Por Diego Castañeda

Con la publicación de la Encuesta Nacional de Ingreso y Gasto en los Hogares 2018 (ENIGH 2018) por parte de INEGI, por fin llega el momento en que podemos ver la fotografía completa de dos grandes momentos para la política pública y la vida pública del país. Primero, la evolución de la pobreza y desigualdad durante los últimos 10 años (2008-2018); compromiso fundacional del CONEVAL, que este 5 de agosto da a conocer la medición oficial de la pobreza (de este primer tema hablaremos más a fondo las siguientes semanas). El segundo es que por primera vez poder evaluar un sexenio completo (2012-2018) en términos de sus resultados de combate a la pobreza, desigualdad y en general de su política económica

Con la ENIGH Y los análisis que se pueden desprender de ella podemos conocer el estado en que el país se encuentra después del gobierno de Enrique Peña Nieto; asimismo, el punto de partida del país que hereda Andrés Manuel López Obrador. Es al mismo tiempo un momento para evaluar lo que pasó los últimos 6 años y los retos que la nueva administración enfrenta. 

Divorcio de Angélica Rivera y Enrique Peña Nieto

Foto: Cuartoscuro

Con un vistazo preliminar de la ENIGH podemos confirmar cosas que ya conocemos. Somos un país con una gran desigualdad de género. Los hombres, sin importar el grado educativo, ingresan alrededor de 40 por ciento más que las mujeres. Ser de origen indígena o hablar lenguas indígenas en la media implica ingresos menores entre 30 y 60 por ciento. Si se es mujer que habla una lengua indígena, se tiene hasta 74 por ciento menos ingreso que el hombre promedio

Las desigualdades estructurales en el país pesan mucho. Al menos en el último sexenio, parece que ocurrió muy poco para acabar con ellas o por lo menos aminorar sus efectos. 

El ingreso per cápita, aunque mayor (10 mil pesos en 2012 vs 13,700 pesos en 2018) deja aparentemente sin muchos cambios la distribución del ingreso. Los cambios entre deciles son bastante simétricos. No obstante, por una situación peculiar que sucedió en 2016, el registro de dos hogares millonarios en la muestra y que en 2018 no se registran estas observaciones, hace que para tener una comparación de la desigualdad entre 2016 y 2018 y entre toda la serie se requiera un ajuste que repondrá la muestra de la ENIGH en 2016 para hacerla comparable. 

En términos de pobreza, hoy conoceremos la medición oficial de CONEVAL que debemos recordar no sólo es una medición monetaria (de las líneas de bienestar). Es multidimensional, toma en cuenta el acceso a ciertos satisfactores (la disminución de carencias como vivienda, salud, etcétera). 

desigualdad pobreza Peña NIeto

Foto: Shutterstock

Dada la fuerte inflación que se registró en 2017 y parte de 2018 justo durante el periodo de levantamiento de la ENIGH parecería previsible que se registre un aumento en los niveles de pobreza y vulnerabilidad conforme mayor inflación eleva la cantidad de dinero necesaria para cubrir las líneas de bienestar. Si esta hipótesis se confirma, el sexenio de Enrique Peña Nieto habrá terminado con un crecimiento en los niveles de pobreza, hecho que no deja de ser notable dado que durante una buena parte del sexenio la política social fue central en la agenda con proyectos como la cruzada contra el hambre y el rediseño de Progresa Oportunidades para volverse Prospera. 

A la luz de estos resultados, y si se confirma la hipótesis anterior, se volvería inevitable catalogar el sexenio de Peña Nieto y sus políticas públicas como fallidas. La política económica en el país por mucho tiempo ha sido equivocada, incapaz de generar tasas de crecimiento que permitan que la economía nacional converja con las economías avanzadas.

A su vez, la política social ha sido incapaz (en buena medida por los problemas de la política económica) de disminuir la pobreza en el país. 

Esta realidad  a su vez plantea enormes oportunidades y complicaciones para el nuevo gobierno de Andrés Manuel López Obrador. Por un lado, lograr una disminución en los niveles de pobreza, una caída en la desigualdad y cerrar las brechas de desigualdad estructural en el país. Así fuera de forma poco más que marginal, haría que el nuevo gobierno pudiera hablar de triunfos. Lo mismo si lograra que la economía creciera un poco más que el poco más de 2 por ciento que hemos promediado en casi cuatro décadas

Las complicaciones vienen del hecho que no es sencillo aumentar el potencial de crecimiento del país en el corto plazo. No sin contar con mucho mayores niveles de inversión. El problema naturalmente es fiscal: conseguir los recursos para elevar la inversión a los niveles que puedan sostener mayor crecimiento. Por el lado de la política social el reto es el mismo que el país ha enfrentado por décadas, estrechamente relacionado con el crecimiento. Si la economía mexicana sigue sin crecer, la política social por más ambiciosa que sea tendrá efectos limitados. Al final del día la mejor “política social” es la creación de empleos bien remunerados y eso de forma inexorable está vinculado con el crecimiento.

Peña Nieto

Foto: Especial

Así parece que la conclusión del periodo 2012-2018 de la misma forma que del periodo 1980-2018 es que crecemos poco; como crecemos poco, la pobreza parece no cambiar mucho (asunto por confirmarse con la medición oficial). Somos desiguales porque lo poco que crecemos se queda en pocas manos; además, distribuimos poco y mal. Los últimos 40 años, y los últimos 6, han sido una serie de fallas constantes en la política económica del país. Para que esos 40 no se vuelvan 46, la administración actual debe resolver el misterio más grande de la economía mexicana y también su problema más sobrediagnosticado. ¿Cómo crecer más rápido? Inversión pública y política industrial suelen ser la respuestas en las que la mayoría estamos de acuerdo. 

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Diego Castañeda es economista por la University of London.

Twitter: @diegocastaneda