De marcha en marcha el país se llena de gente en las calles, como lleno está de incongruencias, injusticias, inconformidad y crímenes. No es novedad que México está lleno de casos no resueltos, de crímenes horrorosos que se quedaron bajo el polvo en los archiveros y en el rincón oscuro de la memoria de las madres o las hijas temerosas.

Recuerdo por ejemplo, un caso que se contaba en Yautepec, Morelos, en donde una niña fue asesinada y abusada por un padre y su hijo que trabajaban en una construcción vecina. La niña había ido a traer las tortillas y se había encontrado con el padre y el hijo borrachos, enfermos de cólera o lujuria o vayan sólo ellos a saber cómo. Estuvo unos días como desaparecida y luego fue encontrada muerta y ultrajada. No sé a ciencia cierta qué pasó con esto, si el caso fue real o si los aires de pueblo esparcieron el chisme, no sé tampoco si alguien recuerda ese evento, sin embargo, sé que en aquellos pueblos de calor las mujeres se visten con faldas y blusas sin mangas, y shorts pequeños y en la fiesta del pueblo, muchas por no decir casi todas, sufren por lo menos de agresiones verbales que aluden a la sexualidad, pero eso no las hace putas.

Yautepec es un pueblo de tantos, de miles en México y no se distingue ni se diferencia de los demás. Es un hecho que la mujer en nuestro país no es respetada como debería. Basta preguntar ¿Cuántos de ustedes, hombres, han sufrido una experiencia traumática de índole sexual en el Metro o en algún autobús? Sin duda las habrá, pero las estadísticas inclinan la balanza hacia el otro género.

Eso es precisamente de lo que hablaba @diosadelaweb cuando convocaba a que nuestro país, el país machista por excelencia dicen las malas lenguas, se manifestara en contra de la represión y el abuso a la mujer como lo habían hecho muchos otros bajo el emblema de “Slutwalk”.

Con los casos de Juárez tenemos recorrido un buen tramo hacia el infierno, si le sumamos a esa tragedia que el país reste importancia a cualquier muerte o violación aislada, justificándola con pretextos vanos como la vestimenta o la falta de respeto a un toque de queda inexistente, se vuelve claro un desequilibrio enfermo que terminará por consumir espíritus y endurecer prejuicios.

La marcha se llevó a cabo ayer sin mayor problema, muchas mujeres y hombres salieron con carteles y con ropas que protestaban ante la doble moral de nuestra sociedad. No sólo se vistieron, se dejaron fotografiar por los periódicos para dejar registro de su intención por convertir su cuerpo en un estandarte de protesta.

Aquí algunas de las fotografías a la espera de que alguno corrobore el por qué de los reclamos de esta marcha y diga que sí parecen putas, o que si algo les pasa es bajo su responsabilidad, después de todo, el que esté libre de pecado, podrá tirar la primera piedra ¿no?

Galería fotográfica cortesía de Edgar Salazar