Por Uriel Salmerón

“Jojutla se nos cayó, así como usted lo oye. Jojutla se nos acaba de caer”, narró un poblador en una transmisión virtual momentos después del sismo del 19 de septiembre. En la grabación se pueden observar las ruinas de un templo, automóviles aplastados y sepultados bajo los escombros; casas desvencijadas, derruidas, resquebrajadas y rotas; piedras, lodo, varillas torcidas por las calles. Y también gente desconcertada deambulando por el pueblo. Con las caras —también— rotas e inciertas. “Es de espanto, todo Jojutla está en crisis, es un caos el que se vive aquí, parece una escena de terror. Es una escena de terror”, siguió el relator. En los días y horas posteriores, la prensa definió el municipio sureño como el lugar “más golpeado por el sismo”, el sitio “donde el sismo se ensañó más con México”, además de describir sus holguras vencidas y disminuidas como “una zona de guerra”.

El temblor sacudió el terreno y 128 años se cayeron en un tris. La iglesia de San Miguel Arcángel, ubicada en el centro de la ciudad, se desmoronó en apenas unos segundos. La capilla de la Santa Cruz también sucumbió, en la colonia Emiliano Zapata. Escuelas, tiendas, fonditas. Todo se cayó. Otras tantas construcciones quedaron sostenidas como por alfileres. Casi al punto del colapso. Todavía no existe un censo oficial de los daños en Jojutla, aunque el gobernador de la entidad, Graco Ramírez, ha repetido en varias ocasiones que este fue el municipio más afectado en la entidad. Las cifras oficiales indican que al menos 16 personas perdieron la vida el 19 de septiembre y que, al menos, mil 800 inmuebles quedaron afectados.

Sismo en Jojutla

Las cabeceras de la municipalidad se volvieron escombros. Y de la vida sólo quedaron añicos. Lugares que ya sólo existen en la memoria. Fragmentitos de escuelas, de casas, de recuerdos, de historias, de oraciones que ahora rozan —cuarteados— sobre el piso. Algunos de los jojutlenses lograron rescatar documentos, fotos, alguna mesa, una silla, hasta algo para hacerse de comer de entre lo que queda de sus hogares. Otros lo perdieron todo. Muchos duermen, comen, tratan de descansar y continuar en los distintos albergues instalados en este pueblo del sur-poniente de Morelos. Unos más tratan de hacer su vida en lo que hasta hace dos semanas eran deportivos, jardines de niños o auditorios. Sin saber qué sigue o cuánto durará esto. La esperanza es el albergue.

Cómo sintieron el temblor los niños de Jojutla

A: Culero.

B: Yo lo sentí en la escuela.

C: Yo apenas iba para mi secu. Lo sentí bien feo. Iba rebotando, pues. Y vi cómo se cayeron dos casas. Vi cómo se cayeron las casas.

A: Mi casa se destruyó. Pero, digo, Protección Civil dijo que la iban a remo…reml… remole…

B: Derrumbar.

C: Yo iba para mi secu con mi hermana, mi tía, mi prima y mi tío. Ahhh, y la hija de mi prima. Yo con ellos iba. Y no estaba con mi mamá, pues. Ella estaba en mi casa.

B: ¿Y tú dónde estabas?

C: Ya me iba para la secu, para la técnica.

D: ¿Desde ese día han sentido como…?

A: Sí.

B: ¿Sí qué?

A: Cuando pasa la máquina como que se mueeevee.

Sismo en Jojutla

Sismo en Jojutla

Tres niños que nunca antes se habían visto juegan futbol con una pelota medio ponchada. Parecen cuates de años. De esos que hicieron el kínder y la primaria juntos. Pero no. Se conocen apenas desde hace unos días. Dos vienen como voluntarios, otro más vive ahí. Se bambolean en el sube y baja y se corretean al fondo del albergue. Se alburean y juegan. El 30 de septiembre, aseguró uno de ellos, iba a ocurrir un megaterremoto. Lo dijo con certeza porque alguna personalidad de internet le atinó al 19-S. “Mi hermana dijo que el fin del mundo iba a ser el 23 y ya estamos a 25. El 23, dijo. Lo vio en Youtube”, le contesta otro. Los tres ayudan a formar las cadenas humanas a la hora de descargar víveres, jabón y demás ayuda. Pero, la verdad, lo que se les da, y muy bien, es el cotorreo. Dicen que no extrañan la escuela. “Ojalá que ya se haya derrumbado”, bromea uno de los morros. “La técnica no se derrumbó”, le revira otro, arruinándole la fantasía.

Sismo en Jojutla

En el albergue —convertido en patio de juegos— hay varios grupos de niños. Los que no se separan de sus papás, los que no se separan de sus nuevos cuates, los que no saben por qué están ahí, los que tienen que estar ahí y los que están de paso.

F. es un voluntario, o “niño solidario”, como se hacen llamar. El temblor lo agarró en la escuela mientras estaba recortando. Empezó a llorar porque tenía miedo. Su papá lo fue a recoger a él y también a su hermano. En su camino vieron a dos personas debajo del techo de una estructura colapsada. “Se les veían los pies”, asegura el niño. “Luego caminamos todo derecho y veíamos todo destruido. Y se veían todos así locos, corriendo por todas partes. Y se veían las ambulancias cómo pasaban, las camionetas de los policías se iban rápido al hospital”. A su abuelita, dice, le cayó una máquina de monedas en el pie mientras estaba en el mercado; a su primo “le tocó” sacar a una persona de entre los escombros del Ayuntamiento. Por su familia, sabe que una mujer embarazada fue aplastada por un edificio y que a una señora le dio un infarto por ver a un cuerpo sin vida.

