Los ataques entre demócratas y republicanos en Estados Unidos están a la orden del día a más de un año de las próximas elecciones presidenciales. Hillary Clinton y Trey Gowdy han protagonizado el último episodio en una larga lista. Mientras Gowdy acusa a Clinton de encubrir información sobre un ataque ocurrido en un embajada en Bengasi, Libia, hace más de dos años, la segunda se defiende diciendo que los documentos solicitados existen, aunque los están buscando en el lugar equivocado.

El hecho es que Hillary Clinton borró permanentemente la información solicitada tanto de su computadora como de la nube. Los documentos, consistentes en un grueso número de correos electrónicos que la demócrata intercambiara con motivo del ataque, han sido entregados al Departamento de Estado, pero los republicanos no se conforman.

El Departamento de Estado no es la única instancia que investiga el tema. Gowdy encabeza el Comité Selecto de la Cámara de Representantes sobre el ataque a la embajada de Estados Unidos en Bengasi, donde muriera el embajador. El legislador argumenta que la investigación no puede continuar sin que Clinton entregue la información, incluyendo aquellos correos considerados “no relevantes”, que se sumarían a las más de 300 páginas entregadas por la ex líder del principal organismo del gobierno estadounidense después de la presidencia.

El caso ilustra bien la estrategia que los republicanos han utilizado en los últimos meses para combatir al gobierno demócrata: valerse de detalles legales para entorpecer tantos proyectos de política social (Obama Care y programa migratorio incluidos), como las relaciones al interior del partido de izquierda.

Sin embargo, aunque clara, la estrategia no carece de sentido, por marginal que sea. Llama ciertamente la atención que Clinton decidiera borrar por completo tanto su servidor como su bandeja de correos personal. Si bien esto no constituye un delito, hace pensar que hay algo que se busca ocultar.

Este episodio revela, sobre todo, la delgada línea que existe entre lo personal y lo público, entre lo sospechoso y lo ilegal, pero también entre las exigencias claramente políticas y aquellas que buscan justicia real.

El caso no es aislado: forma parte de una cadena ascendente de argumentos y contraargumentos en un panorama electoral cada vez más nublado. El escenario por el momento parece bien controlado por los republicanos, quienes se valen de taponera el desarrollo de los proyectos demócratas para exhibir a la izquierda como débil e ineficaz. Por su parte, el gobierno de Obama y los miembros y ex miembros de su gabinete parecen víctimas de una ausencia generalizada de imaginación.

@plumasatomicas

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