El viernes, 17 de agosto es la fecha en que se dictará la sentencia a las tres integrantes de Pussy Riot que se encuentran bajo arraigo desde marzo por un acto de protesta contra el gobierno ruso. La policía las arrestó bajo el cargo de vandalismo y la sentencia podría ponerlas tras las rejas hasta por siete años. A lo largo de su arraigo, Maria Alyokhina, Nadezhda Tolokonnikova y Yekaterina Samutsevich han logrado lo que nunca pudieron hacer en sus conciertos bajo las máscaras de Pussy Riot: despertaron la atención del resto del mundo al mostrarnos que las viejas prácticas del autoritarismo soviético siguen vigentes.

Hoy presidente, mañana primer ministro, pero siempre líder de la Federación Rusa, Vladimir Putin es un jefe de Estado con poca tolerancia por la protesta social. Desde que asumió la presidencia de Rusia en el año 2000, Putin ha demostrado ser un hombre dispuesto a volver a colocar al antiguo imperio en el mapa de las superpotencias. Desde la perestroika de Mikhail Gorbachev en los 80 y la humillante caída del comunismo en los 90, Rusia le abrió las puertas al capitalismo, pero sin tomar en cuenta otro factor importante para que este sistema económico funcione de manera eficiente: la democracia.

Aunque las administraciones de Putin han sido elegidas por medio del voto ciudadano, las típicas libertades que conllevan un gobierno democrático son restringidas en nombre de la seguridad nacional. Bajo el argumento de los conflictos armados en territorios como Chechén o contra países vecinos como Georgia, el gobierno exige la unidad ante todo para derrotar al enemigo. Las voces de protesta que permite la libertad de expresión suelen ser acalladas con un puño de acero. En los últimos años, varios periodistas de renombre internacional han sido asesinados, al igual que varios empresarios cuyos intereses no se alinearon con los del gobierno. ¿Pero quién iba a pensar que un grupo de veinteañeras pudieran crear tanto alboroto internacional?

Por si el nombre no fuera suficiente indicación, Pussy Riot es un colectivo feminista que se presenta como una banda punk o improvisa actos de performance. El colectivo es conformado por varias mujeres que se manifiestan en mallas de colores vistosos y máscaras de ski. En plena campaña electoral para la reelección de Vladimir Putin como presidente de Rusia, las chicas de Pussy Riot eligieron como foro la catedral de Cristo el Salvador para protestar en contra del apoyo que la iglesia Cristiana Ortodoxa le brindaba a Putin. Sólo tuvieron oportunidad de tocar un minuto de una canción -Holy Shit!- antes de que fuesen escoltadas al exterior (ver video al final de nota). Esto ocurrió el 21 de febrero del presente año.

El 3 de marzo, Maria Alyokhina y Nadezhda Tolokonnikova fueron arrestadas bajo el cargo de vandalismo. El 16 de marzo, otra mujer, Ekaterina Samoutsevitch, fue arrestada. Desafortunadamente para el sistema judicial ruso, las chicas han sido bastante vocales sobre el trato injusto que han recibido por las autoridades y también sobre el excesivo castigo que podrían recibir por un acto de protesta civil en una diz que democracia. Entre más tiempo y más exposición reciben, la opinión pública se inclina cada vez más a su favor. El hecho de que las acusadas no sean nada feas es otro factor que ha levantado su perfil en las agendas de los medios de comunicación (especialmente Tolokonnikova, la más atractiva -y radical- de las tres). Lo que si es cierto, es que la mayoría de la gente opina que las mujeres deberían servir algunos meses de servicio comunitario… a lo mucho. Pero no siete años en prisión en un país que ahora se dice “moderno”.

La comunidad internacional tampoco se ha mantenido callada, especialmente los músicos quienes han mostrado su solidaridad con sus camaradas en Moscú. Bandas como los Red Hot Chili Peppers y artistas como Madonna han criticado la postura del gobierno ruso por el trato injusto que han recibido las mujeres acusadas de blasfemia por la iglesia. Aprovechando la visita de Putin a Londres con motivo de los juegos Olímpicos, Jarvis Cocker, Pete Townshend, Johnny Marr, Alex Kapranos, Kate Nash y Corinne Bailey Rae le entregaron a Putin una carta firmada que abogaba por las punks. La presión internacional parece que dio resultado porque en conferencia de prensa junto al primer ministro británico, David Cameron, Putin declaró que las integrantes de Pussy Riot “no deberían ser juzgadas muy severamente”.

Eso estará por verse.

via NME, BBC, The Guardian

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