Después de tantos días de contingencia ambiental, ahora sí, hoy todo mundo a utilizar el auto y de vuelta a hacer ejercicio, con la confianza de llenar los pulmones de puro aire puro. Bueno, hay que aclarar que las autoridades han dado chance de regresar a hábitos cotidianos, pero esto no implica tengamos aire puro. De hecho, con o sin contingencia, todo este 2017 en la Ciudad de México no hemos tenido ni un solo día con aire limpio.

De acuerdo con Reforma, de los 144 días que han pasado de este año, 135 han sido con mala calidad del aire ya que estos han registrado 101 puntos imecas… el resto podrían clasificarse como “regulares”: con puntaje menor a 100. Pero ni en asuetos, periodos vacacionales o cuando juegan los Xolos, ni en esos días se han registrado menos de 50 puntos imecas, que es cuando se considera “buena calidad del aire”.

Pero no hay bronca, ayer al filo de las 3 de la tarde, las autoridades capitalinas consideraron que el aire que se respira en el Valle de México es aguantable, así que se decidió suspender la Fase I de alerta atmosférica, siendo que ésta se activó “porque salimos de lo normal”, señaló Gerardo Ruiz, experto del Centro de Ciencias de la Atmósfera de la UNAM.

Aunque las autoridades de la Ciudad de México se empeñan en señalar que, con los niveles que se manejan actualmente, en otros años no hubiera existido bronca, es decir, hay contingencia pero las concentraciones de contaminantes son inferiores o iguales a las de años anteriores, Ruiz remarca que el hecho de activar la Fase I de contingencia sí debe considerarse una emergencia ambiental. “Tenemos que esforzarnos por bajar estos niveles, porque hacen daño”.

A la alta emisión de contaminantes hay que agregar la ola de calor que se ha registrado en los últimos días, la cual -además de incendios forestales- acentúa la formación de contaminación por ozono… ya que ni airecito hay, así que ni para dispersar los contaminantes.

Pero, señalan expertos de la máxima casa de estudios, nomás es cuestión de que comience la temporada de lluvias para que ceda la onda de calor. A partir de entonces, nomás habremos de preocuparnos por inundaciones y, claro, el tráfico que éstas generan.