Por Diego Castañeda

La nueva geografía económica desarrollada por Krugman, Venables, Fujita y otros tantos y sus efectos de aglomeración son desde hace muchos años uno de los paradigmas de investigación sobre por qué algunas regiones se desarrollan más que otras. ¿Qué hace que unas ciudades e industrias se desarrollen en algunos lados y que otras no? Pensar la actividad económica en un contexto geográfico es importante sobre todo en países tan extensos y tan diversos como México, donde la desigualdad regional es muy fuerte.

Uno de los objetivos que el nuevo gobierno del país que entrará en funciones en una semana es justo reducir las desigualdades regionales, generar crecimiento en lugares que han sido durante mucho tiempo olvidados. Pensando en eso me he puesto a pensar sobre qué políticas de las que conocemos se buscarán implementar pueden cumplir ese propósito, lo primero que viene en mente es el enfoque de infraestructura y conectividad que se busca tener. Pero a la luz de una investigación publicada recientemente por Alexandra Cermeño de la Universidad de Lund sobre la importancia que la creación de universidades puede tener para generar efectos de aglomeración en regiones, me llamó la atención el potencial de la idea que el futuro gobierno ha presentado sobre crear nuevas universidades.

De acuerdo a los resultados para el caso de Estados Unidos, la creación de nuevas universidades, en específico universidades con tareas de investigación, tendría externalidades positivas en el crecimiento de zonas urbanas y mejoras en su productividad y empleo. Un matiz importante vale la pena: por sí mismo crear universidades no tiene efectos duraderos si no se les acompaña de infraestructura. ¿Por qué creo que de esto se puede derivar una lección importante para la cuarta transformación?

Porque se ha anunciado la intención de crear una serie de universidades en todo el país, una idea que muchos, y ahí me incluyo a mí mismo, genera escepticismo. No obstante, si esa política de creación de universidades se toma en serio y se usa como una herramienta para el desarrollo regional, creando las instituciones y la infraestructura en las zonas que combinan el mayor potencial de desarrollo con el mayor potencial de disminuir desigualdades regionales, entonces puede realmente ser interesante.

Foto: cide.edu | Centro de Investigación y Docencia Económicas, sede Aguascalientes

Sin conocer detalles es muy difícil anticipar qué puede funcionar o qué no, pero es una muy buena oportunidad para discutir al menos tres problemas presentes en el país: la desigualdad regional, la necesidad de crear conectividad en todo el país y la formación de capital humano en la educación superior. El primero y el segundo son cuestiones evidentes que obstaculizan el desarrollo del país y las mejoras de calidad de vida, el tercero es un tema que normalmente se pierde de vista por atender los problemas educativos en el nivel básico.

En nuestro país tenemos montones de universidades estatales quebradas y atender a la universidades y hacerlas funcionar bien puede ser una de las políticas que mayor beneficio de corto y largo plazo arrojen al país. Por los costos asociados a una política de esta naturaleza, quizá lo más prudente sería partir del rescate de las universidades en los estados, hacer de esa infraestructura educativa un mejor polo de desarrollo en las regiones donde hoy en día ya se encuentran, limitarse a crear nuevas universidades en los lugares donde el retorno es mayor.

Otro aspecto importante que no debemos pasar por alto al pensar en esto es que los gobiernos de los estados tienen una enorme responsabilidad en el éxito o en el fracaso de políticas de este tipo. Las universidades estatales en buena medida están quebradas por los malos manejos entre autoridades gubernamentales en los estados y las autoridades educativas en dichas instituciones. El impacto de la corrupción además de las pérdidas de recursos está en la pérdida de posibilidades de desarrollo que hemos sostenido durante años. Hoy quizá podríamos estar hablando de un país muy distinto si durante años en lugar de saquear a las universidades se les hubiera utilizado para conducir actividades de investigación más intensivas y se les hubiera involucrado en una política industrial con una clara identificación de las oportunidades productivas en sus regiones.

Pensar de forma geográfica en algunos de los problemas que tenemos es una forma de darnos cuenta cómo muchos de esos problemas se interrelacionan. Una buena implementación de una idea con potencial puede hacer mucho por resolverlos.

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Diego Castañeda es economista por la University of London.

Twitter: @diegocastaneda