—Un poquito de miedo todavía tengo. De que vuelva a temblar— dice F—. Ahhhh, eso es todo, pues.

Sismo en Jojutla

De acuerdo con la Unicef, después de una experiencia como la del sismo del 19 de septiembre, los niños menores de 11 años son más proclives a quedar con secuelas. Tras sufrir una experiencia traumática, se pueden presentar algunas conductas que ya habían superado, como mojar la cama o chuparse el dedo, pueden tener dificultad para dormir o dormir solos, aumentan su agresividad, no quieren estar con otros niños ni escuchar más sobre el tema, o al contrario, quieren ver más imágenes sobre el acontecimiento. También se pueden apegar a sus adultos de confianza y sienten miedo cuando se separan de ellos. Lo esperable es que estas conductas pasen cuando los niños retomen sus actividades habituales. En caso de que estas nuevas conductas se mantengan por mucho tiempo o se incrementen, es necesario acudir a un especialista.

La Unicef apoyará a 60 mil niños afectados por los sismos del 7 y 19 de septiembre. Brindarán apoyo psicológico, distribución de suministros escolares y capacitación para docentes (acá pueden donar).

Sismo en Jojutla
Así lucen algunas de las calles de Jojutla, Morelos. Pasos cerrados, fachadas agrietadas y escombros sobre las calles.

La peluquería en el albergue

Sismo en Jojutla

Amber colabora en uno de los siete albergues que fueron instalados en Jojutla. No está encargado de la cocina. Ni de la limpieza. Su servicio es otro, pero también es muy solicitado. Llegó hace quince años a este pueblo para vender sus artesanías en la feria de diciembre. Al paso de los años dejó ese oficio pero siguió regresando, ahora acompañado por su guitarra y convertido en músico. Rock urbano, baladas y uno que otro bolero están en su repertorio. Sam Sam, Interpuesto, El Haragán y compañía, Las Víctimas del Doctor Cerebro. “Rock del antigüito hasta las ramas de hoy”, dice. “Thrash metal, death metal, opera metal, todo lo que termine en metal”, bromea. Hace año y medio dio un nuevo giro: se mudó definitivamente a este municipio del sur de Morelos para estudiar la carrera de estilista. Llegó al albergue improvisado en el Jardín de Niños Fermina Rivera dos días después del temblor. A ofrecer sus manos y sus tijeras a quien necesitara una buena despelucada. Para agradecerle a los morelenses todo lo que le han dado.

Vino a ayudar a pesar de que su futuro tampoco es muy cierto. Ya no puede pagar el cuarto que renta por ahí. Uno de los organizadores del albergue lo invitó a poner un pequeño stand cercano al área de descarga de víveres y ayuda. Ahí, en unas sillitas de plástico y una jardinera, espera su clientela. Señores, niños melenudos y adolescentes que quieren el corte ese que traen todos los futbolistas famosos. “Te piden que les pases la peineta del número uno o dos, que la pases por la parte de los laterales. El trabajo de hace rato son degradados. Van de menos a más”, explica el rockero y estilista de 30 años. Amber trajo sus maquinitas, sus tijeras y hasta un catálogo de cortes modernos.

Cuando se le pregunta, contesta, de botepronto, que se echa de ocho a nueve peluqueadas al día.

Sismo en Jojutla

Ante la demanda del servicio, un señor, que también buscaba que Amber le pasara un maquinazo, se ofreció a ayudar. Su definición sobre los cortes solicitados es un tanto más rústica: pelón de los lados y más larguito de arriba.

Sismo en Jojutla

Dice Amber: “Es una manera de agradecerle al estado de Morelos. A los pueblos en los que he trabajado como músico. Tlaquiltenango, Zacatepec, Las Galeras y precisamente aquí. La mayoría de esa gente, pues, cuando yo estoy trabajando en la música me regalan alguna moneda. Esa misma moneda es la que he ocupado para pagar mi renta, para pagar mis cosas de la escuela. Es una manera de agradecerles. Los cortes que estoy haciendo no tienen costo, son gratuitos”.

Sismo en Jojutla

Escenas de un pueblo resiliente después del temblor

La American Psychological Association define la resiliencia como “el proceso de adaptarse bien a la adversidad, a un trauma, tragedia, amenaza, o fuentes de tensión significativas, como problemas familiares o de relaciones personales, problemas serios de salud o situaciones estresantes del trabajo o financieras”. En sus palabras, ser resiliente significa rebotar de una experiencia difícil, como si uno fuera una pelota o un resorte. Ante las pérdidas materiales y humanas, los habitantes de Jojutla, se han puesto sobre sus pies. El trago amargo no ha pasado, ni las angustias ni las dificultades. Se vendrán meses y meses de trabajo, de miedo clavado en el costado, de reconstrucciones. Tiempos difíciles. Pero las imágenes de solidaridad entre los pobladores y voluntarios dejan creer que la esperanza es el albergue que queda.

Sismo en Jojutla

Sismo en Jojutla

Sismo en Jojutla

Sismo en Jojutla

Sismo en Jojutla

Sismo en Jojutla
Fotos: Uriel Salmerón

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Uriel Salmerón es periodista egresado de la EPCSG. Escribe en Sopitas.com. Ha sido colaborador de la Red de Periodistas de a Pie y publicado en diversos medios como MáspormásSinsaborEl barrio antiguoCosecha Roja y Yaconic.

Twitter: @urisalmeron

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