Era un plan casi perfecto: se iba a esconder detrás de la lavadora a esperar a que, de alguna forma, todo se solucionara. Pero bueno, un pequeño error de cálculo hizo que este remedo de Homero Simpson empeorara las cosas.

Luego de ser partícipe de un percance automovilístico, un sujeto identificado como Moisés Fernando “N” tuvo la fantástica idea de darse a la fuga. Sin embargo, en su nada ágil huida, el muy güey acabó estampándose contra una barda y, en ese momento, su mente carburó a mil… encontrando que la solución a su dilema era entrar en friega a su casa y esconderse detrás de su lavadora.

No es broma. Todo lo anterior ocurrió el pasado 13 de noviembre.

Y todo iba a la perfección… tan a la perfección que el buen Moi no sólo logró desaparecer del ojo de las autoridades, sino hasta del de su propia esposa que, después de andarlo busque y busque, terminó yendo a la Fiscalía General de Justicia del Estado (ahh, todos estos jocosos hechos son de Sonora) para denunciar su desaparición.

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Ahí fue cuando el plan maestro se vino abajo. Sobre todo porque la esposa del susodicho llevó la mentira al límite y hasta aseguró que policías del municipio de Puerto Peñasco eran los responsables de la desaparición del héroe de esta historia.

Total que, para hacer más fantástico este caso y por raro que parezca, las autoridades lograron esclarecer la denuncia. Tampoco fue tan difícil: nomás fue ir a la casa del nada pueril sujeto de 26 años y hacer una rápida revisión. Y listo. El muy güey estaba detrás de la lavadora.

 

De acuerdo con diversos medios, Fernando Moisés quiso estirar más su historia, inventando que sí había sido privado de la libertad. Sin embargo, sólo fue cuestión de checar grabaciones, para demostrar que, una vez que entró a su domicilio para esconderse como pin%&e chamaco, nunca más salió.

Así que, después de revisarlo y determinar que estaba bien de salud (hasta olía bonito, puro Vel Rosita),  como establece la ley fue llevado ante el MP. Quizás para su alivio, porque parece que más que de las autoridades, de quien se escondía era de su esposa. ¿Pos pa’ qué no le avisa?