Sin duda alguna, lo que parecía apenas una pequeña puerta abierta por una tímida legislatura se convertirá, llegado el 7 de junio, en un dolor de cabeza para el monopolio de la partidocracia. Hablamos, por supuesto, de las candidaturas independientes.

El camino que separa a un simple aspirante a candidatura de uno con su nombre realmente asentado en la boleta electoral es un verdadero campo minado. Los independientes deben contar con el respaldo firmado del 2% del padrón electoral del lugar al que aspiran gobernar o representar en el Congreso, cosa que se dice mucho más fácil de lo que se realiza. Hace falta una planificación y organización milimétrica para lograrlo en tiempo y forma.

Los independientes no cuentan con el empuje extra que sale directo de nuestros bolsillos para aterrizar en las arcas de los partidos políticos. Mucho menos gozan del mismo tiempo de exposición en radio y televisión. En una palabra, la ley está en su favor sólo en cuanto permite su existencia y, en todo lo demás, los contraviene.

No faltan, sin embargo, aquellos que han sabido aprovechar la circunstancias. En un panorama repleto de desconfianza ante partidos que han demostrado sistemáticamente su ineficiencia, no es de extrañar que algún independiente cobre fuerza.

Jaime Rodríguez Calderón, mejor conocido como “El Bronco”, candidato independiente a la gubernatura de Nuevo León, es el ejemplo perfecto. De acuerdo con las últimas encuestas, “El Bronco” adelanta a todos los candidatos “tradicionales”. A ello se suma el decline en su favor que el ex gobernador, ex secretario de Estado y ex senador Fernando Elizondo hiciera recientemente, así como el apoyo del empresario Fernando Tuner y del ex panista Fernando Canales Stelzer.

El gesto de Elizondo en favor de “El Bronco” tiene como más reciente precedente la declinación de Heberto Castillo en favor de Cuauhtémoc Cárdenas, lo que hizo temblar realmente al PRI, antecedente inmediato de la transición democrática que, sin cuajar del todo, marcha al menos.

Pese a la poca importancia que suele darse a los independientes tanto al interior de los partidos como en la literatura periodística, mitad comprada por ellos, mitad acostumbrada a viejas formas, viejos esquemas, viejo partidismo, el peso de la candidatura de “El Bronco” y la enorme posibilidad de alcanzar nada menos que una gubernatura de la República desmienten de inmediato aquel obsoleto esquema.

Por supuesto, el empuje que “El Bronco” alcanzó no hubiera sido el mismo sin el largo pasado priista que arrastra. Nada menos que 33 años es el tiempo en que el ahora independiente militó en las filas del partido en el poder. Que sea justamente alguien con tales antecedentes uno de los pocos independientes con esperanzas en las próximas elecciones demuestra la falta de oportunidad real que un ciudadano común puede tener dada la legislación y para muchos es un mal augurio sobre las candidaturas independientes como una simple extensión del terreno de juego a la que pueden acudir aquellos precandidatos que no resultaran electos para un proceso en las elecciones internas de su partido. Como ganador independiente, “El Bronco” tendrá una enorme responsabilidad: impulsar una nueva reforma electoral, al menos a nivel local, que siente las bases para ampliar el campo de juego en favor, esta vez sí, de los ciudadanos comunes que busquen un puesto de elección popular.

Con todo, si “El Bronco” alcanza el poder, la oposición no será el resto de los partidos, sino todos ellos, lo que obligará a cambiar el juego. Los partidos tendrán que mejorar como modelo político, ya no como simple opción, mientras que la vigilancia que a cada paso ejercerá la oposición partidista sobre las acciones del nuevo gobernante será una sin precedentes. Qué mejor democracia que esa en la que cada actor vigila de cerca al otro, y en la que esa vigilancia beneficia a todos. Por supuesto, lo más probable es que “El Bronco” se vea obligado a pactar con todos aquellos que resulten electos para gobernar los municipios del Estado, lo que implicará poner a trabajar a la ciudadanía para que un pacto de gobernanza no se transforme en un pacto por los recursos.

La candidatura de “El Bronco” debería darnos tres lecciones a futuro. A nosotros, como ciudadanos, debería advertirnos que una forma efectiva de presionar a los partidos y, en general, a cada opción establecer una competencia política real, es firmar la petición de candidatura de cualquier independiente, total, sólo se trata de escuchar y poner más competidores por nuestro voto en el panorama, lo que, como cualquier negociante sabe, incrementa la calidad en el producto. En segundo lugar, debería advertir a las instituciones competentes que es necesario hacer lo antes posible una legislatura real en favor de los candidatos independientes, una figura electoral que, como sea, ha llegado para quedarse. Y, en tercer lugar, debe darnos una advertencia como ciudadanos: ninguna opción política, partidista, o no, debe estar exenta de nuestra vigilancia.

 

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