de la música como Amandititita (sí, esa del novio “metrosexual”).